COVID-19 y la reactivación económica: el rastreo de contactos

Publicado el 05 Jun 2020

Mujer con portátil
Javier Rengifo, Manager Customer Advisory de SAS Colombia y Ecuador.

El aprovechamiento de los datos ha demostrado ser muy importante en estos tiempos en los que cuidar la salud y tomar decisiones inteligentes ha sido la prioridad, pero lo será mucho más ahora que los países buscan recuperar las dinámicas económicas, comerciales y sociales en el menor tiempo y de la forma más segura posible.

En los últimos días hemos visto cómo países como España e Italia, de los más afectados por la pandemia, han empezado a reabrir algunos de sus establecimientos comerciales y anuncian nuevas políticas para relajar los confinamientos en junio y julio. La forma en que los países están tomando este tipo de decisiones está basada en la trazabilidad de contactos, hecha a partir de la información del estado de salud de la población.

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Las entidades gubernamentales están utilizando el rastreo de contactos para identificar a las personas que pueden haber estado expuestas a amenazas para la salud, como el nuevo coronavirus, ya sea a través del contacto directo con una persona con COVID-19 o con alguien que haya estado muy cerca de esa persona.

Los investigadores intentan identificar y notificar rápidamente a todos los contactos potenciales, romper la cadena de transmisión si es posible, proporcionar evaluaciones médicas cuando sea necesario y poner en cuarentena los contactos si son (o se vuelven) sintomáticos. Otro resultado del rastreo de contactos es influir en las políticas de salud pública a través del estudio de las cadenas de contaminación.

Como suele suceder, cada vez que se trata de información de los ciudadanos, la privacidad de los datos se convierte en un tema de consideración muy importante. Para un asunto tan crítico como lo es preservar la vida de las personas, el acceso y el procesamiento de la información debe revisarse en un marco de equilibrio. No se deben radicalizar posiciones en torno a compartir información para que los gobiernos puedan recurrir a la trazabilidad de contactos como medida eficaz para tratar de reactivar la economía sin que haya nuevos brotes masivos de la enfermedad, pero también sin afectar la privacidad de las personas.

Lo que se debe entender es que siempre habrá matices y maneras de hacer las cosas. Es claro que los excesos nunca deben presentarse; por un lado, resulta curioso que los usuarios se preocupen porque van a compartir información básica del estado de salud, en las plataformas que están habilitando los gobiernos para ayudar a la población, pero por otro lado no se molesten en compartir mucha más información privada en diferentes actividades virales en redes sociales.

Antes que nada, hay que entender que el objetivo del rastreo de contactos es disminuir la propagación y la duración de una epidemia o pandemia. Con el COVID-19, el rastreo de contactos tiene el efecto de ayudar a los gobiernos a saber cuándo es seguro comenzar a reabrir ciertas actividades económicas y sociales e identificar y alertar rápidamente a las personas sobre el inevitable resurgimiento de brotes.

Aunque el seguimiento de contactos puede parecer un concepto relativamente nuevo para el público en general, esta práctica ha sido utilizada por los funcionarios de salud durante décadas, como un intento de evitar una variedad de enfermedades transmisibles, al identificar minuciosamente los puntos de transmisión y desacelerar la propagación de la enfermedad en las comunidades.

De hecho, el estado de Nueva York reveló recientemente su plan de rastreo de contactos, el cual exige la contratación de hasta 17.000 rastreadores de contactos para ayudar en la lucha contra la pandemia de COVID-19. Francia está contratando grandes brigadas de rastreadores de contactos. Bélgica está contratando más 2.000 ‘detectives de la corona’ para una población de aproximadamente 11,5 millones de personas. No todos estos rastreadores de contactos están en el campo. Algunos estarán en centros de atención telefónica, otros trabajarán con datos entrantes y otros serán expertos en salud pública.

Incluso, la universidad Johns Hopkins en los Estados Unidos lanzó recientemente un curso gratuito diseñado para personas que se dediquen o que quieran conocer más sobre las actividades de la trazabilidad de contactos para el COVID-19. En este curso, los estudiantes aprenderán sobre la ciencia del virus y la evidencia de cómo este se transmite de persona a persona y por qué el rastreo de contactos puede ser una intervención de salud pública muy efectiva. En Coursera se encuentra toda la información sobre este curso.

Estos esfuerzos modernos de rastreo de contactos se pueden mejorar utilizando capacidades de visualización y analítica avanzada de redes de contactos, las cuales ayudan a los funcionarios de salud pública a descubrir tendencias y patrones de contactos, y combinando datos de salud disponibles públicamente ayudan a comprender enlaces faltantes o inesperados en los datos de contacto, quién debe ser examinado, dónde se está propagando el virus o qué comunidades están en mayor riesgo.

Pero entonces, ¿qué pasa con la privacidad de los datos? El rastreo de contactos recopila datos que a menudo pueden considerarse como datos sensibles, según las leyes de privacidad existentes en cada país, por ejemplo: el nombre, la dirección, el número de teléfono, la dirección de correo electrónico y, por supuesto, el estado de salud.

La discusión sobre los datos para hacer la trazabilidad de contactos está vigente, sobre todo por las preocupaciones de privacidad reales que todos tenemos. El nivel de intrusión en la privacidad de un paciente (y el de la red del paciente) varía de un país a otro. Para tratar de mitigar este problema, los funcionarios de salud pública pueden recurrir nuevamente a la ciencia de datos, esta vez para ayudar a proteger la privacidad. Los científicos de datos pueden usar técnicas como el enmascaramiento, la anonimización y la seguridad basada en roles, para mantener un equilibrio saludable entre la privacidad y la buena salud pública.

Es importante tener en cuenta que algunas leyes de privacidad de datos rigen, pero no prohiben, el rastreo de contactos.

Los debates continuarán, lo importante es que haya un balance correcto entre el bienestar general y la privacidad individual. El gran dilema es: si no tomamos medidas contra la epidemia, el número de personas infectadas y muertes seguirá aumentando. Pero a la vez, si las medidas para detenerla son demasiado estrictas (como las cuarentenas prolongadas), entonces estas podrían provocar un fuerte daño en la economía y en la vida de las personas a mediano y largo plazos.

Por esto, la trazabilidad de contactos se convierte en una solución muy importante para lo que será la segunda fase de la pandemia, que consiste en el levantamiento de las medidas de confinamiento obligatorio para lograr la reactivación económica del país, pues dicha solución permitirá identificar las relaciones de los casos de contagios, para apoyar tanto a las personas como a las empresas a detener la transmisión en los diferentes entornos y comunidades.

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