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IA y elecciones 2026 Colombia: “Para la polarización, la conversación”



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Ante la llegada de las elecciones de 2026 en Colombia, la IA y la desinformación emergen como desafíos críticos. Expertos de la Fundación Conversa y el CNC analizan cómo los algoritmos y deepfakes impactan la confianza pública. La clave para proteger la democracia reside en fortalecer la ciudadanía digital.

Publicado el 10 de abr de 2026

Sandra Defelipe Díaz

Periodista especializada en tecnología, en medios digitales, producción de contenidos y liderazgo editorial




En el marco del especial ‘Elecciones TIC 2026’ y del programa ‘Soy Digital’, de Impacto TIC, Mauricio Jaramillo, moderó el panel ‘Elecciones 2026: Desafíos digitales y batalla por la verdad‘, sobre la tecnología en el futuro democrático de Colombia. La conversación contó con la participación de María Alejandra Villamizar, directora de la Fundación Conversa Colombia, y Carlos Lemoine, del Centro Nacional de Consultoría (CNC). La conversación resaltó que, aunque la tecnología es un amplificador de las capacidades humanas, su impacto depende directamente de la calidad del ejercicio de la ciudadanía digital.

Ambos invitados coincidieron en que el entorno digital no es una herramienta externa, sino el ecosistema donde se define la confianza pública. El reto para 2026 no es profundamente humano y social, en un contexto donde el proselitismo político se ha fundido con la estrategia digital, el debate público enfrenta una paradoja: la población cuenta con más información que nunca, pero la calidad de la misma es alarmantemente escasa. “En las inundaciones lo que más escasea es el agua potable […] En este momento de abundancia de información, lo que más escasea es la información fidedigna“, explicó Carlos Lemoine.

¿Cómo ha cambiado la IA las reglas del juego en la política colombiana?

La dinámica de las campañas políticas ha experimentado una metamorfosis radical. Para la analista y periodista María Alejandra Villamizar, la apropiación digital ha llegado a un punto en el que “la campaña misma es la campaña digital”, desplazando los comités tradicionales y las estrategias de mensaje pausadas por una omnipresencia incesante en las redes.

Esta necesidad de figurar en la conversación digital a cada minuto prioriza la viralidad sobre la pertinencia, lo que a menudo resulta en mensajes apresurados o inconvenientes. Lemoine por su parte señaló que el exceso de datos impide reconocer la evidencia, dificultando la toma de decisiones informadas para el futuro del país.

Según los datos del informe Apropiación Digital 2025 del CNC, el 26 % de los colombianos ya utiliza herramientas de IA. Carlos Lemoine destacó que esta adopción tecnológica cambia las reglas del juego en la política. “La IA permite procesar y generar mensajes a una velocidad sin precedentes, lo que puede ser usado para informar o para inundar el espacio público con narrativas distorsionadas“, explicó, y además enfatizó en que hay que mirar más allá de ese porcentaje de uso y es quiénes usan la IA en Colombia: “En su mayoría esos usuarios son hombres, están en las grandes ciudades, en estratos altos, con más estudios, en su mayoría tienen buena conectividad”.

¿Qué riesgos representan los ‘deepfakes’ para la verdad pública?

La Inteligencia Artificial también genera una profunda sensación de vulnerabilidad en el escenario electoral. El 73 % del electorado colombiano se siente indefenso ante la posibilidad de que se utilice la IA para producir noticias falsas o deepfakes, que es precisamente uno de los mayores desafíos.

Los deepkfakes son archivos de video, imagen o voz manipulados mediante IA para parecer reales. Estos pueden suplantar la identidad de candidatos o crear situaciones falsas con un realismo asombroso. Según Lemoine, la IA funciona como un amplificador de la ciudadanía; si esta última no tiene un propósito claro o pensamiento crítico, la tecnología simplemente potencia los sesgos existentes.

Lemoine advirtió que la batalla por la verdad se librará en la capacidad de las instituciones y los ciudadanos para identificar estas manipulaciones. La desinformación ya no solo es una noticia falsa escrita; ahora es un video que el ojo humano difícilmente puede distinguir de la realidad.

El estudio revela que, aunque el acceso ha crecido, la madurez en el uso de estas herramientas varía. Esto crea una brecha donde el votante puede ser vulnerable a contenidos manipulados si no cuenta con las competencias digitales necesarias para verificar la información. Lemoine mencionó que en esa batalla por la verdad se librará en la capacidad de las instituciones y los ciudadanos para identificar estas manipulaciones. La desinformación ya no solo es una noticia falsa escrita; ahora es un video que el ojo humano difícilmente puede distinguir de la realidad.

¿Qué es la ciudadanía digital y cómo protege el voto informado?

La tecnología es un espejo de la sociedad. Para proteger y fortalecer la democracia, el foco estará en fomentar la Ciudadanía Digital, que puede tener muchas definiciones. Puede ser entendida como el conjunto de habilidades para usar la tecnología de forma ética, crítica y segura.

Carlos Lemoine definió la ciudadanía digital como la capacidad de tener “agencia sobre la tecnología“. Para él, una persona con estas capacidades avanzadas entiende que en Internet “lo que no sé lo puedo aprender“. Citando al sociólogo Thomas Marshall, recordó que la ciudadanía tiene dimensiones civiles, sociales y políticas que deben ganarse y desarrollarse; no vienen dadas simplemente por tener una cédula o un dispositivo.

Lemoine subrayó que la tecnología es un “amplificador” de nuestra condición ciudadana. Por ello, el reto no es la herramienta en sí, sino el propósito con el que se utiliza. Sin un propósito claro, el individuo se vuelve manipulable y la tecnología deja de ser una herramienta para convertirse en un fin que consume al usuario.

María Alejandra Villamizar complementó esta visión señalando que la ciudadanía digital requiere la corresponsabilidad de todos los actores del ecosistema: plataformas, usuarios, políticos y medios de comunicación. En su opinión, el entorno actual demanda el desarrollo de nuevas “competencias ciudadanas” relacionadas con la inclusión, la diversidad y la capacidad de compartir espacios comunes.

La meta de fortalecer la ciudadanía digital es ayudar a que los votantes desarrollen un pensamiento crítico que les impida ser “operadores o agentes” de quienes desinforman y difaman. Se trata de transitar desde una actitud reactiva e impulsiva hacia una de respeto, convivencia y responsabilidad individual frente a cada clic y cada mensaje compartido.

¿Cómo protegernos de la desinformación?

La tarea la están haciendo diferentes actores. Por ejemplo, la CRC presentó su ‘Guía de Integridad de la Información en Contextos Electorales‘, un material de consulta recomendado. Desde Impacto TIC también hemos compartido algunas claves contra la desinformación electoral, y adicionalmente, durante el Live TIC los panelistas dejaron los siguientes consejos y reflexiones finales para complementar el kit:

  • Contrastar y cruzar fuentes: Se debe acudir a fuentes con responsabilidad comprobada y verificar la trazabilidad de los datos. Si un contenido no menciona su origen o fuente, es probable que carezca de sustento
  • Asumir la corresponsabilidad: No debemos tomar el papel fácil de presentarnos como víctimas de los algoritmos o de los políticos. Los ciudadanos, medios de comunicación, reguladores y creadores de tecnología deben asumir su parte de responsabilidad para crear un ecosistema digital saludable.
  • Mantener la duda metódica: La duda se define como el motor del conocimiento. Se sugiere hacerse siempre la pregunta: “¿esto será verdad?” ante cualquier contenido sospechoso que circule en chats familiares o redes sociales. Es necesario identificar nuestros propios sesgos, variar nuestro menú de información, contrastar fuentes y mantener siempre la duda ante lo que consumimos, incluso cuando la información confirma nuestras creencias o ataca a los políticos que no nos agradan.
  • Usar el sentido común y medir las consecuencias: Antes de interactuar, debemos pensar en las consecuencias de nuestros actos digitales. María Alejandra eecomienda tener “la cabeza fría“, ser escépticos y aplicar una especie de “asepsia” para no contaminarnos con contenidos malintencionados.
  • Variar el “menú” informativo: Se recomienda seguir a actores con diversas posturas para evitar quedar atrapados en burbujas de confirmación que facilitan la manipulación.
  • No amplificar la toxicidad: Si vemos un contenido que es falso, dudoso o busca hacer daño, la recomendación principal es no reenviarlo, no comentarlo y no amplificarlo. Los ciudadanos deben bajar la guardia, no alimentar a los enemigos imaginarios y fomentar la convivencia y el respeto.

La protección contra la desinformación también requiere un cambio de conducta en la interacción diaria con la tecnología. La gente debe transitar de un rol de “víctima” de las plataformas a uno de corresponsabilidad, y para activar esos cambios, hay que tener presente:

  • Actuar con propósito: Se sugiere que, al acercarse al dispositivo móvil, se tenga una intención clara. Sin un propósito, la tecnología consume a la persona en lugar de servirle, funcionando como “comida chatarra” informativa
  • Interrumpir la cadena de difusión: Una tarea ciudadana esencial es evitar la proliferación de contenidos malintencionados. Si se detecta algo falso o difamatorio, la instrucción es clara: no reenviar, no comentar y no amplificar.
  • Evaluar las consecuencias de los actos digitales: El sentido común dicta que no existen actos sin consecuencias. Se debe reflexionar sobre el impacto de las decisiones digitales —como votar o participar en un debate— en la suerte del país y la propia.
  • Trasladar los valores de la presencialidad a lo digital: Se recomienda mantener el respeto y la altura en el debate digital. Una buena práctica es preguntarse si se sería capaz de decir en la cara de alguien lo que se está escribiendo tras un teclado.

¿Es la conversación presencial el antídoto contra la polarización digital?

Para María Alejandra Villamizar, el problema central no es la tecnología en sí misma, sino el uso que se le da para fragmentar la sociedad. La polarización —el proceso donde la opinión pública se divide en extremos opuestos— se alimenta del algoritmo que prioriza el conflicto sobre el entendimiento.

Para la polarización, la conversación”, señaló Villamizar. Su enfoque con Conversa Colombia busca recuperar el respeto en el diálogo nacional. Según la periodista, el entorno digital ha eliminado los “filtros de humanidad”, permitiendo que los ataques personales reemplacen el debate de ideas.

Villamizar enfatizó en que la respuesta no es el silencio ni la censura, sino la creación de espacios estructurados donde los ciudadanos puedan escucharse. Necesitamos pasar del grito digital a la conversación con propósito“, añadió.

Para Villamizar, la actual tendencia de los candidatos a evitar los debates públicos representa un “gran vacío” y un riesgo para la salud democrática. Sostiene que la argumentación y la racionalidad frente al electorado son fundamentales para que las personas puedan ejercer su voto con libertad y bajo el derecho de estar bien informadas.

Destacó ejemplos como México y Estados Unidos, donde los debates nacionales son obligatorios por ley. Esto garantiza una cita específica donde la población tiene la responsabilidad de evaluar a quienes aspiran al poder. Villamizar hace una defensa vehemente de la conversación presencial frente al anonimato digital: “se necesita que los candidatos estén presentes, que se miren unos a otros y que sean capaces de decirse las cosas con altura“. Según su análisis, el entorno digital a menudo permite “tirar piedras desde afuera y luego esconder la mano”, una práctica que deja lesiones profundas en los momentos democráticos.

El reto para el Estado, las plataformas y los medios es educar a una audiencia que hoy está “infoxicada“. Como señaló Mauricio Jaramillo, el compromiso de Impacto TIC es seguir elevando el nivel de esta conversación para que la tecnología sea una aliada del progreso y no una herramienta de caos. La protección reside en recuperar la esencia humana frente a la máquina. Esto implica bajar la guardia en las “batallas” de redes sociales y priorizar un cerebro orientado a la convivencia y el respeto.

Reviva el Live TIC: Elecciones 2026: Desafíos digitales y batalla por la verdad

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