El 22 de mayo de 2020, Ricargo Ruge, abogado y activista, celebró a través de su cuenta de Twitter el retiro de la Reforma Tributaria que presentó el gobierno. La victoria se dio después de una petición que él mismo creó en la plataforma Change.org, que exigía el retiro del proyecto de ley e iba dirigida para el Senado y la Cámara de Respresentantes. La petición consiguió el apoyo de 947.595 personas. La exigencia de los ciudadanos pasó de lo digital a las multitudinarias manifestaciones que concentraron a miles de personas en las calles. 

«Fue una campaña que recogió una indignación generalizada, pero también les ha dado oportunidades a otras personas de movilizarse por otros medios para exigir que tumbaran una reforma tributaria que nos hacía daño», puntualiza Ricardo Ruge sobre el éxito que tuvo la recolección de firmas en la plataforma. Destaca que llevar un millón de firmas al Congreso es todo un reto, pero también es toda una presión social y política: «Es un millón de personas que vía digital le está diciendo al Congreso que hunda la reforma. Esto fue una presión para que el Gobierno dijera no». 

El caso de la reforma tributaria se repite con otras iniciativas que se iniciaron en estas plataformas y en las redes sociales. Ahora la manera de hacer activismo en el mundo ha cambiado. Con herramientas como Change.org o Avaaz.org buscan crear comunidades a nivel global e impulsar movimientos sociales con el fin de sumar adeptos a sus iniciativas y, muchas veces, lograr que lo que empieza en lo digital se convierta en cambios políticos y sociales. 

No obstante, pese a los cambios que en los últimos años se han dado en la manera de ejercer la participación ciudadana, los gobiernos se siguen rigiendo con las mismas leyes de antes, por lo que los movimientos sociales que inician en estas plataformas no los obliga a tomar decisiones basadas en las firmas o peticiones. Pero la presión que se ejerce desde ellas es un buen mecanismo para alcanzar los objetivos.

Por ejemplo, Change.org es una plataforma que, como su nombre lo dice, busca generar cambios sociales. Cualquier persona puede firmar, iniciar o respaldar una petición de un tema de interés para su comunidad con la idea de obtener cambios reales. Las campañas para recoger firmas van desde la petición para que se hunda una reforma tributaria, la protección de los recursos naturales, la eliminación del acoso escolar, los derechos de los animales, o poner un semáforo en la esquina de la cuadra. 

Para conseguir éxito, las personas buscan que se vuelvan virales con el impulso de las redes sociales, y sumar firmas a favor de esa misma causa. Sin embargo, más allá de las tendencias que se generan en la virtualidad, Change.org busca que cada campaña tenga tal impacto que los tomadores de decisiones las acojan y se cree una verdadera transformación social. 

Para Claudia Patricia Sánchez, coordinadora académica de la Especialización en Comunicación y Periodismo Digital y líder del semillero de investigación en Comunicación Digital de la Pontificia Bolivariana de Medellín, las redes sociales y las plataformas de recolección de firmas son el canal donde las nuevas generaciones pueden alzar su voz y dar a conocer su preocupaciones: “Con la posibilidad que brindan las redes sociales, el poder de los jóvenes, que habían sido considerados como una generación apática, les permite dar a conocer sus posturas en temas que para ellos son importantes”.

La protesta digital lleva a otras acciones

Change.org es quizás la plataforma de recolección de firmas más conocida en el mundo. Está disponible en 12 idiomas y cuenta con equipos locales en 18 países, con cerca de 329 millones de usuarios en todo el planeta. En Colombia están registrados aproximadamente 9 millones de ciudadanos, lo que ubica al país entre los 5 del mundo con más usuarios. De acuerdo con Jonathan Rodríguez, director de Change.org Colombia, en el país 1 de cada 5 usuarios de Internet ha firmado una petición. «Desde hace 5 años hemos trabajado muy fuerte para que cada vez más colombianos se unan a la movilización digital y puedan usar nuestra plataforma como un lugar para luchar contra las injusticias y lograr cambios”. 

Una de las campañas exitosas de change.org recogió 70.000 firmas que se llevaron al Concejo de Bogotá, que declaró la emergencia climática en la ciudad. Foto: Change.org

En la pandemia, el portal se convirtió en una herramienta útil para alzar la voz en medio del confinamiento. Según cifras de Change.org, en todo el mundo se lanzaron más de 250.000 campañas relacionadas con la pandemia en decenas de países. Ante el aumento de peticiones, la plataforma tomó acciones adicionales para orientar a las personas, por lo que se inició una serie de talleres mensuales para formar a los usuarios en activismo digital. 

“Lo que queremos es tener, de un lado, una ciudadanía que en muchas ocasiones se siente indignada, poco conectada y poco representada por quienes tienen el poder de cambiar las cosas y tomar decisiones, y entonces en esa distancia que parece muy grande, donde ni los tomadores de decisiones ni la ciudadanía se articulan, lo que queremos desde Change.org es tejer un puente para que cada vez haya más diálogo y más capacidad de impactar entre todos”

Jonathan Rodríguez, director de Change.org Colombia.

La plataforma cuenta con un algoritmo que, cuando las personas crean un usuario con su correo electrónico, genera una IP que se asocia con ese perfil y no permite que se repitan las firmas. Todos los días hay un equipo que hace un monitoreo de las campañas que se van creando y evalúan qué peticiones tienen potencial y cuáles pueden ser apoyadas de inmediato. El equipo hace un apoyo para que las campañas tengan visibilidad y mucha presión ciudadana; en algunos casos se hace la entrega de firmas. A la fecha, firmas recogidas en más de una docena de campañas diferentes se han hecho llegar al Congreso, ministerios y empresas privadas. 

“Nosotros tenemos una herramienta que se llama los perfiles verificados, donde cualquier persona tomadora de decisión puede crear un perfil. Claudia López en algún momento respondió a algunas campañas. Por ejemplo, en Francia, Emmanuel Macrón tiene un perfil verificado y ha respondido a un par de campañas; la ciudadanía puede dirigir las campañas a ellos y la idea es que ellos las respondan. En Colombia aún no es tan fácil que esas personas respondan y estamos trabajando en mejorar”, afirma Rodríguez. 

Pero Change.org no es la única. Además de la ya mencionada Avaaz.org, tambén está la plataforma Osoigo, que ofrece un lugar de diálogo directo entre políticos, organizaciones sociales y ciudadanía mediante campañas de apoyos. Está disponible en España, México, Chile, Colombia, Argentina y Perú. Los usuarios ingresan el país, departamento, ciudad o municipio y el tema por el cual quieren realizar sus preguntas. Uan vez hecha la pregunta, se puede compartir en redes sociales, en grupos de facebook, en foros, crear hashtags que ayuden a hacer viral la pregunta y recibir el mayor número de apoyo para que el personaje público encarcagado la responda.

Capacitar para el activismo

Para llegar a los tomadores de decisiones, Change.org cuenta con una fundación que tiene como objetivo impulsar el aprendizaje para impactar en la comunidad. La idea es empoderar a los principales grupos vulnerabilizados y a las minorías del mundo en el activismo. Entre sus programas pioneros está ‘Ellas cambian el mundo’, que busca principalmente empoderar a las mujeres en el activismo. 

«El programa se inició en India y ya lleva 6 ediciones; se ha hecho también en Indonesia, Nigeria y ahora está en América Latina, siendo Colombia el primer país del continente en hacerlo”, puntualiza Victoria Emanuelli, Training Manager de ‘Ellas cambian el mundo’ en la región. La situación de la mujer es un tema recurrente en la firma de peticiones y aunque no es una minoría sí es una de las poblaciones más vulnerabilizadas, por eso nació el programa ‘Ellas cambian el mundo’.

De acuerdo con cifras entregadas por Change.org, en Colombia la violencia contra la mujer tuvo un recrudecimiento del 30 % entre enero y junio de 2021. La plataforma alerta que en el primer semestre de este año se han registrado 44 feminicidios sumado a los casos relacionados con violencia económica (13), violencia interpersonal (51), violencia intrafamiliar (50), violencia sexual (1) y violencia sociopolítica (20).

El programa está dirigido a mujeres que quieran influir en sus comunidades a través del activismo. Su enfoque no es solo en temas de violencia de género, también se enfoca en temas sociales, ambientales, políticos, etc. La fundación Change.org financia la formación, con 35 becas y en sesiones virtuales se abordan temas como: Autonomía de las mujeres, maestría y dominio de los objetivos y campañas, y creación de comunidad. 

«El foco está en el activismo, pero también la idea es generar transformaciones sistémicas, nosotros creemos que los problemas sistémicos no se abarcan con uno o dos líderes, sino con un montón de gente generando poder en la ciudadanía. La idea es que generando una masa de mujeres críticas y activistas haya transformaciones más sustentables que a la vez involucren a las autoridades”, enfatiza Emanuelli. El programa se realizó del 28 de octubre al 2 de noviembre y la idea es que sea socializado con periodistas, influenciadores y tomadores de decisiones. 

Participación ciudadana con conciencia

Este tipo de programas es clave para que las iniciativas no sean del calor y emoción del momento, como pasa con la mayoría de debates en las redes sociales.“Para que el activismo digital en Colombia tenga efectos como por ejemplo la primavera Arabe, no se necesita solo de la mediación digital sino de una participación ciudadana y una cultura de escucha y de respeto hacia las posturas y las peticiones de los ciudadanos”, enfatiza Claudia Patricia Sánchez, quien desde el semillero de investigación en la Universidad Pontificia Bolivariana busca precisamente orientar a los jóvenes a que sean críticos en el tipo de narrativas que buscan el bien de la comunicación y no se queden solo desde la herramienta per se. 

Los cambios sociales de ahora son una combinación de una ciudadanía informada y consciente de los hechos, que cuenta con herramientas como Change.org, que le ayudan a masificar sus inquietudes pero que por sí solas no logran transformaciones. El activismo digital es un ejercicio que debe contar con la participación de todas las partes implicadas que puedan llegar a consensos. 

La campaña de la reforma tributaria y otras que han sido exitosas en la plataforma son un ejemplo para ver el poder de la ciudadanía unida tanto en las calles como en lo digital, pero también de los retos que tienen los gobiernos al momento de tomar decisiones que acojan estas nuevas formas de alzar la voz.

«Me parece que estas herramientas lo que le están mostrando a los gobiernos es que hay una forma distinta de tomar decisiones, que hoy los gobierno abiertos y con estrategia innovadoras están a la vanguardia de los gobiernos que garantizan las democracias. El mundo ha cambiado y definitivamente debemos estar al tanto de esos cambios”, afirma Ricardo Ruge, y concluye que «a futuro las decisiones se van a tomar a través de una aplicación y Change.org es un escenario que está posibilitando a ver hacia futuro en las democracias».


Imagen principal: Change.org