Por: Claudia Ximena Bustamante
Experta comisionada, Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC)
Agenda digital-energética & conectividad: las raíces físicas que Colombia necesita antes de construir su copa de IA
En años recientes la conversación global en torno a la Inteligencia Artificial suele centrarse en algoritmos, modelos fundacionales, aspectos éticos y de competencia de mercados, el uso masivo de la Inteligencia Artificial generativa o incluso la criptografía postcuántica, los cuales por supuesto son debates legítimos y necesarios. Si pensamos en el desarrollo de la IA como un árbol frondoso, parece que la llamativa frondosidad de la copa y sus frutos desvía la atención de contar con unas fuertes raíces.
Por eso, para quienes trabajamos en regulación y política pública TIC, hay un debate urgente en la infraestructura física que corresponde a las capas inferiores del ‘Full Stack’ de IA: se necesita conectividad soportada en redes de fibra de alta capacidad con muy baja latencia, orquestadas a nivel metropolitano, regional e internacional, con un fluido eléctrico continuo y de alta capacidad para mantener capacidad de cómputo de alto desempeño operando ininterrumpidamente. Sin esta base material, una estrategia nacional de IA se queda en promesa.
Desde el componente de capacidad eléctrica, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), en 2024 los centros de datos consumieron unos 415 TWh, cerca del 1,5 % de la electricidad mundial. En su escenario base, la entidad estima que ese consumo se duplicará con creces y llegará a unos 945 TWh en 2030, poco menos del 3 % del consumo eléctrico global y ligeramente más de lo que consume Japón en un año. Para dimensionar esta escala, un campus con una demanda continua de 1 GW consumiría 8,76 TWh al año.
Eso es más electricidad de la que gasta en un año completo todo el Strip de Las Vegas, y equivale a casi el 10 % de toda la demanda eléctrica anual de Colombia, según cifras de XM, el administrador del mercado mayorista de energía del país. Un único proyecto, del tamaño de una pequeña central, puede pesar como una región entera del país.
Un ‘data center’ diseñado para entrenar e inferir modelos fundacionales triplica la densidad energética por rack en comparación con un ‘datacenter’ corporativo tradicional.
Frente a este panorama, Colombia tiene una ventaja real: según la UPME, cerca del 74 % de la capacidad instalada del Sistema Interconectado Nacional ya proviene de fuentes limpias. El problema no es la generación, es que la transmisión y la distribución no avanzan al mismo ritmo. Los datos públicos del sector energético revelan que los tiempos que tardan en habilitarse nuevas capacidades regionales han llegado a demorar años debido a cuellos de botella. Esto afecta directamente la adopción de IA en el país, ya que la industria tecnológica opera con ciclos de despliegue ultrarrápidos que el sector eléctrico tradicional no logra igualar.
Desde el sector TIC, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) ha definido una regulación estratégica y habilitadora que definió condiciones de redes mayoristas de fibra óptica FTTH, reforzando las redes neutras, información técnica de disponibilidad y promoviendo la compartición de infraestructura aplicable incluso a sectores como el eléctrico para el despliegue de redes.
Recientemente, la Resolución 8307 de 2026, que eleva el piso de la banda ancha fija de 25 a 300 Mbps de bajada y de 5 a 150 Mbps de subida, acercando al país al promedio OCDE de 314 Mbps, da un mensaje al sector: reconoce que existen mayores flujos de datos desde el usuario que requieren obligatoriamente de mayores velocidades de carga de subida para interactuar, entrenar y alimentar de manera eficiente los modelos de IA. Son decisiones que impulsan una última milla capilarizada y de baja latencia, indispensable para el cómputo distribuido y el ‘edge computing’.
Por su parte, el Conpes 4144 de 2025 trazó la hoja de ruta nacional de IA a 2030, que incluye los pilares clave del desarrollo de la IA en el país, donde por supuesto está el componente de infraestructura; sin embargo, el avance real en este componente no se ha materializado. El país también posee incentivos tributarios competitivos enfocados en la infraestructura: exclusión de IVA en equipos de cómputo en la nube, exención arancelaria para bienes de capital tecnológico no producidos localmente y tarifas preferenciales de renta en zonas francas permanentes de servicios TIC. Pero ningún incentivo fiscal resuelve el verdadero cuello de botella: la desconexión entre la política digital y la planeación de la demanda eléctrica real.
Irlanda ya destina el 23 % de su electricidad a data centers y proyecta llegar cerca del 30 % en 2028, según EirGrid y la IEA; tuvo que imponer una moratoria en Dublín y hoy exige autogeneración renovable a los nuevos proyectos. Brasil avanza en normas técnicas sectoriales para anticipar esa demanda creciente hacia el final de la década. Ninguno de los 2 improvisó: aprendieron y regularon a tiempo. Colombia puede aprender esas lecciones sin pagar el mismo costo, si actúa con la misma urgencia con la que hoy discute los algoritmos.
Frente a esto, propongo 2 frentes de trabajo que requieren articulación intersectorial.
Primero, establecer una Agenda Digital-Energética unificada entre Ministerio TIC, CRC, Ministerio de Minas y Energía y la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), con un mapa dinámico de Zonificación Digital-Energética que cruce cercanía a fibra troncal y cables submarinos con subestaciones de capacidad disponible y excedentes de fuentes no convencionales, y recopilar insumos de demanda de ‘data centers’ de alta capacidad para incorporar a la planeación de corto y mediano plazo del sistema nacional. Segundo, aplicar métodos de regulación ágil e innovadora tipo ‘sandbox’ con un alcance intersectorial que permita, junto a la industria privada (Proveedores de Redes y Servicios de Telecomunicaciones, hiperescaladores), probar esquemas de coinversión en transmisión, autoabastecimiento renovable y esquemas de agregación de demanda, que permitan identificar incentivos claros bajo reglas temporales que luego se conviertan en un ‘fast-track’ normativo.
En materia tributaria, lo vigente atrae inversión, pero se pueden explorar aspectos adicionales como depreciación acelerada para infraestructura de cómputo de IA, incentivos para almacenamiento y autogeneración renovable en sitio, y sobre todo certeza regulatoria en los tiempos de conexión eléctrica, que hoy pesa más que cualquier exención.
Si no contamos con raíces fuertes y profundas –energía disponible, transmisión robusta, fibra capilarizada, altas velocidades y baja latencia, mayores capacidades de cómputo–, corremos el riesgo de no llegar a contar con los frutos deseados de la IA para el país. Debemos dar un paso decidido para que nuestro país pueda convertirse en un importante hub digital de la región.
Cita destacada
«Sin esta base material, una estrategia nacional de IA se queda en promesa».
5 puntos clave
- La Inteligencia Artificial necesita raíces físicas: sin energía eléctrica suficiente y redes de fibra de alta capacidad, cualquier estrategia nacional de IA se queda en promesa.
- Un solo campus hiperescalar de IA puede consumir tanta electricidad como casi el 10 % de la demanda eléctrica anual de Colombia.
- Colombia tiene una matriz eléctrica mayoritariamente limpia, pero su cuello de botella real está en la transmisión y distribución, no en la generación.
- La CRC ya dio un paso regulatorio relevante al elevar el piso de la banda ancha, pero la política digital sigue desconectada de la planeación de la demanda eléctrica.
- Colombia puede aprender de los errores de Irlanda si articula desde ya una agenda digital-energética y un sandbox regulatorio entre el sector público y la industria privada.
Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre infraestructura para IA y soberanía tecnológica, vea «La IA es un asunto de Estado», de Alejandro Toro Ramírez y «Entre Washington y Pekín: por qué Colombia necesita una política propia de soberanía digital», de Carolina Botero y Pilar Sáenz.


