computación cuántica

El viaje cuántico que redefinirá la ciberseguridad en Colombia



Dirección copiada

Una caja compacta que opera a temperatura ambiente en la Universidad de los Andes es el reflejo físico de la próxima revolución informática. Expertos en ciberseguridad advierten sobre la llegada del Día Q: el momento en que las matemáticas del futuro romperán la seguridad digital de las empresas y los gobiernos.

Publicado el 27 de may de 2026

Sandra Defelipe Díaz

Periodista especializada en tecnología, en medios digitales, producción de contenidos y liderazgo editorial



Computación cuántica en Colombia
Foto: Universidad de Los Andes

En el marco de la cumbre Trust Without Borders Bogotá, visitamos el laboratorio de la Universidad de los Andes para ver de cerca un computador cuántico real. Un recorrido pedagógico por el mundo del spin, el choque de la criptografía tradicional y la urgente necesidad de preparar al país para el inminente ‘Día Q’.

Imagine que entra a una habitación y, en lugar de encontrarse con el clásico servidor de racks ruidosos metido en una mole refrigerada por mangueras gigantescas, se topa con un dispositivo compacto. Es pequeñito, como un maletín, uno poderoso, que reposa detrás de un vidrio y funciona a temperatura ambiente. Sin embargo, en el corazón de esa pequeña caja importada de China se esconde una de las tecnologías más disruptivas del siglo XXI: la resonancia magnética nuclear aplicada a la informática.

Este aparato, la versión 1.0 de SpinQ fue el gran protagonista de un escape tecnológico durante la cumbre realizada en Bogotá. Mientras 158 participantes de 25 países debatían en los paneles principales sobre firmas electrónicas, armonización regulatoria e interoperabilidad global, la agenda dio espacio para esta visita con el objetivo de  entender la ciencia detrás de la próxima gran revolución.

Allí, estudiantes de Física nos dieron la bienvenida con una claridad que desmonta cualquier pretensión grandilocuente: “En este computador solo hay 2 qubits. Es la tecnología más básica”.

¿Qué es un qubit y cómo funciona la superposición cuántica?

Para entender este universo, el estudiante nos propuso hacer una analogía directa con la informática tradicional que usamos a diario. En nuestros teléfonos y computadores clásicos, la información se procesa mediante bits. Un bit es aburridamente predecible: es un interruptor que solo puede estar encendido (1) o apagado (0).

En la Computación Cuántica, la unidad fundamental es el qubit (bit cuántico). Para explicar la famosa superposición cuántica, olvidémonos por un momento del desgastado gato de Schrödinger. Pensemos mejor en una moneda colombiana de 500 pesos. Si la ponemos sobre la mesa, la moneda nos mostrará la cara o el sello; eso es un bit. Pero si la hacemos girar rápidamente sobre el escritorio, la moneda está en un estado dinámico donde es cara y sello al mismo tiempo mientras se mantenga el movimiento. Solo cuando ponemos la mano encima y la detenemos –lo que en física se llama “colapso de la función de onda“–, se define por un único valor.

Un computador cuántico aprovecha ese giro. El dispositivo de la universidad utiliza un tubito pequeño con una muestra líquida de dimetilfosfito, rodeado por dos imanes de neodimio. Al aplicar un campo magnético de 750 militeslas y ráfagas de radiofrecuencia, logran alterar el spin (el giro o momento angular) de los átomos de la molécula.

“La gracia es que cada movimiento que hace, cada rotación representa una compuerta lógica”, detalló el estudiante. Al final, cuando las partículas intentan regresar a su estado de equilibrio energético, emiten una frecuencia que los detectores traducen en datos.

El equipo de la Universidad de los Andes usa para sus qubits la tecnología de resonancia magnética nuclear —la misma que en medicina mete a una persona en un tubo gigante para ver sus órganos—. En este caso, la muestra es una molécula de dimetilfosfito: átomos de hidrógeno y fósforo que vibran en frecuencias específicas cuando son perturbados por radiofrecuencia. El computador lee esas frecuencias y extrae información. “La gracia es que todas estas partículas empiezan a moverse y ellas quieren volver a su estado inicial de energía”, explicó el estudiante. “Cuando llegan otra vez arriba, emiten una frecuencia que podemos determinar“.

La ventaja de tener varios qubits trabajando en superposición es exponencial. Dos qubits pueden representar 4 estados simultáneamente; 10 qubits, 1.024 estados; mil qubits, más combinaciones que átomos hay en el universo observable. Es como si, en lugar de recorrer un laberinto paso a paso, pudieras explorar todos los caminos al mismo tiempo y encontrar la salida en instantes.

La magia matemática radica en que, si un computador clásico tiene que recorrer un laberinto probando un camino a la vez, un sistema cuántico con suficientes qubits puede explorar todos los pasillos del laberinto en simultáneo. No procesa más rápido en términos de reloj tradicional; procesa de una forma completamente distinta.

La respuesta: criptografía post-cuántica, y el reloj ya corre

Es aquí donde la emoción científica se cruza con la preocupación de los expertos en ciberseguridad. Los sistemas de cifrado que protegen hoy los ahorros en las aplicaciones bancarias, las contraseñas de correos institucionales y las bases de datos gubernamentales se basan en la algoritmia RSA y de Curva Elíptica (ECC). Estos métodos son seguros porque resolver los problemas matemáticos detrás de ellos (como factorizar números primos gigantescos) le tomaría a un supercomputador clásico miles de años de intentos secuenciales.

Pero un computador cuántico de gran escala destruye esa ventaja temporal. Explicaron el riesgo con una analogía muy cotidiana: la clave de cuatro dígitos de un casillero o un candado común. “Cada dígito puede tener del 0 al 9, lo que nos da 10.000 combinaciones. Un computador clásico iría probando una por una. La gracia de la computación cuántica es que es como si estuviésemos tomando todos los posibles valores al mismo tiempo”.

Este poder es la raíz del concepto que congeló los ánimos en la cumbre de Bogotá: el Q-Day (o Día Q). Se trata del momento hipotético —previsto por expertos globales para la década de 2030 o incluso antes— en el que las computadoras cuánticas alcancen la potencia y estabilidad necesarias (del orden de miles de qubits con bajo nivel de ruido) para romper de forma instantánea el cifrado digital del planeta.

No estamos hablando de un peligro lejano de películas de Hollywood. Organizaciones criminales y agencias de inteligencia globales ya están aplicando la estrategia de “almacenar ahora, descifrar después” (Harvest Now, Decrypt Later). Esto significa que están robando y guardando datos cifrados de alta sensibilidad hoy, sabiendo que en una década podrán abrirlos como si tuvieran la llave maestra.

Frente a esta amenaza, el optimismo ciego es peligroso. El gigante tecnológico Dell Technologies y especialistas de infraestructura abierta como Red Hat ya vienen insistiendo en la urgencia de migrar hacia un modelo híbrido y abierto de seguridad digital, fundamentado en la criptografía post-cuántica (PQC). Se trata del desarrollo de nuevos algoritmos matemáticos que resulten inmunes tanto a los ataques de computadores clásicos como a los cuánticos.

Colombia frente al espejo: talento, brechas y urgencia

¿Qué tan lejos está Colombia de este escenario? El Computador Cuántico de dos qubits que visitamos en la Universidad de los Andes es puramente pedagógica. Al preguntar sobre la ganancia de velocidad actual para resolver un algoritmo complejo frente a un PC clásico, su respuesta fue contundente: “Con esta tecnología no estás ganando tiempo. Esto se basa más para enseñanza”.

Para dar el salto a resolver problemas logísticos, químicos o de ciberseguridad industrial, se requieren máquinas de más de 1.000 qubits reales y estables, infraestructuras multimillonarias que solo poseen gigantes transnacionales o potencias gubernamentales. Además, el propio estudiante nos recordó que la física molecular de estos sistemas de escritorio tiene un tope severo: “El límite químico de esta tecnología es cuatro, pero el actual es dos. No se puede hacer un upgrade”. Las otras vertientes tecnológicas que escalan a miles de qubits requieren superconductores, blindajes electromagnéticos extremos y sistemas de refrigeración que rozan el cero absoluto (-273 °C), multiplicando los costos astronómicamente.

A pesar de estas barreras físicas, Colombia no puede quedarse de espectadora de brazos cruzados. Como se debatió en el panel de cierre de Trust Without Borders, la verdadera oportunidad para América Latina no consiste en reemplazar la confianza digital de golpe, sino en colaborar activamente en rediseñar esa confianza para la próxima década.

El panorama local cuenta con luces tempranas pero valiosas. Instituciones de educación superior como la Universidad del Valle (Univalle) ya lideran investigaciones teóricas avanzadas y alistan semilleros de talento humano en Computación Cuántica, preparando a los profesionales locales que deberán administrar estas arquitecturas. Asimismo, científicos internacionales como el físico Mark Jackson han señalado en escenarios editoriales previos que países en desarrollo pueden aprovechar el poder de la Computación Cuántica sin comprar los costosos equipos físicos, conectándose a ellos mediante servicios en la nube (Quantum as a Service) para resolver dilemas agrícolas, de distribución de energía o de optimización de transporte regional.

El reto principal para el país es de gobernanza, soberanía de datos y política pública. El Ministerio TIC y el Departamento Nacional de Planeación (DNP) tienen el desafío de actualizar las directrices de ciberseguridad nacional y los documentos Conpes de Transformación Digital para incluir, de manera explícita, la transición hacia estándares criptográficos post-cuánticos. Esperar a que llegue el Día Q para reaccionar significaría condenar la infraestructura crítica nacional a una vulnerabilidad sistémica.

Uno de los mensajes clave que surgieron de la cumbre en Bogotá es que, la confianza digital transfronteriza es una construcción colectiva entre la industria, la academia y los reguladores públicos. La ciberseguridad del futuro inmediato demandará un cambio cultural profundo, un entendimiento claro de que la soberanía de nuestra información nacional dependerá de las matemáticas que elijamos hoy para protegernos mañana.

El pequeño computador cuántico que descansa en los laboratorios de Los Andes no va a descifrar las cuentas bancarias del país, ni reemplazará en el futuro cercano a los microchips tradicionales de nuestros teléfonos móviles, los cuales siguen siendo extraordinariamente baratos y eficientes para las tareas cotidianas. Pero su presencia y uso pedagógico es un recordatorio físico de que el mañana ya llegó.

Colombia tiene tiempo, talento y contexto geopolítico favorable. Hace parte de la conversación global —como demostró el Trust Without Borders 2026— que puede jalarla hacia estándares avanzados de seguridad digital. La pregunta no es si el Q-Day llegará. La pregunta es si cuando llegue, la identidad digital de los colombianos, sus datos de salud, sus contratos y sus transacciones financieras estarán protegidos por algoritmos del futuro o seguirán dependiendo de candados del pasado.

Como lo resumió Alejandro Munévar, CEO de GSE, durante la apertura de la cumbre bogotana: cuando Malcolm McLean estandarizó el contenedor de carga en 1956, no ganó por tener el mejor diseño posible, sino porque suficiente número de actores acordó usarlo. El valor no estuvo en el estándar. Estuvo en la confianza que ese estándar creó entre partes que nunca se habían conocido.Eso es exactamente lo que Colombia necesita construir ahora, antes de que la moneda cuántica termine de girar y caiga.

Artículos relacionados