Por: María Fernanda Quiñones
Presidenta ejecutiva, Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE)
Conectados, pero no productivos: el reto digital que Colombia aún no resuelve
Colombia inicia un nuevo ciclo político y, con él, la oportunidad de definir qué lugar quiere ocupar en la economía digital de la próxima década. La llegada de Alexandra Falla Zerrate al Ministerio TIC marca el comienzo de una nueva etapa para una cartera con responsabilidades más transversales. Su reto será transformar los avances en conectividad de los últimos años en crecimiento económico, competitividad y oportunidades para más empresas y regiones. La industria de las comunicaciones y las tecnologías de la información se erige como un habilitador del desarrollo económico del país.
Durante mucho tiempo asumimos que el principal desafío digital del país era conectar a más personas, y aunque ese objetivo sigue siendo importante, hoy resulta insuficiente. La expansión de la infraestructura digital no garantiza por sí sola el desarrollo productivo, pues la verdadera discusión está enmarcada en los desafíos de una economía digital y, por ende, en qué tan capaces somos de convertir esa conectividad en empleo, innovación, ventas y acceso a nuevos mercados.
El comercio electrónico ilustra con claridad esa realidad. En 2025 alcanzó cifras récord, con 684,6 millones de transacciones y ventas por 145,4 billones de pesos, equivalentes a cerca del 7,8 % del PIB. El primer trimestre de 2026 mantuvo esa dinámica, con un crecimiento de 22,2 %. Sin embargo, detrás de estos resultados persiste una brecha, donde buena parte de ese crecimiento continúa concentrándose en los grandes actores económicos y en los principales centros urbanos, mientras miles de pequeñas y medianas empresas aún enfrentan dificultades para incorporar herramientas digitales de manera estratégica, lo que las mantiene rezagadas en su competitividad.
La discusión, por tanto, ya no puede limitarse al acceso. El desafío consiste en lograr que la digitalización permee toda la actividad productiva del país. Tener conexión a Internet es apenas el punto de partida; aprovecharla para producir más, optimizar operaciones, llegar a nuevos clientes y competir incluso en mercados internacionales es lo que realmente determina el impacto económico de la Transformación Digital.
Ese objetivo exige una agenda enfocada en 3 prioridades. La primera es consolidar una infraestructura digital orientada al desarrollo productivo. La conectividad debe medirse por su capacidad para habilitar comercio electrónico, pagos digitales, servicios en la nube, logística inteligente y acceso a mercados globales. Tecnologías como 5G y una mayor capacidad de centros de datos serán determinantes para que empresas de todos los tamaños puedan escalar sus operaciones.
La segunda prioridad es la Inteligencia Artificial. El debate no debería centrarse únicamente en cómo regularla, sino en cómo acelerar su adopción responsable. Según el BID, apenas el 6,1 % de las empresas colombianas ha incorporado soluciones de IA. Al mismo tiempo, el país ocupa el cuarto lugar en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial, detrás de Chile, Brasil y Uruguay. Colombia cuenta además con una hoja de ruta definida en el CONPES 4144, cuyo verdadero desafío no está en la formulación, sino en la capacidad de ejecutar políticas que impulsen inversión, desarrollo de capacidades y confianza, evitando tanto la sobrerregulación como la ausencia de reglas claras.
La tercera prioridad es construir una economía digital más inclusiva y eficiente. Los pagos digitales interoperables, impulsados por iniciativas como Bre-B y Open Finance, tienen el potencial de ampliar la participación de empresas y consumidores en el ecosistema digital, reducir fricciones y facilitar nuevas oportunidades de innovación financiera. Al mismo tiempo, el país necesita fortalecer las capacidades de su talento humano en áreas como análisis de datos, ciberseguridad e Inteligencia Artificial, porque ninguna transformación tecnológica será sostenible sin las habilidades necesarias para aprovecharla.
Vale la pena regresar al inicio de esta conversación. La verdadera importancia del Ministerio TIC en el aparato estatal radica en las decisiones que pueda impulsar para acelerar la apropiación digital, fortalecer la competitividad y ampliar las oportunidades de participación en la economía digital de todos los colombianos. El desafío consiste en convertir la conectividad en productividad, la innovación en competitividad y el acceso en oportunidades reales para todos los territorios y sectores del país.
«El desafío consiste en convertir la conectividad en productividad, la innovación en competitividad y el acceso en oportunidades reales para todos los territorios y sectores del país».
5 puntos clave
- Colombia superó la etapa de conectividad como principal reto digital: el desafío ahora es convertirla en productividad.
- El comercio electrónico movió 145,4 billones de pesos en 2025, pero su crecimiento sigue concentrado en grandes empresas y ciudades.
- La agenda 2026-2030 debe priorizar infraestructura digital productiva, adopción responsable de IA y pagos digitales interoperables.
- Colombia ya tiene una hoja de ruta de IA (CONPES 4144); el reto es ejecutarla sin caer en sobrerregulación ni vacío normativo.
- Sin talento digital en datos, ciberseguridad e IA, ninguna transformación tecnológica será sostenible.
Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre visión país y apropiación de IA, vea «Visión país digital: una economía digital que enriquece», de Adriana Molano Rojas y «Un pacto nacional para que la IA no sea privilegio de pocos», de Giovanni Stella.


