Colombia necesita una visión digital compartida antes que una lista de propuestas sueltas: entre 2016 y 2024 el país cayó 11 puestos en el índice de gobierno digital de la ONU, mientras Uruguay y Chile subieron 9 y 11 posiciones. Este texto retoma 5 de los 6 pilares de la economía digital del Banco Mundial –infraestructura, plataformas públicas, servicios financieros, negocios digitales y habilidades– como hoja de ruta para definir, desde los primeros 100 días de gobierno, hacia dónde queremos dirigir nuestra Transformación Digital.
La conectividad ya no es suficiente: Colombia necesita una agenda digital 2026-2030 centrada en infraestructura productiva, adopción responsable de Inteligencia Artificial y pagos digitales interoperables, para convertir el acceso a Internet en productividad, competitividad y oportunidades reales para empresas y regiones.
La brecha digital ya no se mide solo por la cobertura, sino por la calidad, el costo y el valor que las personas obtienen de la conexión. Es necesario habilitar a proveedores locales, acompañar la apropiación y convertir los servicios públicos digitales en trámites completos, con el Ministerio TIC como articulador.
Colombia debe pasar de medir cuántos están conectados a medir qué oportunidades se crean después de conectar. Propongo convertir la conectividad significativa en política de Estado para la inclusión digital territorial. La fórmula es sencilla pero exigente: conectividad + habilidades digitales + equipos adecuados + liderazgo social + pertinencia territorial = productividad, innovación, ciudadanía y bienestar.
En Colombia ocurren hoy 2 conversaciones digitales al mismo tiempo, y ninguna escucha a la otra: la del centro, que discute Inteligencia Artificial, y la del territorio, que todavía discute si la conexión que llegó seguirá ahí el año entrante. La decisión digital más urgente del período 2026-2030 no es adoptar la próxima tecnología, sino dejar de diseñar la política digital como si el país fuera uno solo.
Colombia no necesita medir su éxito digital solo por conexiones, sino por las personas que logran transformar la tecnología en educación, trabajo e ingresos. El próximo Plan Nacional de Desarrollo debe fijar una meta verificable de reducción de la pobreza digital como medio para superar la pobreza.
El Pacífico colombiano representa una oportunidad única para escalar la infraestructura de conectividad, atraer la inversión privada y estatal, y promover una cultura hacker que potencie la apropiación de las tecnologías y la innovación.
La evolución del aprendizaje no puede ser relegada a un solo ministerio; exige el compromiso de toda la nación. Ante la Inteligencia Artificial y otras tecnologías emergentes, el reto de Colombia es acelerar la adaptación, priorizando el pensamiento crítico y la creación frente a la memorización tradicional.
Ningún reto estructural de Colombia –salud, seguridad, productividad, justicia– se resuelve hoy sin tecnología. Desde Fedesoft, proponemos reconocer el software como sector estratégico y avanzar en 2 frentes: cerrar la brecha de talento digital y construir un entorno tributario que incentive la innovación, a través de la agenda Colombia Potencia Digital.
Colombia construyó durante 2 décadas la base de su infraestructura digital: llevó equipos, conectividad y acceso a territorios que el mercado nunca habría alcanzado por sí solo. Ese es un logro real y transformador. Pero en un mundo reconfigurado por la Inteligencia Artificial, el país enfrenta ahora una decisión más exigente: transformar esa base en una política nacional de talento digital de alto nivel, articulada con la industria y el desarrollo regional, que forme ciudadanos capaces de resolver los problemas más complejos del siglo XXI.
Colombia debería priorizar una sola decisión digital entre 2026 y 2030: un Pacto Nacional de Apropiación de Inteligencia Artificial para la fuerza laboral en ejercicio (servidores públicos, empresarios, pymes y profesionales en mitad de carrera), con una meta pública y medible de uso real. La productividad del país no la van a subir las herramientas: la va a subir la gente que aprenda a usarlas.
La Inteligencia Artificial ha revolucionado la capacidad de las organizaciones para analizar información y apoyar la toma de decisiones. Sin embargo, el mayor desafío no es el elemento tecnológico. En un entorno donde los algoritmos son cada vez más sofisticados, el verdadero diferencial competitivo es la capacidad de gestionar con criterio, razón y sensatez, asumiendo responsabilidades y garantizando que toda decisión relevante permanezca bajo la supervisión humana.
El país necesita reforzar la infraestructura –energía eléctrica, redes de conectividad y 'data centers'– que sostendrán su futuro digital para un desarrollo sostenible y fructífero de la IA.
El sector TIC crece, pero varias de sus entidades clave –la Agencia Nacional Digital, Tecnologías para Aprender, Inravisión– enfrentan una fragilidad financiera que amenaza lo construido. Esta columna identifica los pendientes presupuestales y de control político más urgentes, y propone que el Congreso construya un ambiente normativo que impulse la Inteligencia Artificial –en salud, educación y gestión pública– como herramienta de transparencia y eficiencia del Estado, no como un riesgo que haya que restringir.
Colombia ya construyó activos digitales valiosos –Cédula Digital, Carpeta Ciudadana Digital, Marco de Interoperabilidad– pero sigue exigiéndole al ciudadano que demuestre quién es en cada trámite. Integrarlos en un esquema de e-KYC público unificado y aplicar de forma estricta el principio de 'solo una vez', para que sea el Estado, y no el ciudadano, quien haga el trabajo de verificar su identidad.