Que la violencia no tiene género, que no discrimina y afecta tanto a hombres como a mujeres es cierto. Seres humanos sufren violencia de diferente tipo. Sin embargo, los motivos, la manera como se ejecuta, como se investiga y se sanciona, el reconocimiento y –en contraposición– la minimización, los contextos en que se produce y las consecuencias sí varían, y bastante. Además, las cifras frías (en diferentes contextos) nos muestran tan solo algunos puntos, que necesitan mayor análisis por encima de una visión binaria.

Como una manera de enfrentar esas desigualdades en la manera como se tratan los diferentes tipos de violencia, el escrache se está manifestando en Colombia; en diferentes tipos de comunidades digitales se van incrementando las denuncias. Es un tema que involucra convivencias en red, visibilización y acusaciones por violencia contra las mujeres, y al mismo tiempo debates legales. Por eso es necesario conocer esta forma de denuncia, así como las implicaciones y las mejores prácticas posibles. Hay formas de aproximarse para apoyar, criticar o tomar acciones.

¿Qué es y qué no es el escrache?

El escrache tiene su definición oficial desde hace tiempo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española; además, en 2013 la Fundéu la declaró como la palabra del año. Es un sustantivo para referirse a la manifestación popular de protesta contra una persona; el verbo correspondiente es escrachar. Sin embargo, esta definición se enmarca en un escenario presencial: manifestaciones frente al domicilio o al lugar de trabajo de personas públicas para reprobar su comportamiento. Escrachar a alguien es dejarle en evidencia.

Karla Riera Betancourt, socióloga y experta en vinculación con la comunidad y violencia de género, recuerda que «el escrache se originó como una actividad del pueblo argentino en la década de los 90 para reclamar justicia de familiares y amigos de los desaparecidos en la dictadura«. Con el paso del tiempo, el escrache se ha transformado en una manifestación digital apropiada por movimientos feministas de diferentes partes del mundo para hacer visibles las violencias de género.

Nota: Hay diferentes tipos de escrache (en España, por ejemplo, lo tienen muy identificado y legalizado en escenarios políticos). En este contenido hacemos referencia específica al escrache feminista. Entonces, cabe anotar que el escrache no nació con el feminismo, pero sí ha sido apropiado por parte de estos movimientos (existen varios tipos de feminismos) para visibilizar los casos. Si bien en la mayoría de los casos los agresores son hombres, también hay casos en los que las agresoras son mujeres, y también se han presentado casos de escrache que las dejan en evidencia.

«El escrache es una muestra de la falta de eficiencia del sistema y sobre el que se deben dar reflexiones colectivas. Aun con el escrache se debe seguir exigiendo al Estado y los operadores judiciales para que se establezcan mecanismos de justicia efectiva», comparte la Red Jurídica Feminista de Colombia. Hoy, el escrache se realiza en redes sociales, medios de comunicación o por medio de intervenciones en el espacio público.

Vale la pena resaltar que el escrache feminista (porque hay otros tipos de escrache) no se hace a título personal, ni de forma individual, precisamente para proteger la integridad de la víctima. Quien hace la denuncia decide si quiere publicar su identidad. En ese orden de ideas, publicar a través de redes sociales no es necesariamente escrache y esto es sumamente delicado, porque las publicaciones traen consecuencias. El escrache se realiza a través de colectivos, de cuentas dispuestas para visibilizar estas denuncias; el trabajo de curaduría interno es otra tarea, pero se parte del principio de la buena fe y de creerles a las mujeres.

¿Quién dice que no hay garantías o que las denuncias de violencia contra las mujeres no tienen la atención suficiente y eficiente?

En Colombia, la impunidad en casos relacionados con violencia contra la mujer es una muestra de la falta de eficiencia del sistema. En violencia sexual la impunidad llega al 98 %; en casos de violencia intrafamiliar es del 86 %, y solo 1 de cada 3 feminicidios son atendidos, según cifras compartidas por El Tiempo.

De otro lado, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses alertó que hay 15.000 casos de mujeres que están en riesgo extremo de ser víctimas de feminicidios. Y cuando las denuncias eventualmente entran al sistema judicial, las víctimas deben enfrentarse a otras barreras. El machismo de los y las jueces es una preocupación identificada, por lo que la misma Corte Suprema de Justicia ha hecho llamados de atención, pues a la hora de evaluar procesos se basan en prejuicios, como también compartió El Tiempo, en julio de 2020. Posteriormente, en octubre, el mismo medio publicó algunos casos de absurdos judiciales en temas de violencia de género, como un fiscal que indujo a un preacuerdo con el victimario que consistía en hacer una obra (construcción) en la casa del investigador; o el proceso de violencia sexual contra una niña que lleva 14 años congelado porque se perdió el expediente.

En Bogotá, uno de los días con mayor violencia de género es el ‘Día de la madre’. En 2019 las denuncias aumentaron. 4 de cada 10 casos de violencia intrafamiliar y lesiones personales con víctima mujer fueron del grupo de edad entre 18 y 29 años. 3 de cada 10 estuvieron en el grupo de edad entre 30 y 44 años. En la mayoría de los casos los agresores son hombres.

Fuente: Secretaría de la Mujer.

Durante la pandemia, los casos de violencias de género no cesaron. Entre marzo y junio de 2020, más de 4.400 mujeres fueron víctimas de violencia sexual (frente a 764 casos contra hombres); y más de 8.000 sufrieron de algún tipo de violencia en pareja (frente a 1.324 casos en hombres).

Fuente: Secretaría Distrital de la Mujer.

En Colombia se han producido varios casos de escrache. Los más destacados de los últimos tiempos son las denuncias por violencia sexual en contra de Ciro Guerra (cineasta) y de Alberto Salcedo Ramos (periodista). Del primer caso, la Fiscalía citó a interrogatorio a las periodistas que hicieron públicas las denuncias (Catalina Ruiz y Matilde Londoño); según menciona El Espectador, no hay avances en la investigación por el presunto acoso sexual. Del segundo caso, las denuncias están en la Fiscalía (las víctimas pusieron la denuncia en esta instancia); hay varios relatos, publicados a través de Las Igualadas; 2 de las víctimas ya revelaron su identidad y denunciaron penalmente.

El escrache: da y toma, es una herramienta de cuidado

El escrache, desde la visión de género, se basa en creerles a las mujeres como elemento base. Sin embargo, se han presentado situaciones en las que hay denuncias de regreso (los presuntos agresores denuncian a las mujeres por injuria o calumnia) o en las que se descubre que que no todas las denuncias han sido reales (pueden ser historias inventadas para tomar venganza de una circunstancia, por ejemplo, o falsas acusaciones para generar alguna represalia en contra de una persona).

También se presentan casos en los que ciberdelincuentes utilizan el escrache como mecanismo de extorsión: les piden dinero o alguna otra compensación a hombres que, de no cumplir con la exigencia, son amenazados con volverse blanco de denuncias en redes sociales.

Pero estos no son los únicos riesgos que se deben tener en cuenta a la hora de hacer escrache. Se han visto casos en los que, luego de hacer una denuncia pública a través de redes, las mujeres denunciantes sufren aún más violencia, incluso llegan a ser asesinadas. En 2020 se registro un caso así en Medellín.

Es importante señalar que el escrache no tiene la intención de violar la presunción de inocencia, porque finalmente el que decide, quien juzga y condena es el sistema judicial; quienes determinan la culpabilidad o la inocencia de los acusados son las y los jueces. Ni los usuarios en redes sociales, así como tampoco los periodistas, son jueces.

Esta herramienta se basa en relatos de experiencias personales, no impone una pena o una orden de reparación. Este relato se convierte en una escucha colectiva, se puede creer o no, depende de cada persona. Ahora, los testimonios de las víctimas pueden convertirse en pruebas iniciales de los hechos como parte de una denuncia oficial ante la justicia, y deben valorarse dentro del debido proceso con un enfoque de género.

Sin embargo, para hacer un ejercicio cuidadoso hay que tomar algunas medidas –buenas prácticas– a la hora de hacer escrache, así como se deben tomar con la publicación de cualquier tipo de información.

¿Por qué y para qué se hace el escrache?

Esta práctica es una apropiación simbólica de espacios físicos y digitales, pero principalmente es un mecanismo que sirve para visibilizar, reflexionar y sensibilizar, según explica Karla Riera. Esto es especialmente importante en un tiempo en el que la comunicación y los espacios digitales son indispensables en el día a día. Se trata más de una acción para no ignorar lo que sucede, hacerlo evidente para tener espacios de comunicación, reflexión y transformación. A favor del escrache, se defiende que sirve para:

  • Exponer a las personas que tienen una posición de poder o privilegio y que han sido agresoras.
  • Respaldar a las víctimas frente a la falta de garantías en los sistemas judiciales, por la intimidación por parte de los agresores.
  • De igual manera, ante la impunidad para los agresores en el sistema judicial.
  • Por la falta de funcionarios con formación en género que revictimizan (cuando son víctimas, además del agresor, de instituciones y terceros, como medios de comunicación) a las mujeres por medio de estereotipos de género.

Del otro lado de la moneda, los ‘contra’ son diversos. Si bien se reitera que no es un juicio, las consecuencias del escrache tanto para quien denuncia como para la persona a quien se deja en evidencia pueden ir desde la sobrexposición, pasando por la venganza, hasta otro tipo de acciones físicas o digitales de parte de terceros. En Argentina se recuerda el caso de Agustín Muñoz, un adolescente que se sucidió luego de falsas denuncias. Las consecuencias para quien hace escrache pueden ser diversas, dependiendo de cada caso. Quienes denuncian a través de escrache no están exentas de consecuencias.

También hay quienes consideran que el escrache no es una herramienta que funcione, por la polarización que genera, porque le quita responsabilidad al Estado y su deber de sancionar, porque sigue reproduciendo los mecanismos de culpa y castigo, justamente porque lo punitivo está ligado a la lógica patriarcal, según explicó la periodista e integrante del grupo de investigación en Ciberculturas y Géneros Florencia Goldsman. En esta línea se preguntó en 2018 la antropóloga feminista Rita Segato: «¿Qué es lo contrario a la impunidad? ¿El punitivismo?.

Otras de las críticas que se hacen es que, a pesar de la visibilización, no pasa nada ni en materia de prevención o reducción de las tasas de feminicidio; que en casos se generen juzgamientos hacia las mujeres, los movimientos feministas y las luchas libradas, también se pone sobre la balanza, tanto desde una mirada colectiva como personal, hacia la mujer denunciante (cuando se identifica); que al final del ejercicio sea una guerra sin fin en la que nadie gana, como lo señaló Andrea Datri en La Izquierda Diario; y que –aunque en teoría no es lo que busca– se genere una especie de escarnio público (incluso asejeman el escrache a una inquisición).

Esto no es solo una consecuencia en el marco del escrache. Una vez más se reitera la necesidad de ser conscientes sobre las acciones en espacios digitales. No hay dos mundos (uno virtual y una digital) y en ese orden de ideas es necesario comprender que existen consecuencias. Hoy podría considerarse una consecuencia menor el que publicar actos ofensivos en el mundial de fútbol le hayan constado el trabajo a un colombiano, cuando en otros casos se está tratando de la vida de las personas. Los actos en redes sociales y espacios digitales generan consecuencias. Hay que pensar antes de publicar (aplica para todo).

La fuerza que tiene el escrache tanto en los espacios físicos como virtuales es que son acciones colectivas, no son acciones individuales, por lo que causan tanto impacto en la persona que es escrachada. El escarche surge, se desprende y se origina de la ineficacia de los procesos judiciales para garantizar la justicia y la seguridad de las mujeres en un medio que está controlado por hombres; la justicia es machista y patriarcal, entonces el culpable aquí no es el que denuncia mediante un escrache sino es la falta de justicia, es la falta de celeridad del Estado para enfrentar casos de violencia. Ahí está el valor del escrache, la importancia de sumarnos todos y todas a estos espacios para denunciar algo que el Estado está dejando de lado y es la justicia. Si no hay justicia hay escrache.  

Karla Riera Betancourt.
Socióloga y experta en vinculación con la comunidad y violencia de género.

Riera agrega que en el caso de Colombia, los delitos que se denuncian a través de escrache, «o más conocidos como delitos cibernéticos, tienen una condena de apenas el 0,5 %, es decir se investigan muy poco porque las denuncias no llegan a fiscalía«.

Y aunque pareciera que el escrache está en aumento, Riera no lo ve así. En países como Colombia aún es difícil que las víctimas se animen a hablar y ciertamente, aunque hay referentes jurídicos, es mucho lo que falta por aprender.

Por un lado, la Corte Constitucional ha reconocido la necesidad de una justicia con enfoque de género. De otro lado, aunque no está tipificado, en el sentido más literal del caso, el escrache puede ser tomado como una denuncia pública en un eventual proceso judicial.

Algunos referentes legales que se pueden estudiar para tener en cuenta son la Ley 1257 de 2008, por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres; la Ley 1959 de 2019, por medio de la cual se modifican y adicionan artículos de la Ley 599 de 2000 y la Ley 906 de 2004 en relación con el delito de violencia intrafamiliar; y como precedente, la Sentencia T239 de 2018, sobre casos de acoso sexual contra mujeres en Institución de Educación Superior en Ibagué.

Qué tener en cuenta para hacer escrache:

Estas recomendaciones son tomadas de la Red Jurídica Feminista y del diálogo con Karla Riera.

  • No hacer afirmaciones sobre el delito, hacer un relato en palabras sencillas.
  • No afirmar la culpabilidad, usar «presunto».
  • Si el escrache se hace por parte de una tercera persona (no la víctima), entonces hablar en tercera persona. «Cuando se realiza un escrache en la virtualidad jamás se lo hace desde perfiles propios, sino que se lo crea desde perfiles colectivos como organizaciones, coaliciones, movimientos, etcétera«.
  • «Es por eso que es muy importante que este mecanismo sea colectivo, ya que  al ser viralizado en redes sociales es muy improbable que te lleguen a comprobar un delito. Sin embargo, en Colombia las autoridades cuentan con un departamento de delitos cibernéticos que si el acusado llegara a comprobar que tú fuiste la persona que viralizó ese contenido se podrían dar sentencias condenatorias y ahí tu abogado tendría un papel central para solicitar un acuerdo de disculpas públicas con la persona afectada«.
  • Argumentar la falta de seguimiento a las denuncias por parte de las autoridades, por ejemplo; ante las autoridades de la universidad, superior en el trabajo, etcétera.
  • Realizar el proceso formar ante la Fiscalía.
  • Aclarar si se ha iniciado un proceso formal ante la Fiscalía, en caso de que no, enfatizar en la falta de garantías.
  • Si no se quiere exponer el nombre del agresor, puede reemplazarse el nombre por **, en un número igual a su nombre para facilitar que otras víctimas lo identifiquen.

Y desde Impacto TIC nos permitimos agregar otras pautas. Teniendo en cuenta que es la publicación y difusión de información:

  • Verificar y contrastar información.
  • No hay que escribir ni una sola palabra de la que no se esté seguro.
  • Trabajar con archivo, evidencias y soporte.
  • Usar lenguaje claro, conciso y transparente.
  • Hay que evitar servir como vehículo de otro tipo de intereses.

Casos de casos…

Sobre si hay buenas y malas prácticas alrededor del escrache, por supuesto, tanto de fondo como de forma. La socióloga Riera recuerda algunos casos. Positivos: Las experiencias de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina y también en Colombia con el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «han sido colectivos ciudadanos que se han organizado  para utilizar este mecanismo como protesta y movilización para pedir justicia a las autoridades argentinas y colombianas. Este mecanismo a muchas madres, esposos, hijos e hijas les devolvió la paz y la tranquilidad y les permitió llegar a tribunales para exigir justicia y obtener justicia en muchos casos».

En cuanto a un ejercicio equivocado, desde su análisis, está el caso de Ted Bundy en Estados Unidos. «El escrache a este asesino serial le ayudó para salir libre de muchas condenas hacia violencias y asesinatos donde la población mediante el escrache en el espacio físico lo quería condenar y lo que hizo es que lo popularizó como uno de los mejores asesinos de la historia de los Estados Unidos y gracias a ellos se salvó de 25 juicios y salió libre, solo en el último juicio lo declararon culpable. El error del escrache aquí es que las personas que los escracharon, o sea sus víctimas, se olvidaron de que no hay que humanizar al denunciado y al hacerlo lo volvieron una persona famosa culpable en vez de una persona culpable«.  

En un escenario más actual, una de las mayores denuncias durante la pandemia ha sido el aumento de los casos de violencia contra las mujeres. No solo por estar encerradas en casa con sus agresores, también desde los escenarios virtuales, especialmente desde los entornos educativos.

«En los últimos meses hemos escuchado que se ha agudizado casos de violencia y acoso sexual en el medio de las plataformas virtuales en clases tanto en el medio colombiano como en países de la región; los escraches de las estudiantes visibilizan que las mujeres  estamos dejando de lado el silencio y [las estudiantes] están comenzando a denunciar a sus profesores por estos abusos. Sin embargo, esta práctica tiene un lado negativo, porque muchas chicas que se atreven a escarchar a sus acosadores lo realizan de manera individual y no tienen el apoyo colectivo que se necesita para que esto llegue a instancias de Justicia no solo en las instituciones de educación superior sino a nivel estatal, porque son casos que  no se pueden quedar en impunidad. Realizarlo desde lo individual no asegura un cambio en estas conductas violentas, pero sí asegura que las víctimas que han denunciado esto mediante redes han sido más violentadas, revictimizadas y hasta culpadas de estos actos«, finalizó Riera.

Tomado de: Secretaría de la Mujer (Bogotá).

Nunca será hora de callar

Sí, han aumentado los casos de escrache en Latinoamérica, la capacidad de viralizar un mensaje es real y algo que permiten los entornos digitales. Las víctimas al no tener justicia recurren a esta práctica, y de hecho no solo en entornos virtuales, en los espacios físicos también –prepandemia, pero que seguramente irán regresando–.

Pero, según el análisis de Riera, quien cita a la escritora Marta Lamas en su libro Acoso: ¿denuncia legítima o victimización?, «lastimosamente hemos pasado del escrache en redes sociales a la justicia machista, es decir, un mal que intenta ser curado por otro mal«. Por lo que con más ahínco, se defiende que no es hora de callar.