Reconstruir la confianza y reestructurar a MinCiencias: la única decisión prioritaria para el CTeI entre 2026 y 2030

Por: Andrea Navas Calixto
Cofundadora y presidenta, Asociación Colombiana de Gestión y Administración de la Investigación (Corema).


Más allá de la élite científica: hacia una gobernanza articulada y eficiente para la economía del conocimiento en Colombia

Hablar de ciencia, tecnología e innovación (CTeI) en Colombia se estigmatizó recientemente con una actividad reservada para una élite científica aislada en laboratorios y claustros universitarios. Sin embargo, la realidad de este sector es profundamente sistémica, plural y descentralizada. Está compuesto por un entramado amplio de universidades, centros de innovación y productividad, institutos públicos, centros de investigación, empresas, gobiernos locales y organizaciones de la sociedad civil que generan conocimiento y aportan a la transformación de la economía y el bienestar social. Si el país aspira a consolidar una verdadera economía del conocimiento durante el período 2026-2030 bajo el nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella, la decisión institucional más prioritaria será sanar la gobernanza del sistema CTeI, rescatar la confianza y transformar la ejecución pública.

El sector CTeI colombiano atraviesa una de las crisis institucionales más profundas de su historia reciente, caracterizada por restricciones presupuestales severas, una reducción sistemática de la inversión dentro del Presupuesto General de la Nación y un estancamiento operativo inocultable en la asignación de recursos estratégicos. Casi 4 billones de pesos continúan represados en el Sistema General de Regalías debido a trámites excesivamente engorrosos. A esto se suma el grave distanciamiento generado por la administración saliente, que optó por calificar a la comunidad investigadora como una élite desconectada de las necesidades nacionales, sometiéndola a requisitos inalcanzables, convocatorias anuladas a última hora y una alarmante pérdida de transparencia institucional. Políticas fundamentales, como la de Apropiación Social del Conocimiento y la de Ciencia Abierta, permanecen estancadas, mientras que el desactualizado sistema de reconocimiento de actores actúa hoy como un freno burocrático que bloquea la excelencia en lugar de potenciarla. Paralelamente, el sector empresarial quedó viendo un chispero tras apostar por beneficios tributarios cuyas reglas cambiaron intempestivamente, derivando en reclamaciones ante la Procuraduría, amenazas de demanda y un clima de total incertidumbre jurídica. En este contexto, cualquier gran apuesta estratégica nacional naufragará si no se corrigen primero los cimientos de la relación entre el Estado, la academia y el sector privado.

Para superar este bache, la nueva administración debe impulsar acciones concretas de corto plazo que demuestren un cambio real de timón. La ministra designada, Claudia Benavides Salazar, tiene ante sí el reto mayúsculo de restaurar los puentes rotos y devolver la confianza al tejido sectorial. El primer paso indispensable es corregir el diseño institucional de origen de MinCiencias, una cartera que nació a costo cero sin deslindar las funciones de diseño de política pública de aquellas de índole netamente operativa. Un ministerio no debe volverse una ventanilla de convocatorias atascadas en la tramitología; su rol supremo es liderar la visión estratégica nacional desde el Consejo de Ministros y articular las agendas regionales. Por ello, urge establecer una agencia técnica y especializada dedicada a la ejecución eficiente de los programas y proyectos, liberando al ministerio para concentrarse en la gran política de CTeI de Estado.

Asimismo, la ejecución de la investigación, el desarrollo tecnológico, la innovación y la apropiación social del conocimiento no pueden seguir encorsetadas en los esquemas rígidos propios de la contratación pública tradicional. Es imperativo consolidar y generalizar instrumentos modernos y flexibles que ya cuentan con referentes normativos en el país, tales como los sandboxes regulatorios y la compra pública de innovación. Permitir que el Estado actúe como un comprador sofisticado de soluciones científicas y tecnológicas para resolver problemas públicos complejos –en salud, energía, bioeconomía, Transformación Digital o agroindustria– dinamizará la demanda empresarial y conectará de manera efectiva la investigación con la productividad y la competitividad nacional. Para lograrlo, no es necesario empezar desde cero ni caer en el síndrome de Adán y Eva; el país cuenta con valiosas políticas previas, como el Conpes 4069, los beneficios tributarios por inversión en I+D+i, las políticas de ciencia abierta y apropiación social del conocimiento y las sólidas bases construidas desde la época de Colciencias, sobre las cuales se debe edificar con rigor técnico, fortaleciendo paralelamente la diplomacia científica, la cooperación internacional y la atracción de talento global.

Los 9 gremios articulados desde Corema

  • Corema: Asoc. Colombiana de Gestión y Administración de la Investigación.
  • RCMC: Red Colombiana de Mujeres Científicas.
  • ACPC: Asoc. Colombiana de Periodismo y Comunicación de la Ciencia.
  • RedGCTI: Red de Gobernanza y Gestión del Conocimiento.
  • SoPhIC: Sociedad de Doctores e Investigadores de Colombia.
  • AvanCiencia: Asoc. para el Avance de la Ciencia.
  • Accefyn: Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
  • Ascun: Asoc. Colombiana de Universidades.
  • Aciet: Asoc. Colombiana de Instituciones de Educación Superior con Educación Tecnológica.

Desde la presidencia de la Asociación Colombiana de Gestión y Administración de la Investigación (Corema), asumo el liderazgo para articular esfuerzos con gremios fundamentales del sector. Facilitaremos los espacios para abrir esas conversaciones necesarias, tender puentes y poner nuestra capacidad técnica al servicio de la co-construcción de políticas públicas y del capítulo de CTeI del próximo Plan Nacional de Desarrollo.

El futuro de Colombia no se construye desde el escepticismo ni desde la imposición, sino desde la convicción compartida de que la ciencia es un bien público esencial. Confiemos primero; apostemos por la buena voluntad de un nuevo gobierno dispuesto a escuchar, corregir el rumbo y articular las capacidades de todas las regiones del país. Si logramos alinear la voluntad política con la rigurosidad técnica, la flexibilidad operativa y la confianza mutua, el período 2026-2030 no será una crónica de expectativas frustradas, sino el despegue definitivo de Colombia hacia una sociedad del conocimiento próspera, equitativa e innovadora.

«El futuro de Colombia no se construye desde el escepticismo ni desde la imposición, sino desde la convicción compartida de que la ciencia es un bien público esencial.»

5 puntos clave

  1. Confianza y estructura institucional como pilares para superar la crisis de gobernanza en el sector CTeI.
  2. Políticas a largo plazo y mecanismos técnicos flexibles de ejecución basados en la confianza interinstitucional.
  3. Evitar el síndrome de Adán y Eva construyendo sobre las bases históricas y los logros previos desde Colciencias.
  4. Tejer confianza de manera activa mediante el compromiso articulado de los gremios y la sociedad civil.
  5. Confiar primero y apostar por la buena voluntad de trabajo conjunto entre el nuevo gobierno y el ecosistema científico.

Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre talento y arquitectura institucional, vea «Del acceso al talento: reestructurar la agenda digital y tecnológica para Colombia», de Martha Patricia Castellanos Saavedra y «Cultura, TIC y ciencia: una sola arquitectura para el desarrollo territorial», de Nicolás Torres Bolívar.

Colaboradores
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