La expansión de los parques solares y los sistemas de autogeneración está transformando el sector energético colombiano. Sin embargo, el almacenamiento en baterías, la capacidad de las redes eléctricas y los trámites de conexión siguen siendo desafíos para aprovechar esta tecnología.
Que los paneles solares se estén volviendo parte del paisaje habitual en techos de casas, bodegas industriales y campos colombianos es una gran noticia para la seguridad energética del país. Pero llenar techos de silicona no basta. La electricidad tiene un dilema fundamental, de nada sirve producir megavatios en las horas pico de sol si no hay cómo guardarlos, moverlos por la red o aprovecharlos cuando la generación cae.
Ese fue justamente el llamado de atención que resonó en los pasillos de ExpoSolar 2026, la energía solar en Colombia. Mientras los fabricantes mostraban sus últimos avances tecnológicos, los expertos del sector pusieron las cartas sobre la mesa, Colombia está avanzando a ritmo acelerado en la adopción solar, pero la falta de infraestructura de almacenamiento y transporte sigue amenazando con dejar a medias la verdadera transformación energética.
En este artículo:
- La maduración del mercado, del piloto a la escala industrial
- El almacenamiento: la pieza que puede cambiar el panorama
- El crecimiento solar también pone a prueba las redes eléctricas
- De los grandes parques solares a los beneficios para las comunidades
- ¿Qué impide que más hogares y empresas adopten energía solar?
- Colombia tiene potencial, pero necesita acelerar la transición
La maduración del mercado, del piloto a la escala industrial
Hace apenas una década, convocar a los actores de las energías renovables en Colombia era una tarea titánica. Hoy, ExpoSolar Colombia congrega a cientos de fabricantes, distribuidores y especialistas alrededor de una industria que ha pasado al frente de la agenda económica del país.
Así lo recuerda Carlos Yepes, director en ExpoSolar Colombia, al repasar la evolución de la feria desde su debut en 2017. Para su edición de 2026, el evento desplegó una infraestructura con más de 450 expositores, 20.000 metros cuadrados de exhibición y una agenda académica con más de 130 charlas técnicas y conferencias.
“Ver a la industria realmente vinculada implementando energía solar, y a los hogares incorporando esta tecnología, es una satisfacción realmente muy grande”, afirmó Yepes.

El dinamismo de la feria encuentra su reflejo directo en los indicadores del país. De acuerdo con la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), Colombia generó 4.473,8 gigavatios hora de electricidad solar en 2025, superando en un 25 % a la generación térmica a base de carbón en ese mismo periodo.
No obstante, el contraste entre la velocidad de generación y la capacidad de almacenamiento expone la gran grieta del sistema eléctrico nacional. Según el tablero de seguimiento de la Upme (actualizado al 27 de octubre de 2026), el país sumaba 5.294,81 megavatios de capacidad instalada solar y eólica combinada, mientras que la subasta de energías limpias de julio apenas adjudicó cerca de 100 megavatios en sistemas de almacenamiento con baterías.
Aunque ambas métricas responden a dinámicas operativas distintas, sirven para ilustrar la dimensión del reto, mientras los parques limpios se multiplican, el almacenamiento entra a cuentagotas al mercado mayorista. A esto se suma que los proyectos adjudicados en dicha subasta entrarán a operar en 2030, dejando claro que esa capacidad no representa un alivio inmediato para la red actual.
El almacenamiento: la pieza que puede cambiar el panorama
El sol no atiende a los horarios de la oficina ni a los picos de consumo nocturnos en el hogar. Esa desconexión entre el momento en que los paneles generan energía y el momento en que realmente se necesita ha sido, desde siempre, el gran dolor de cabeza de la energía fotovoltaica.
La respuesta a este dilema viene de la mano de los sistemas de almacenamiento Bess (battery energy storage systems). Guardar la electricidad sobrante de las horas centrales del día para usarla cuando cae la tarde está cambiando las reglas del juego.
Para Carlos Yepes, uno de los avances más importantes de los últimos años está relacionado con las posibilidades de almacenamiento energético. “Yo creo que ha sido lo máximo que se está presentando en estos momentos”, señaló al referirse a las tecnologías que permiten aprovechar la electricidad generada por fuentes renovables.
Pero instalar una batería no es como conectar un electrodoméstico cualquiera. Daniela Gómez, vocera comercial de Energía y Movilidad, advierte que la falta de conocimiento técnico frena muchos proyectos. No basta con adquirir el equipo: hay que entender la carga requerida, la compatibilidad con el sistema fotovoltaico y la lógica operativa de la instalación.
“Primero, el desconocimiento en general. Tenemos que todos conocer sobre qué hablamos cuando hablamos de almacenamiento o de un sistema en donde necesitamos almacenar la energía”, explicó Gómez.
El marco regulatorio colombiano finalmente empieza a alinearse con esta necesidad. En junio de 2026, el Ministerio de Minas y Energía oficializó la integración de los Sistemas de Almacenamiento de Energía con Baterías (SAEB) a la red nacional, abriendo la puerta para que la electricidad acumulada bajo el sol sirva de respaldo en los momentos de mayor presión sobre el sistema eléctrico.
Las decisiones normativas tomaron forma concreta. En una jornada clave para el sector, la subasta nacional asignó cerca de 100 megavatios de potencia en baterías junto a un nuevo paquete de proyectos solares.
La cifra trasciende el número puro, es la señal de entrada para que las baterías dejen de verse como una solución aislada para autoconsumo y pasen a formar parte de los grandes contratos de suministro del país. Por primera vez, el mercado energético colombiano empieza a retribuir comercialmente la capacidad de guardar la energía solar para entregarla exactamente cuando el sistema más la necesita.
El crecimiento solar también pone a prueba las redes eléctricas
Instalar parques solares a lo largo del país es solo una parte de la ecuación. De nada sirve llenar hectáreas con paneles si las líneas de transmisión colapsan o no están listas para absorber esa energía. El reto de fondo es modernizar las autopistas eléctricas de Colombia para que puedan transportar, gestionar y controlar la electricidad solar exactamente donde y cuando se necesita.
Este es uno de los puntos que plantea Juliana Muñoz, product marketing manager de electrificación en media tensión de ABB Colombia. Desde su perspectiva, el país ha avanzado en la construcción de grandes parques solares, pero ese crecimiento también genera exigencias técnicas para el sistema eléctrico.
“Los mismos sistemas de generación solar están haciendo que el crecimiento de estos sistemas tenga que utilizar otro tipo de equipos para poder controlar los aportes”, señaló la ejecutiva.
Las baterías son vitales, pero no son una varita mágica. Como enfatiza Muñoz, los sistemas Bess resuelven buena parte del problema, pero la red necesita mucho más que almacenamiento: requiere sistemas inteligentes capaces de regular el flujo eléctrico y mantener el equilibrio del sistema cuando las condiciones del clima cambian.
Esta lectura nos recuerda una verdad crucial que a menudo se olvida en el debate público, cambiar la matriz no es simplemente apagar una térmica y prender un parque solar. La verdadera transición pasa por modernizar toda la arquitectura eléctrica que hay en el medio, adaptando la red para que la energía fluya de forma segura desde quienes la producen hasta quienes la consumen.
Un ejemplo de esta transformación es el parque solar La Loma, ubicado en el departamento del Cesar. La instalación cuenta con 187 megavatios de capacidad instalada y más de 400.000 paneles solares. Su operación comercial comenzó en 2024 y representa uno de los proyectos de generación fotovoltaica de gran escala más importantes del país.
Proyectos de este tamaño muestran el potencial de generación solar colombiano, pero también ayudan a dimensionar por qué la transmisión, la distribución y la gestión de la energía deben avanzar al mismo ritmo.
La propia Upme publicó en octubre de 2026 un tablero para consultar las capacidades indicativas de conexión de generación en las subestaciones del Sistema Interconectado Nacional para 2026 y 2027. La herramienta permite identificar dónde existe capacidad de conexión, un asunto relevante para los desarrolladores que buscan incorporar nuevos proyectos.
De los grandes parques solares a los beneficios para las comunidades
La transición energética cobra verdadero sentido cuando deja de ser un concepto abstracto en las conferencias y empieza a aliviar el bolsillo de la gente.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en Barrancabermeja en junio de 2026. Allí se inauguró una granja solar de 1.001,22 kilovatios pico que, con 1.628 paneles instalados, beneficia a casi 700 familias santandereanas.
Pero la cifra más poderosa no está en los paneles, sino en quienes reciben la energía, el proyecto dio vida a la primera comunidad energética del país integrada por madres comunitarias. Para treinta mujeres que sostienen el cuidado infantil en sus barrios, la generación fotovoltaica compartida se traduce en un aliento económico concreto, una rebaja de hasta el 60 % en la tarifa de luz, demostrando que el sol también puede ser un motor de justicia social.
Casos como estos ayudan a bajar la tecnología a la tierra. Muestran con claridad que la energía solar no es un privilegio exclusivo para grandes bodegas industriales o empresas con capacidad para financiar megaobras. Es, por encima de todo, un camino práctico para aliviar el bolsillo de las familias y llevar energía limpia a donde antes solo había tarifas altas o mal servicio.
El impulso en la región no se detiene ahí. En el corregimiento El Llanito avanza el proyecto Campo Gala, una iniciativa que suma otros 1.628 paneles fotovoltaicos diseñados para producir 1,5 millones de kilovatios hora al año. Esta generación solar no solo fortalece la red local, sino que demuestra cómo las comunidades rurales pueden ser protagonistas directas de la transformación energética en Colombia.
Son iniciativas que muestran diferentes formas de aprovechar el recurso solar: desde grandes parques conectados al sistema nacional hasta proyectos comunitarios que buscan compartir los beneficios de la generación.
¿Qué impide que más hogares y empresas adopten energía solar?
A pesar del crecimiento, todavía existen obstáculos para ampliar su implementación.
Carlos Yepes identifica dos grandes frentes. El primero tiene que ver con las condiciones regulatorias y los tiempos que pueden tomar los trámites para obtener una conexión eléctrica. El segundo está relacionado con los costos y el desconocimiento que todavía existe sobre el funcionamiento de las energías renovables.
“Que existan más incentivos, más voluntad de Estado porque realmente esto se generalice”, plantea el director de ExpoSolar al referirse a las condiciones necesarias para acelerar la adopción.
La perspectiva coincide parcialmente con la de Daniela Gómez, quien considera que es necesario explicar mejor qué significa incorporar almacenamiento y movilidad eléctrica. Para la representante de Energía y Movilidad, el desconocimiento sigue siendo una barrera para que más personas y organizaciones comprendan estas tecnologías y sus posibilidades.
Así entonces, resulta crucial que los usuarios entiendan la diferencia entre instalar paneles solares y contar con un sistema de respaldo con baterías, pues no se trata de la misma solución. Mientras los paneles generan energía durante las horas de sol para reducir el consumo de la red, solo el almacenamiento con baterías garantiza autonomía y electricidad continua en la noche o ante eventuales fallas del servicio.
Una instalación fotovoltaica conectada a la red genera electricidad para el autoconsumo y, según su configuración y la normativa vigente, puede inyectar los excedentes a la red. En cambio, si una familia o empresa busca garantizar el suministro de electricidad durante la noche o frente a una falla en el servicio, debe evaluar la integración de un sistema de almacenamiento y adaptar su arquitectura eléctrica.
Por eso, antes de dar el paso e invertir, vale la pena poner sobre la mesa cinco variables clave:
- El pulso del consumo: entender cuánta energía realmente se gasta en el inmueble y en qué momentos del día se concentra la mayor demanda.
- La radiografía del espacio: evaluar con lupa las condiciones físicas del terreno o del techo, desde los metros disponibles hasta la orientación exacta frente al sol.
- El rol del almacenamiento: definir con claridad si el propósito es simplemente bajar la factura bajando el consumo de la red, asegurar energía durante la noche o blindarse ante apagones e interrupciones.
- La ecuación financiera: sopesar la inversión inicial, los costos de mantenimiento, los años de vida útil de los equipos y la realidad del ahorro esperado.
- La normativa técnica: revisar a fondo las condiciones de conexión a la red y asegurarse de que cada componente cumpla con los reglamentos eléctricos vigentes.
Visto así, la decisión de pasarse al sol no debería nacer de la promesa milagrosa de una factura más barata, sino de un diagnóstico honesto de las necesidades energéticas de cada usuario.
Colombia tiene potencial, pero necesita acelerar la transición
Para Carlos Yepes, el país tiene todo para seguir creciendo en energías renovables hasta convertirse en un líder indiscutible en América Latina. A pesar del camino recorrido, el director de ExpoSolar insiste en que Colombia apenas está mostrando una fracción de la velocidad a la que podría avanzar.
Una lectura muy similar comparten desde la firma ABB. Juliana Muñoz sitúa a Colombia como el gran faro de la región andina en materia fotovoltaica, destacando que el crecimiento de esta tecnología apenas empieza a mostrar sus mejores frutos.
Pero el partido no se gana solo instalando paneles en los techos. El reto que viene exige entrar a la ingeniería de fondo, masificar el almacenamiento en baterías, actualizar las redes eléctricas, acelerar las solicitudes de conexión y educar a los consumidores para sacarle el verdadero jugo a la energía solar.
La gran conclusión tras ExpoSolar 2026 va justamente en esa dirección, Colombia ya superó la prueba de meter la energía del sol en su matriz. Ahora la tarea es armar un sistema eléctrico moderno que permita usar esa luz cuando la gente realmente la necesita, extenderla a más regiones y hacer que encaje perfectamente con la infraestructura que ya tenemos.
Al final del día, la transición energética no se tratará de cuántos paneles fotovoltaicos se terminen montando, sino de convertir esa solidez tecnológica en facturas más justas, luz continua y bienestar tangible para los hogares, las industrias y las regiones del país.






