El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) advierte que la próxima década estará marcada por una “era de competencia” en la que la confrontación geoeconómica, el debilitamiento de la movilidad social y la aceleración de la Inteligencia Artificial (IA) podrían reconfigurar tanto los riesgos globales como el empleo en todo el mundo. Esta ‘Era de la competencia’ se caracteriza por una fragmentación geopolítica donde el comercio, las finanzas y la tecnología se utilizan como herramientas de influencia estratégica, situando la estabilidad del orden internacional en una situación de vulnerabilidad.
El ‘Global Risks Report 2026‘ (Reporte de Riesgos Globales 2026) y el ‘Four Futures for Jobs in the New Economy: AI and Talent in 2030′ (Cuatro futuros paralos trabajos en la nueva economía: IA y talento en 2030) plantean un escenario de alta incertidumbre para gobiernos, empresas y fuerza laboral, con impactos directos en la estabilidad económica, la cohesión social y las políticas de talento.
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¿Cuáles son los riesgos más críticos para 2026 según el WEF?
El Global Risks Report 2026, con más de 1.300 personas expertas de academia, sector privado, gobiernos y sociedad civil, identifica la confrontación geoeconómica como el riesgo más probable de provocar una crisis global en 2026, seleccionada por el 18 % de quienes respondieron. La categoría incluye el uso de sanciones, aranceles, controles de capital y cadenas de suministro como armas de influencia, lo que amenaza el funcionamiento de la economía interconectada.
El informe muestra un deterioro de la percepción del panorama global: 50 % de quienes participan anticipan un entorno “turbulento” o “tormentoso” en los próximos dos años, cifra que aumenta a 57 % en el horizonte de diez años. Entre los riesgos que ganan relevancia se encuentran la desaceleración económica, la inflación, el estallido de burbujas de activos y el aumento de la deuda pública y privada, todos ellos con fuertes conexiones con desigualdad, salud y estabilidad social.
Junto a las tensiones económicas, la desinformación y la ciberinseguridad aparecen como preocupaciones críticas. El uso de contenido sintético y la dificultad para distinguir la verdad en entornos digitales están profundizando la polarización social, un factor que el informe identifica como el tercer riesgo más severo a corto plazo.
En paralelo, el WEF advierte de un descenso en la prioridad otorgada a los riesgos ambientales a corto plazo, pese a que los eventos climáticos extremos siguen apareciendo entre los más severos en el horizonte de diez años. Esta “repriorización” hacia riesgos geoeconómicos, tecnológicos y sociales deja al cambio climático en una posición delicada, justo cuando se proyectan impactos más intensos en infraestructura, energía y recursos hídricos.
¿Cómo impactará la Inteligencia Artificial el futuro del trabajo para 2030?
El documento recoge que 54 % de ejecutivos encuestados a nivel global espera que la IA desplace un número significativo de puestos existentes, mientras que solo 24% cree que la tecnología creará muchos nuevos empleos. Además, cerca de 45 % anticipa un aumento en márgenes de ganancia gracias a la IA, pero únicamente 12 % proyecta un impacto positivo en los salarios, lo que refuerza el riesgo de que la productividad se desacople de la mejora en ingresos laborales.
El informe del WEF sobre empleo identifica también que las megatendencias —fragmentación geoeconómica, transición verde y cambio tecnológico— podrían crear alrededor de 170 millones de nuevos puestos de trabajo al 2030, al tiempo que desplazan unos 92 millones, con impactos diferenciados por sector y región. La demanda por competencias asociadas a la alfabetización en IA creció 70 % entre 2024 y 2025, según datos de LinkedIn citados en el documento, lo que revela una brecha acelerada entre quienes adquieren estas capacidades y quienes quedan rezagados.
Los cuatro escenarios del WEF para el talento y la tecnología
El WEF proyecta la evolución del mercado laboral mediante el cruce entre el ritmo de avance de la Inteligencia Artificial (IA) y el nivel de preparación de la fuerza laboral. En el escenario de Progreso supercargado, la armonía entre un desarrollo tecnológico exponencial y una ciudadanía altamente capacitada dispara la productividad global de forma equitativa. Aquí, hay avances exponenciales en IA, junto con una fuerza laboral ampliamente preparada, disparan la productividad y crean nuevas ocupaciones centradas en el diseño y supervisión de ecosistemas de IA, pero presionan los sistemas de protección social y los marcos éticos. La inversión acumulada en IA entre 2025 y 2030 superaría los 1,3 billones de dólares en infraestructura de datos, cómputo y talento, con la IA convertida en actor central de la economía.
Por el contrario, la Era del desplazamiento surge cuando la automatización supera la velocidad de adaptación social, provocando un aumento del desempleo estructural y erosionando la confianza pública debido a la limitada preparación del personal para integrarse en los nuevos entornos digitales. En este escenario la IA avanza rápido pero la preparación del talento es limitada, lo que lleva a una automatización masiva como respuesta a la escasez de habilidades, con desempleo elevado, caída de la confianza de personas consumidoras y concentración de poder económico en pocas plataformas tecnológicas. En este contexto, los sistemas de bienestar se ven sobrecargados y el riesgo de inestabilidad social aumenta.
Por otro lado, la Economía de copiloto describe un entorno de adopción masiva de IA donde la escasez de talento especializado obliga a utilizar la tecnología como un asistente indispensable para aumentar las capacidades de la población trabajadora generalista. Se evidencia en un mundo con progresos graduales de IA y alta preparación de la fuerza laboral, donde la tecnología complementa tareas humanas y transforma cadenas de valor mediante equipos híbridos humano-IA. Aquí, la productividad crece de forma sostenida, la movilidad laboral aumenta y se revalorizan habilidades de resolución de problemas, gestión y capacidades sociales.
Por ultimo aparece el escenario del Progreso estancado, que se presenta cuando, a pesar de contar con personal formado en tecnologías de frontera, la implementación empresarial e institucional se detiene por barreras regulatorias o falta de inversión, lo que genera un desaprovechamiento del talento disponible. Estos escenarios advierten que el éxito de la transición económica dependerá de la capacidad de los gobiernos y las organizaciones para sincronizar la innovación técnica con la formación continua de la población. Combina el avance de la IA con baja preparación del talento: la productividad es irregular, se recurre a automatización parcial para cubrir vacantes y la brecha entre regiones y sectores con capacidades avanzadas y aquellos rezagados se amplía. En este escenario, la esperanza de prosperidad impulsada por IA se transforma en frustración y desigualdad estructural.
¿Qué riesgos plantean la computación cuántica y la infraestructura física?
El análisis de riesgos profundiza en los “saltos cuánticos” y sus implicaciones para la seguridad digital. El avance acelerado en computación cuántica representa una amenaza directa para la infraestructura de criptografía actual, lo que podría llevar a un colapso sistémico de la confianza digital si se lograra el descifrado masivo de datos. Este desarrollo no solo es un reto técnico, sino un nuevo frente de rivalidad estratégica que podría ensanchar la brecha entre las naciones que lideran esta tecnología y el resto del mundo.
Por otro lado, la infraestructura física también se encuentra en riesgo. El envejecimiento de las redes de transporte, energía y agua en las economías de la OCDE, sumado a fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, aumenta la posibilidad de fallos críticos. Según el informe, las empresas en países de ingresos bajos y medios ya pierden anualmente unos 300.000 millones de dólares debido a deficiencias en estos servicios básicos.
¿Qué deben hacer las empresas y gobiernos ante la “era de competencia”?
Ambos documentos convergen en un mensaje: las decisiones de política pública y de inversión que se tomen hoy en talento, infraestructura y gobernanza tecnológica determinarán si la IA actúa como motor de inclusión o como acelerador de desigualdad y polarización. El WEF propone “estrategias sin arrepentimiento” para organizaciones, entre ellas alinear las estrategias de tecnología y talento, invertir en colaboración humano-IA, fortalecer la gobernanza de datos y anticipar necesidades de capacidades para futuras cadenas de valor.
En el plano macro, el Global Risks Report 2026 subraya la urgencia de reforzar la cooperación multiactor y los mecanismos de gobernanza para manejar riesgos interconectados que van desde la deuda y las burbujas de activos hasta la infraestructura crítica, la desinformación y los impactos adversos de la IA. El reto para países como Colombia será articular políticas de educación, innovación, trabajo y competitividad que permitan aprovechar las oportunidades de la nueva economía sin agravar las brechas existentes.El panorama hacia 2036 sugiere que, aunque la resiliencia económica se mantiene, la gestión de riesgos requerirá formas de colaboración más pragmáticas y la reconstrucción de mecanismos de confianza que hoy parecen debilitados. La toma de decisiones en el presente determinará si la aceleración tecnológica conduce a una prosperidad compartida o a una fragmentación social y económica irreversible.







