SpaceX ganó la carrera espacial de empresas privadas. Hace 6 años, cuando empezaba el programa comercial de la Nasa, nadie habría apostado por la empresa de Elon Musk.

Por lo general, cuando hablamos sobre la carrera espacial, la primera imagen que aparece en nuestras mentes es la de la Guerra Fría y los cohetes espaciales de la Unión Soviética y Estados Unidos. Pese a que fue uno de los periodos más llenos de tensión del último siglo, también sirvió para impulsar muchos de los programas espaciales que existen hoy en día.

Es generalmente aceptado que ésta época de tensiones y la línea final de la carrera espacial tuvo lugar en 1972, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el pacto Apollo-Soyuz Test Project que culminaría con el estándar de acople espacial Apas (todavía en uso hoy en día).

Después del desmantelamiento del programa estadounidense Apollo –el que llevó a Neil Armstrong a la Luna– y la puesta en marcha del Transbordador espacial, las colaboraciones internacionales en temas espaciales también crecieron. Proyectos como el Telescopio espacial Hubble y la Estación Espacial Internacional no hubieran sido posibles sin la intervención y colaboración de varias naciones.

Aunque se puede pensar que en la época contemporánea de trabajo espacial colaborativo la posibilidad de una segunda carrera espacial es casi nula, la historia ha tomado un giro inesperado. Las naciones colaboran, pero la Nasa ha dado un paso impensado al integrar también a empresas privadas.

Un repaso por la historia espacial norteamericana

Aunque el programa Apollo de la Nasa sigue siendo hoy en día uno de los programas espaciales más exitosos de la historia con 6 aterrizajes en la Luna, su diseño no estaba pensado para misiones repetidas. El programa Transbordador espacial ofrecía no solo una capacidad de carga gigantesca, sino también la posibilidad de reutilizar la nave principal después de cada misión.

Aunque los costos inicialmente eran más bajos, problemas de diseño y malas decisiones por parte de los administradores de la Nasa resultaron en los desastres de los transbordadores Challenger, en 1986, y Columbia, en 2003. En total fueron 14 vidas perdidas –incluyendo la de un civil– a lo largo de las 3 décadas que duró el proyecto.

Cuando el presidente de los Estados Unidos en ese tiempo, George W. Bush, anunció el cierre del programa Transbordador Espacial, la nación norteamericana perdía también la capacidad de ir al espacio por sus propios métodos. El 21 de julio de 2011 el transbordador espacial Atlantis se levantaba por última vez desde la plataforma LC-39.

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Dragon Crew en un atardecer de Florida. Imagen: NASA.

Pese a esto, la Nasa aún tenía (y tiene) planes para desarrollar un cohete capaz de llevar misiones tripuladas a la Luna y Marte, y de regreso a nuestro planeta. A falta de tener un vehículo capaz de llevar astronautas a la órbita baja de la tierra, los Estados Unidos empezaron contratos con el programa espacial ruso –Soyuz Programme– para poder seguir llevando a cabo misiones con tripulación norteamericana.

2011: Empresas privadas al espacio, cortesía de la Nasa

Más allá de la herida en el orgullo estadounidense, contar solamente con un programa de una nación distinta a la propia y con una tecnología que tampoco es propia presenta retos y desafíos para los astronautas. Desde años de entrenamiento extracurricular hasta tener que aprender ruso, la utilización del programa Soyuz era útil, aunque no muy conveniente.

Tener varios programas espaciales significa tener también talento, ingenieros y pilotos disponibles para todas la misiones. Llevar a cabo un programa de órbita baja internamente en la Nasa con todo lo que se requiere –diseño y construcción del cohete, de la cabina, del espacio de carga, monitoreo y coordinación en la Tierra, entre otros– estaría consumiendo tiempo y talento que puede ser empleado en programas para ir a la Luna y a Marte.

En 2011, la Nasa tendría un cambio de foco que cambiaría la cara de la exploración espacial radicalmente. Con la cancelación del programa Constellation, enfocado a llevar humanos a la órbita baja, se liberaron recursos y talento que ahora estarían enfocados en los programas Orion y Artemis para explorar y colonizar la Luna y Marte.

Con los fondos liberados, la Nasa decidió hacer algo nunca antes visto: proponer un concurso para que empresas privadas se encargaran de las misiones tripuladas en órbita baja. La agencia espacial, obviamente, actúa como regulador y evaluador, pero los ensayos, diseños y monitoreo estarían delegados a la empresa privada.

El CEO de SpaceX, Elon Musk junto al administrador de la NASA y los astronautas seleccionados para el programa Comercial de la Nasa. Imagen: (NASA/Joel Kowsky)

SpaceX vs. Boeing (vs. Blue Origin vs. Sierra Nevada)

Se abría en 2011 la competencia por parte de la Nasa, en la que empresas privadas podían enviar diseños de vehículos diseñados para tripulaciones en ruta a la Estación Espacial Internacional. Durante los dos años siguientes, la agencia recibió propuestas exitosas por parte de SpaceX, Boeing, Blue Origin (cuyo dueño es Jeff Bezos, fundador de Amazon) y Sierra Nevada.

En septiembre de 2014, después de años de prueba, ensayos y evaluaciones, emergieron los dos ganadores: Boeing y SpaceX.

Decir que Boeing es un gigante de la ingeniería aeroespacial sería una atenuación de la compañía. No sólo es una empresa con más de 100 años de historia y la más grande a nivel mundial en el mercado aeroespacial, sino que ha sido responsable de impulsar la aviación comercial por décadas y desarrollar algunos de los aviones más avanzados, como el 787-10 Dreamliner y el 777X. 

Además de esto, Boeing también ha tenido varios contratos con la Nasa y el gobierno estadounidense, con Boeing siendo en muchos casos la empresa que pone la ingeniería y el talento para proyectos federales.

SpaceX, por otro lado, es una compañía fundada apenas en 2002. Su fundador es Elon Musk, y uno de sus objetivos principales es reducir los costos de los viajes espaciales para que la humanidad pueda colonizar la Luna y Marte. La compañía solamente llegaría a órbita en 2008 con el Falcon 1 (el que llevó a los astronautas el 30 de mayo fue un Falcon 9), y a la Estación espacial internacional, en 2012. 

A esta aparente ventaja de experiencia en la industria se le suma que la Nasa otorgó más recursos a Boeing en el contrato. Mientras que Boeing cuenta con un presupuesto oficial de 4.800 millones de dólares, SpaceX cuenta con 3.100 millones para cumplir la misma meta.

Sumemos a esto que SpaceX, a diferencia de Boeing, diseñó su cohete reutilizable Falcon 9 desde cero en menos de una década. Incluso con esto, SpaceX también quiso que el cohete principal fuera enteramente reutilizable. Boeing, en cambio, tiene en sus manos el Atlas V, el cohete más seguro de la industria y que no ha fallado ninguna de sus 82 misiones.

Con los contratos aprobados, se inició una nueva carrera espacial entre ambas compañías por ser la primera en llevar astronautas a la órbita baja de la Tierra.   

SpaceX adelante y Boeing muy detrás

Cuando se otorgó el contrato en 2014, nadie podría imaginar que 6 años más tarde sería SpaceX la que ganaría la carrera con años de ventaja. En 2015, SpaceX lograría por primera vez aterrizar su cohete Falcon 9 en una demostración que parece más una película de ciencia ficción que realidad. No sólo es la primera vez que una compañía privada lo logra; es la primera vez en toda la historia que se logró exitosamente.

Ambas, Boeing y SpaceX, optaron por utilizar tecnología tipo cabina, con el Starliner CST-100 y Dragon Crew respectivamente. Las características de ambos son muy similares, ambos usan estándares espaciales para acople y emergencia, y cada uno puede llevar hasta a 7 astronautas.

Como es de esperarse, la Nasa no ha escatimado recursos en asegurarse de que ambas compañías cumplan con las regulaciones de seguridad y que pasen apropiadamente cada ensayo. Además de pruebas para los cohetes que llevan a la tripulación, también deben pasar simulacros de emergencia, de trayectorias e incluso misiones no tripuladas con las cápsulas a la Estación Espacial. 

A los largo de los 6 años, SpaceX se movió a paso de liebre, no solo aprobando las regulaciones que imponía la Nasa sino también mejorando cada vez más sus proyectos internos. A esto se le suma que SpaceX es uno de los mayores contratantes de la Nasa para llevar carga a la EEI, lo que significa que tienen amplia experiencia poniendo cohetes en órbita.

Boeing, en cambio, no fue seleccionada por la Nasa para este tipo de misiones, lo que significa menos experiencia, datos y ensayos. Incluso en estas épocas tempranas, se veía a SpaceX tomar ventaja con respecto al gigante aeroespacial. 

A medida que pasaron los años, y con algunos retrasos, SpaceX eventualmente pasó todos los ensayos hasta llegar al lanzamiento tripulado del 30 de mayo. No todo fue viento en popa, pues se llegó a tener problemas en el diseño de los paracaídas, cohetes Falcon 9 que explotaron e incluso una cápsula que también explotó durante un ensayo de rutina del sistema de emergencia. Pero los problemas fueron solucionados después de un escrutinio intenso por parte de la Nasa.

Los problemas de Boeing, en cambio, solamente seguían aumentando. Después de sufrir un golpe a la confianza gracias a los desastres relacionados cpn el Boeing 737 MAX, el ensayo no tripulado de su cápsula espacial CST-100 en diciembre de 2019 estuvo a punto de ser catastrófico. No solo entró en una órbita que no era la correcta, sino que gastó combustible en maniobras inesperadas.

La cápsula de SpaceX en el fondo, la cápsula de Boeing al frente. Imagen: NASA.

Después de un lanzamiento exitoso, la cápsula entraría en una órbita distinta la original debido a un bug en el sistema. Aunque Boeing logró traer la cápsula seguramente a tierra un par de días después, nunca logró su objetivo de llegar a la EEI. Con el ensayo fallido, la Nasa obligó a Boeing a realizar un segundo ensayo, programado para octubre de 2020.

Incluso si el ensayo de octubre es exitoso, todavía tienen por delante un ensayo de emergencia que tomaría meses en preparar. Esto significa que, siendo optimistas, Boeing tendrá humanos en órbita hacia finales de 2021 o en 2022, dos años después de SpaceX.

Al final ganamos todos

Incluso con la carrera espacial ya ganada por SpaceX, los avances espaciales benefician a la humanidad en general. El lanzamiento de Crew Dragon es el más visto en toda la historia de la Nasa, con 10,3 millones de vistas. Pocos espectáculos se comparan con ver a 2 humanos siendo impulsados por un cohete de 500.000 kg de empuje.

Esta es una carrera que apenas empieza, sobre todo cuando tenemos en cuenta que la ambición de SpaceX y de la NASA es la de llevar la humanidad a Marte en la siguiente década. ¿Quién será el primero en llegar?

Imagen principal: NASA