La IA es un asunto de Estado

Por: Alejandro Toro Ramírez
Representante a la Cámara, Cámara de Representantes, Congreso de la República.


Por qué la soberanía del siglo XXI pasa por gobernar la Inteligencia Artificial

Cuando comencé a escribir El fin del control humano, pensé que estaba escribiendo un libro sobre Inteligencia Artificial. Me equivoqué.

Con el paso de los meses, mientras recorría escenarios internacionales, visitaba centros de innovación y participaba en debates sobre seguridad, comprendí que la verdadera historia nunca había sido la tecnología, la verdadera historia siempre fue el Estado.

En Shanghái observé puertos prácticamente automatizados, donde grúas, vehículos y sistemas inteligentes trabajaban con una precisión que hace apenas unos años parecía imposible. En Costa Rica participé en debates internacionales sobre los límites éticos de las armas autónomas. En Ginebra seguí una discusión que intenta responder una de las preguntas más difíciles de nuestro tiempo: ¿puede una máquina decidir quién vive y quién muere? Aquellos viajes terminaron enseñándome una misma lección: la Inteligencia Artificial dejó de ser una herramienta. Hoy es infraestructura, productividad, seguridad y poder.

Durante 4 años, como integrante de la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes, esa reflexión se convirtió en acción legislativa. Presenté un proyecto de ley para prohibir las armas autónomas letales y regular los sistemas semiautónomos bajo un principio que considero irrenunciable: el control humano significativo. Porque ninguna decisión sobre la vida y la muerte puede quedar en manos de un algoritmo.

Sin embargo, mientras estudiaba los riesgos militares de la Inteligencia Artificial comprendí que estaba observando apenas la punta del iceberg.

La IA ya no está transformando únicamente la guerra. Está transformando el empleo, la educación, la medicina, la justicia, la productividad, la ciencia. Pero sobre todo, está transformando la forma como las naciones construyen su poder.

Por eso resulta tan significativo que quienes ayudaron a crear esta revolución tecnológica sean hoy quienes más insisten en la necesidad de gobernarla.

Geoffrey Hinton, considerado uno de los padres de la Inteligencia Artificial y ganador del Premio Nobel de Física, abandonó Google para advertir que esta tecnología podría superar nuestra capacidad de control si no construimos mecanismos adecuados de gobernanza. Yoshua Bengio, Premio Turing y uno de los científicos más influyentes del mundo en este campo, insiste en que el gran desafío ya no consiste únicamente en desarrollar sistemas más inteligentes, sino en garantizar que sean seguros y permanezcan alineados con los intereses de la humanidad. Stuart Russell, profesor de la Universidad de California en Berkeley, lleva décadas recordándonos que el objetivo no puede ser crear máquinas cada vez más poderosas, sino sistemas que permanezcan siempre bajo supervisión humana. Y Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, sostiene que la gran competencia del siglo XXI no será solamente por desarrollar la IA más avanzada, sino por construir Estados capaces de gobernarla.

Cuando quienes lideraron esta revolución tecnológica son los primeros en pedir más gobernanza, más instituciones y más responsabilidad pública, los países no pueden limitarse a observar.

Colombia tampoco debería hacerlo.

Mientras en Ginebra la comunidad internacional intenta establecer límites para impedir que la Inteligencia Artificial tome decisiones letales sin intervención humana, en Shanghái la competencia gira alrededor de otra pregunta: ¿quién tendrá los mejores modelos de IA, la mayor capacidad de cómputo, los centros de datos más potentes y el talento capaz de desarrollar la próxima generación de Inteligencia Artificial?

Son 2 conversaciones distintas, pero ambas hablan exactamente de lo mismo. La Inteligencia Artificial dejó de ser un asunto tecnológico para convertirse en un asunto de Estado. Y eso nos obliga a replantear incluso el concepto de soberanía.

Durante siglos, la soberanía de una nación dependió de su territorio, de sus fronteras, de sus recursos naturales y de la fortaleza de sus Fuerzas Militares. En el siglo XXI seguirá dependiendo de todo eso, pero también dependerá de algo más, de la capacidad para desarrollar, comprender y gobernar la Inteligencia Artificial.

Los países que no formen talento dependerán del talento de otros. Los que no desarrollen infraestructura digital dependerán de la infraestructura de otros. Los que no construyan capacidades científicas terminarán consumiendo tecnologías diseñadas bajo intereses ajenos. Y los que no construyan instituciones para gobernar la IA terminarán viendo cómo decisiones fundamentales para su economía, su seguridad, su educación o su democracia se toman fuera de sus fronteras.

Por esa razón estoy convencido de que Colombia debe dar un paso histórico. No propongo crear un nuevo ministerio, sino construir, desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, un verdadero Sistema Nacional de Inteligencia Artificial que articule al Estado, la academia, el sector productivo y la sociedad alrededor de una visión compartida. Un sistema que coordine la investigación científica, la formación de talento, el desarrollo de infraestructura computacional, la innovación, la evaluación de riesgos, la ética y la gobernanza de la Inteligencia Artificial.

Esa convicción adquiere para mí un significado especial al iniciar este nuevo período legislativo como integrante de la Comisión Sexta de la Cámara de Representantes. Después de 4 años estudiando la Inteligencia Artificial desde la seguridad y la defensa, hoy tengo la oportunidad de trabajar estos desafíos desde la comisión responsable de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la educación y la innovación.

No llego a esa comisión con una preocupación, llego con una propuesta.

Porque la discusión ya no consiste en preguntarnos si la Inteligencia Artificial cambiará a Colombia, eso ya está ocurriendo. La verdadera pregunta es otra.

¿Tendremos la visión para construir un Estado capaz de gobernar la Inteligencia Artificial o esperaremos a que otros diseñen el futuro tecnológico que Colombia terminará adoptando?

Porque la Inteligencia Artificial no reemplazará al Estado, pero los Estados que no aprendan a gobernarla sí serán desplazados por aquellos que lo hagan.

“Porque la Inteligencia Artificial no reemplazará al Estado, pero los Estados que no aprendan a gobernarla sí serán desplazados por aquellos que lo hagan”.

5 puntos clave

  1. La IA dejó de ser una herramienta: hoy es infraestructura, productividad, seguridad y poder para las naciones.
  2. 2. Los mismos científicos que ayudaron a crear la IA –Hinton, Bengio, Russell, Suleyman– son hoy quienes más insisten en la necesidad de gobernarla.
  3. 3. La soberanía del siglo XXI dependerá también de la capacidad de un país para desarrollar, comprender y gobernar la Inteligencia Artificial.
  4. 4. Colombia necesita un Sistema Nacional de Inteligencia Artificial, coordinado desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que articule investigación, talento, infraestructura, innovación, ética y gobernanza.
  5. 5. La pregunta de fondo no es si la IA transformará a Colombia –eso ya ocurre–, sino si el país construirá un Estado capaz de gobernarla o dejará que otros decidan en su lugar.

Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre apropiación y liderazgo con IA, vea «Un pacto nacional para que la IA no sea privilegio de pocos», de Giovanni Stella y «La responsabilidad no se automatiza: el verdadero desafío de la IA es el liderazgo», de Isabel Cristina de Ávila Benítez.

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