Hace un par de semanas asistí a la presentación del libro ‘Inteligencia Artificial: Una Legislación a Futuro’, escrito por el abogado y consejero de Estado John Jairo Morales Alzate. El autor cuenta con una amplia trayectoria académica como decano de Derecho en las universidades Santo Tomás, Los Libertadores y Manuela Beltrán. Además, su formación incluye especializaciones en derecho administrativo, comercial y constitucional, junto con una maestría en la Universidad de Konstanz (Alemania). Morales ha compartido su conocimiento como profesor en más de diez instituciones colombianas y ha sido docente invitado en las universidades de Tübingen y Kiel.
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Inteligencia Artificial: Una Legislación a Futuro
El libro ofrece un análisis jurídico tridimensional -pasado, presente y futuro- de la Inteligencia Artificial y su relación con el Derecho. En su primera mitad, el autor recorre la evolución histórica de la IA, sus fundamentos teóricos (modelos simbólico, conexionista, evolutivo y corpóreo) y los distintos tipos de sistemas inteligentes.
Desde allí pasa a examinar el llamado ‘poder reconfigurador’ de la IA sobre las garantías constitucionales -el debido proceso, la privacidad, la no discriminación- identificando riesgos como el sesgo algorítmico, la concentración del poder tecnológico y el debilitamiento de la democracia. Propone dos paradigmas regulatorios para encuadrar las respuestas jurídicas: uno atenuado (Pat-OJIA) y uno acentuado (Pac-OJIA), aplicando el primero al análisis de la sentencia T-323 de 2024 de la Corte Constitucional colombiana.
La segunda mitad del libro se enfoca en el estado de la regulación de la IA en el hemisferio occidental -Europa, Estados Unidos y América Latina- y en la construcción de la política pública colombiana, revisando el CONPES 3975 de 2019, el CONPES 4144 de 2025 y el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026.
Se estudia también el uso real de la IA dentro de la Rama Judicial colombiana mediante una encuesta a sus servidores, y se analiza el Acuerdo PCSJA24-12243 de 2024 del Consejo Superior de la Judicatura. El cierre más relevante del libro es su propuesta de una arquitectura legislativa integral para Colombia: clasificación de sistemas de IA por nivel de riesgo (bajo, medio, alto y prohibido), principios rectores como transparencia, control humano y equidad, creación de un organismo regulador especializado, regímenes de responsabilidad diferenciada para desarrolladores, operadores y entidades públicas, y mecanismos de protección laboral frente a la automatización.
En esencia, la obra es tanto un diagnóstico crítico como una hoja de ruta normativa para que Colombia regule la IA sin frenar la innovación y sin sacrificar los derechos fundamentales. Con todos esos pergaminos no podía perderme el acercarme al libro y a su autor, de un tema de suma importancia para mi quehacer cotidiano.
Las NBIC y Peter Diamandis
Podría extenderme más para hablar de una obra que es y será de obligatoria consulta en el Congreso de la República, ahora que están discutiendo varios proyectos de ley para regular la IA y están viabilizando la creación de una comisión con dedicación específica para el tema de la Inteligencia Artificial.
Pero, voy a dedicarme a hablar del acrónimo en cuestión que reencontré en el libro del profesor Moralez Alzate y de mi encuentro con Peter Diamandis que es, quizás el mejor y más lúcido exponente de lo que son las NBIC con su teoría de la Tecnología Exponencial que es el núcleo de lo que estudian quienes van a la Singularity University, de la cual es uno de sus principales creadores.
El acrónimo NBIC se refiere a la convergencia de cuatro campos científicos y tecnológicos de vanguardia: Nanotecnología, Biotecnología, Tecnologías de la Información y Ciencias Cognitivas. El término nació en diciembre de 2001 en Estados Unidos. Fue acuñado y formalizado por Mihail Roco, William Sims Bainbridge y Carlo Montemagno en el artículo científico, pionero de todos estos temas, ‘Converging Technologies for Improving Human Performance’ (Tecnologías convergentes para mejorar el desempeño humano), publicado oficialmente en 2002.
Si bien es cierto, el concepto de Tecnología Exponencial no es original de Peter Diamandis y es más bien la conjunción de ideas del futurólogo Ray Kurzweil, autor del libro ‘The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology’ con Gordon Moore, cofundador de Intel y creador del concepto de la Ley de Moore que en 1965 observó que el número de transistores en un circuito integrado se duplicaba aproximadamente cada dos años, reduciendo el costo. Esta capacidad de cómputo creciente y cada vez más barata se convirtió en la base de la ‘exponencialidad’ digital.
Hoy la mayoría de autores que investigan y hablan de estos temas, aceptan que Peter Diamandis con su concepto de la 6D para definir si una tecnología es exponencial fue quien mejor logró encausar o englobar los conceptos diversos y explicar que una Tecnología Exponencial “…son aquellas que avanzan a una velocidad que duplica su capacidad o eficiencia en intervalos regulares, y este crecimiento se traduce en una disminución drástica de costos y una proliferación rápida en su adopción.”
O dicho de otra manera: “Tecnologías que duplican su potencia o velocidad de procesamiento cada año, mientras que su coste se reduce a la mitad”. Peter Diamandis dice que la Tecnología Exponencial se refiere a herramientas y tecnologías cuyo poder, velocidad o rendimiento se duplica aproximadamente cada año mientras su costo disminuye, siguiendo una curva de crecimiento exponencial en lugar de lineal.

Son tecnologías exponenciales la Inteligencia Artificial, la Computación Cuántica, la Biología Digital y Genómica, la Robótica y los Vehículos Autónomos, la Impresión 3D (Fabricación digital) y la Nanotecnología. Tecnologías que, usadas, unas con otras, están produciendo el mayor salto cualitativo y cuantitativo de la humanidad, ayudadas, especialmente por el enorme “estartazo” que le está imprimiendo a todas las demás tecnologías los logros recientes en IA.
El mundo ya no es el que conocieron nuestros padres y en los próximos 30 años va a cambiar de una manera tan drástica que va a mover los cimientos de todas las sociedades del mundo. Lo grave del asunto es que muchos de los beneficios de esta radical Transformación Digital y tecnológica se están quedando no tan solo en los países más desarrollados sino, también, en las capas más altas de la sociedad.
Si bien es cierto, la mayoría de los beneficios de esta Cuarta Revolución Industrial (4RI) como la llamó Klaus Schwab, creador del Foro Económico Mundial, están llegando, poco a poco, a irrigar dividendo sociales y económicos en la mayor parte de la sociedad mundial, no es menos cierto que solo una capa minúscula tiene acceso, con facilidades, a todas las bondades y logros que ya hay en uso de las ya mencionadas tecnologías exponenciales.
De la admiración y el asombro al estupor y el rechazo: los tecno oligarcas
Hace 30 años atrás, cuando iniciaba el boom de las computadoras de escritorio o PC y Bill Gates era algo así como el Quijote que había dominado a los molinos de viento y había logrado que cualquier parroquiano se entendiera, fácilmente, con una computadora, no había sino admiración. Saber que Microsoft había nacido en el garaje de la casa de sus padres, no hacía sino incrementar nuestra admiración. Luego vinieron, por esa época, dos muchachitos, Sergey Brin y Larry Page, creadores del famoso buscador Google y nuestro entusiasmo y actitud reverencial hacia esa camada de emprendedores tecnológicos no avizoraba nuestro futuro desengaño.
El poder de las llamadas Big Tech está basado en la Economía de la Información y en la Economía de la Atención. “…El término ‘Economía de la atención’ fue acuñado por el psicólogo, economista y premio Nobel Herbert A. Simon, quien postuló que la atención era el “cuello de botella del pensamiento humano”, que limita tanto lo que podemos percibir en entornos estimulantes como lo que podemos hacer. También señaló que “una abundancia de información crea una escasez de atención”, sugiriendo que la multitarea es un mito.
Posteriormente, en 1997, el físico teórico Michael Goldhaber advirtió que la economía internacional estaba pasando de un modelo basado en lo material a uno basado en la atención, destacando la gran cantidad de servicios gratuitos ofrecidos en línea.
Esta ‘Economía de la información’ es producto de la ‘Sociedad de la información’, un entorno en el que la humanidad entra de manera desigual e inequitativa, tal como lo describe Manuel Castells en su trilogía ‘La era de la información: economía, sociedad y cultura’.
En términos técnicos, la economía de la información es una rama de la microeconomía que estudia cómo la disponibilidad, asimetría y costo de los datos afectan las decisiones económicas. A diferencia de la teoría clásica, esta disciplina reconoce que la información es costosa, imperfecta y suele estar distribuida desigualmente entre las partes.
Pues bien, aquellos emprendedores que admiramos en los años 70 y 80 se convirtieron en los hombres más ricos del mundo y trajeron una nueva forma de ver el destino de la humanidad, atravesado por una visión miope y utilitarista que les dice que ellos han aportado mucho para el progreso mundial y que por lo tanto todos los seres humanos les salimos a deber. Se olvidan ellos que muchas de las investigaciones y desarrollo que los convirtieron en lo que son hoy, se debió o se debe, a los ingentes subsidios dados por los gobiernos de sus países, en especial a los desarrollados en Estados Unidos.
Lo peor no es la inequidad o la desigualdad en el acceso a las tecnologías exponenciales. Lo peor es la aberrante e impúdica concentración de riqueza en unos cuantos magnates del mundo de la tecnología que hoy ofician como los dueños del mundo aliados con un puñado de populistas de derecha que, no se han dado cuenta o no quieren darse por enterados, que actúan como unos títeres que defienden los intereses de esa nueva ultra clase privilegiada.

La tecno-oligarquía se refiere, precisamente, al poder concentrado en un pequeño grupo de magnates de la tecnología (líderes de Big Tech como Marck Zuckerberg, Tim Cook, Elon Musk, Peter Thiel, Jeff Bezos, Bill Gates, Sundar Pichai, Sergey Brin, Larry Page y otros) que controlan la infraestructura digital, la Inteligencia Artificial y la información global. Esta élite ejerce una influencia desproporcionada sobre la política, la economía y la geopolítica, a menudo actuando como actores soberanos que moldean la sociedad con ideologías de ultraderecha.
Los cinco magnates tecnológicos más ricos concentran un patrimonio superior a la exorbitante cifra de un billón de dólares, algo así como PIB total sumado de Colombia, Chile y Perú. ¡Qué horror! “No son solo innovadores, sino los arquitectos del orden posmoderno que está emergiendo a través de la IA, la disrupción digital y el capital tecnológico”, dijo el filósofo Alessandro Aresu.

Las NBIC y Colombia
Lo único que queda por decir es que Colombia está en el tren que no es cuando vemos que la inversión en I+D+i no llega siquiera al 1 % del PIB y se sitúa en los últimos años en algo así como el 0,3 %. Argentina, con todos sus problemas económicos destinó el 0,6 %, el doble de lo nuestro. Y el otro dato desalentador es que apenas contamos con, aproximadamente, 19 doctores (PhD) por cada millón de habitantes, evidenciando un rezago frente al promedio regional de 70 y muy por debajo de países como Brasil (107).
Enorme tarea para el próximo presidente o presidenta de Colombia
Analista de Telecomunicaciones y TIC para Impacto TIC. Antes en Portafolio. Colaborador de El Tiempo, Razón Pública y DPL News
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