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Salt Altman y el golpe de Estado fallido en OpenAI



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Salt Altman regresa. En menos de 72 horas, la empresa de Inteligencia Artificial más popular del planeta, OpenAI, ha tenido tres directores generales protagonizando lo que sería uno de los peores ‘golpes de Estado’ de la historia de la tecnología.

Publicado el 23 de nov de 2023



OpenAI


La historia de OpenAI no tiene nada que envidiar a los mejores dramas televisivos: traiciones, arrepentimientos, alianzas, amigos y un regreso triunfal con sabor a venganza. Sus protagonistas: Salt Altman, la junta directiva de OpenAI y, por supuesto, el mayor inversionista de la empresa, Microsoft.

De esta forma, Altman regresa a su empresa tras ser notificado, un viernes, de que su junta lo había destituido porque el directivo “no fue lo suficientemente sincero con el consejo y obstaculizó la capacidad de éste para llevar a cabo sus responsabilidades”.

Tras esta noticia, Greg Brockman, cofundador y expresidente de la empresa, renunció a su cargo y comenzó una batalla mediática entre viejos amigos. La razón: el otro cofundador y director científico de OpenAI, Ilya Sutskever, parecía ser uno de los cabecillas del golpe, pero en cuestión de horas esto se desmintió, o él cambió de opinión, ya que el mismo Sutskever le pidió al consejo que renunciara y trajera de vuelta a Altman.

Lo curioso es que Sutskever hace parte del mismo consejo junto a personas que no forman parte de la empresa ni trabajan para ella. Porque OpenAI es una empresa singular con un componente sin ánimo de lucro y cuyo comité controla la división que sí tiene fines comerciales, y donde Microsoft ha invertido miles de millones de dólares.

La bolsa y la ganga

Al despedir a Altman un viernes, en una emboscada en toda regla, el consejo de OpenAI no tuvo en cuenta el impacto que esto podría tener sobre Microsoft, cuyas acciones sin duda se verían afectadas cuando se abriera la bolsa de valores el lunes próximo. Esto originó una maratón de decisiones donde Satya Nadella, CEO de Microsoft, empezó a mover fichas como un ajedrecista furioso.

Ese mismo fin de semana se hicieron acercamientos con el consejo para zanjar las diferencias y las cosas parecían que iban por buen camino, como lo demostró un anuncio en redes sociales de Altman con la etiqueta de invitado (a OpenAI) y donde decía que era la primera y última vez que iba a vestir eso.

Sin embargo, el consejo se alejó y Nadella, como respuesta, contrató a Altman como un nuevo empleado de Microsoft en la división de IA. De igual forma, el director de tecnología de Microsoft, Kevin Scott, manifestó en redes sociales que contratarían en igualdad de condiciones salariales a los empleados que deseen unirse.

La nueva jugada de Microsoft fue un golpe maestro; en pocas horas, más de 670 empleados de los 700 de OpenAI escribieron una carta al consejo pidiéndoles que renuncien y traigan de vuelta a Altman o ellos se irían con él. Con ello, Microsoft no solo garantizó que el precio de sus acciones subiera, sino que también podría comprar a OpenAI sin comprarla.

Recordemos que la valoración de OpenAI antes del problema superaba los 80 mil millones de dólares, y Microsoft apenas tenía comprometidos poco más de 11 mil millones en esta empresa. Si las cosas seguían como parecía, se iban a llevar todo el talento humano a precio de ganga.

La presión y los extraños

La junta de OpenAI se vio entre la espada y la pared, con la mayoría de los empleados en su contra y el enojo de su mayor inversionista. Fue una presión tal que incluso se acercaron a la competencia, a Anthropic, para sugerirle que se unieran, pero fueron rechazados.

Tras el despido de Altman, se nombró como CEO a Mira Murati, quien asumió el cargo el sábado y que, por cierto, también firmó la carta contra la junta. El lunes se nombró a Emmett Shear, ex CEO de Twitch, como el nuevo director ejecutivo, pero este también tuvo sus encontronazos al pedirle al consejo que le explicara claramente los motivos del despido de Altman.

La junta, por cierto, está compuesta por extraños a OpenAI con excepción de Sutskever, personas ajenas a la empresa como Adam D’Angelo, el cofundador y director ejecutivo de Quora, y dos líderes menos conocidas en el campo del emprendimiento tecnológico y más reconocidas por sus trabajos académicos y filantrópicos: Helen Toner, directora de estrategia y becas de investigación en el Centro de Seguridad y Tecnología Emergente de Georgetown, y Tasha McCauley, científica robótica y co fundadora de fellow robots.

El futuro y las redes

Otro giro en la novela llegó cuando se dio a conocer que D’Angelo estaba en plenas conversaciones para traer de regreso al CEO de su exilio. Para ello se crearía una nueva junta ‘temporal’ compuesta por el mismo Adam D’Angelo, Bret Taylor, ex CEO de Salesforce, y Larry Summers, ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos.

En sus redes, Sutskever dio a conocer su profundo arrepentimiento por lo sucedido y aseguró que nunca quiso lastimar a OpenAI, mientras Toner aseguró que por fin, tras todos los problemas, podría dormir.

Aunque todavía falta mucho por contarse, parece que la tormenta ha pasado, dejando a un Altman reforzado y un nuevo consejo donde Microsoft tendría un puesto asegurado.

Y por último, ya empezaron a circular rumores por las redes sobre los motivos ocultos por los que fue despedido el directivo, llegando incluso a decirse que era por avances en la Inteligencia Artificial que podrían poner en riesgo a la humanidad. ¿Usted qué cree? ¿Sería una buena novela?”

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