Por: Nicolás Torres Bolívar
Consultor externo en TIC y Ciudades Inteligentes, Consejería Distrital de TIC, Alcaldía Mayor de Bogotá.
Un ministerio del conocimiento permitiría ordenar el ecosistema y podría servir para crear un sistema de ciudades del futuro
Colombia dará el salto hacia la sociedad del conocimiento cuando sus regiones se conviertan en motores de Transformación Digital, creatividad e innovación. El desarrollo del país no dependerá solo de grandes decisiones nacionales, sino de la capacidad de cada ciudad y territorio para convertir conectividad, cultura, ciencia, datos e IA en bienestar concreto para su gente.
Esa es una de las grandes lecciones de los tigres asiáticos. Singapur, Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong avanzaron porque entendieron que el desarrollo se construye con educación, tecnología, infraestructura, innovación empresarial, cultura productiva y visión de largo plazo. Sus ciudades fueron plataformas de transformación económica. Colombia puede aprender de esa experiencia y construir su propio camino desde las regiones.
Para lograrlo, el país necesita una arquitectura institucional que conecte Cultura, TIC y Ciencia bajo una misma visión, la cual parte de una realidad sencilla. La cultura circula cada vez más por plataformas digitales. La ciencia depende de datos, conectividad, laboratorios, nube e IA. La política TIC alcanza su mayor impacto cuando se convierte en apropiación, productividad, educación, contenidos e innovación territorial.
La integración de estos sectores beneficiaría directamente a las regiones porque permitiría llevar una oferta pública más clara y completa, ajustada a la consecución de un Estado austero que no abandone la inversión, sino que reduzca duplicidades administrativas para orientar más recursos hacia proyectos que transformen ciudades. Hoy un territorio puede recibir programas de conectividad por un lado, formación digital por otro, estímulos culturales en otra ventanilla y proyectos de ciencia e innovación por una ruta distinta. Una institucionalidad integrada permitiría articular esas capacidades alrededor de planes territoriales con vocación productiva, cultural y tecnológica.
Cada ciudad capital e intermedia tiene un potencial distinto. Algunas pueden fortalecer industrias creativas y audiovisuales. Otras pueden liderar salud digital, turismo cultural, agricultura inteligente, educación virtual, logística, transición energética, servicios basados en datos o IA aplicada. La tarea del Estado debe ser identificar esas vocaciones, formar talento, financiar capacidades y conectar a los territorios con mercados nacionales e internacionales.
El argumento fiscal también es claro. Entre 2022 y 2026, el Presupuesto General de la Nación pasó de 352,7 billones de pesos a 547 billones de pesos, con un crecimiento cercano al 55 %. En ese mismo período, el Sector TIC pasó de 2,49 billones de pesos a 2,28 billones de pesos, una reducción aproximada de 8 %. El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación mostró un crecimiento débil frente al aumento general del Estado. Sector Cultura, por el contrario, casi duplicó su presupuesto al pasar de 572.696 millones de pesos a 1,17 billones de pesos.
La conexión presupuestal ya existe. En el Sector TIC, cerca del 77 % de los recursos son propios y el sector transfiere en promedio más de 400.000 millones de pesos anuales a medios públicos y canales regionales. A su vez, Cultura recibe el 30 % del Impuesto Nacional al Consumo del 4 % aplicado a telefonía, datos, Internet y navegación móvil. Parte de la política cultural ya se financia desde el ecosistema digital.
Por eso, un Ministerio del Conocimiento permitiría ordenar mejor las fuentes propias, contribuciones sectoriales y rentas con destinación específica. La tarea no sería mezclar recursos sin criterio, sino usarlos con más eficiencia, menos duplicidad administrativa y mayor impacto regional. Con instituciones capaces de articular como sistema para habilitar ecosistemas urbanos de innovación, con hojas de ruta territoriales, unidades técnicas especializadas y gobernanza multiescalar.
Esta reforma también abriría una conversación necesaria sobre los impuestos que encarecen la conectividad. GSMA ha señalado que Colombia tiene 96 % de cobertura móvil, pero 35 % de la población vive en zonas con cobertura y aun así no usa Internet móvil. Si la brecha digital ya no es solo de cobertura, sino también de uso, el país debe revisar cargas sobre dispositivos y servicios que pueden excluir a los hogares de menores ingresos. Reducir o eliminar impuestos específicos, junto con una reforma del Fondo Único de TIC (Futic) orientada a eficiencia e impacto, podría acelerar la inclusión digital y abrir nuevas fuentes de financiación desde actores que hoy viven de la economía digital pero no aportan de forma equivalente al país.
La integración de Cultura, TIC y Ciencia debería servir para crear un Sistema de Ciudades del Futuro. Cada ciudad tendría que conocer su vocación económica, su infraestructura digital, su madurez en datos, su potencial cultural, su talento disponible y sus brechas de conectividad. Con esa radiografía, la inversión pública podría dejar de dispersarse en programas aislados y empezar a construir capacidades territoriales sostenibles.
Colombia puede organizar su Estado alrededor del conocimiento, la creatividad y la apropiación digital. Puede aprender de los países que hicieron de sus ciudades motores de desarrollo. Y puede demostrar que la Transformación Digital no se decreta desde el centro, sino que se construye región por región, con talento, conectividad, cultura, ciencia e innovación al servicio de las personas.
“El desarrollo del país no dependerá solo de grandes decisiones nacionales, sino de la capacidad de cada ciudad y territorio para convertir conectividad, cultura, ciencia, datos e IA en bienestar concreto para su gente».
5 puntos clave
- Las ciudades deben ser el motor del salto hacia la sociedad del conocimiento.
- Datos y talento son activos estratégicos, no insumos prescindibles.
- Un Estado austero debe reducir duplicidades administrativas para orientar más recursos hacia proyectos que transformen ciudades y regiones.
- Medir capacidades locales permite invertir con foco y generar resultados sostenibles.
- La inclusión digital exige revisar impuestos que encarecen la conectividad, reformar el Futic con enfoque de eficiencia e impacto, y ampliar las fuentes de financiación del ecosistema digital.
Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre ciencia, talento e inclusión digital, vea «Reconstruir la confianza y reestructurar a MinCiencias: la única decisión prioritaria para el CTeI entre 2026 y 2030», de Andrea Navas Calixto y «Conectividad significativa: la política de Estado que Colombia todavía no tiene», de Sandra Milena Urrutia Pérez.


