Agricultura urbana: la apuesta de Bogotá por comer mejor

Voceros de Conexión Colombia, el Jardín Botánico y Urban Farmers Pro explican cómo la agricultura urbana fortalece la seguridad alimentaria.

Conexión Colombia, la Embajada del Reino de los Países Bajos, el Jardín Botánico de Bogotá, Urban Farmers Pro y el AgroLab de la Universidad de los Andes se reunieron en un conversatorio impulsado por P4G para analizar cómo la agricultura urbana puede aportar a la seguridad alimentaria de las ciudades frente al crecimiento poblacional y la presión sobre los ecosistemas.

¿Cómo puede promoverse la innovación agrícola desde las ciudades si al pensar en ello viene es la ruralidad a la cabeza?, «En mi país tuvimos que ponernos creativos«, bromeó Ben Kubbinga, agregado de agricultura de la Embajada del Reino de los Países Bajos, para explicar que buena parte de la innovación neerlandesa nace de una limitación territorial: Colombia es casi 27 veces más grande que los Países Bajos, lo que llevó a ese país europeo a ser creativo para aprovechar su territorio, incluso dentro de las ciudades.

«El reto no es únicamente cómo producir más alimentos, sino encontrar nuevas formas de alimentar a nuestras ciudades crecientes sin aumentar la presión sobre nuestros ecosistemas«, afirmó Kubbinga.

Hoy, la agricultura urbana es cada vez más visible, en terrazas, parque o separadores viales, entre otros escenarios. Se trata de un conjunto de prácticas de cultivo, procesamiento y distribución de alimentos, e incluso la cría de animales a pequeña escala (como la lombricultura), realizadas dentro de ciudades o zonas periféricas.

El diplomático también describió el llamado diamante holandés, un ecosistema de innovación en el que productores, empresas, gobiernos, universidades y ONG trabajan de manera articulada. Como ejemplo mencionó el Centro de Excelencia en Aguacate, en Manizales, que adapta soluciones neerlandesas a las necesidades locales en sostenibilidad, calidad y productividad.

Por otro lado, Andrés Bernal situó el debate en un escenario demográfico: para 2050 buena parte de la población mundial vivirá en ciudades, y con ella crecerá la presión sobre los ecosistemas que hoy sostienen la producción de alimentos. La ciudad tiene que estar involucrada en la producción agrícola.

«Hoy nos acompañan organizaciones de la sociedad civil, universidades, instituciones públicas y empresarios, que es el tipo de grupo que necesitamos reunir para encontrar soluciones a problemas complejos como el de la alimentación«, señaló Andrés Bernal, director de Conexión Colombia. El directivo destacó además que P4G busca invertir de manera catalítica en emprendimientos que ayuden a resolver problemas complejos como este.

¿Cómo transformó el Jardín Botánico la agricultura urbana en Bogotá?

Wilson Rodríguez, coordinador general del proyecto de Agricultura Urbana y Periurbana Agroecológica del Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis, presentó un balance de más de dos décadas de trabajo. Bogotá cuenta hoy con más de 14.500 huertas activas y un equipo interdisciplinario de 88 profesionales, que ha capacitado a cerca de 800.000 de los 8 millones de habitantes de la capital en agricultura urbana. La entidad sostiene además 16 bancos comunitarios de semillas agroecológicas en la ciudad.

Rodríguez resaltó el problema de la intermediación en la cadena alimentaria: «Cuando tú lo pagas, pagas 4.000 pesos por una lechuga, y de esos 4.000 pesos el agricultor recibió 300 o 400 pesos. El que ganó fue el intermediario, pero el que sudó, el que madrugó, el que regó, el que cosechó, no ganó«.

Para el coordinador, ese diagnóstico es la base de la soberanía alimentaria de las huertas urbanas: la posibilidad de que cada hogar produzca al menos una parte de lo que consume. Bogotá tiene huertas centenarias, como la Huerta Micaela, en Suba, que data de 1948, junto a otras mucho más recientes.

Sobre esa red, el Jardín Botánico ha construido circuitos turísticos agroecológicos: en Chapinero existe una ruta para caminar de huerta en huerta entre los cerros orientales, una huerta ubicada en el Botánica Hostel prepara cócteles con hierbas cultivadas allí mismo, y otras huertas organizan lecturas de poesía entre los cultivos. La entidad también desarrolló, junto con la comunidad muisca de Bosa, un ejercicio de gastrobotánica para transformar alimentos frescos con recetas ancestrales, y hoy reporta 172 huertas con excedentes y más de 40 productos transformados, entre ellos bálsamos y labiales hechos con plantas como la caléndula.

¿Qué se necesita para escalar la agricultura en ambientes controlados?

Daniel Ramírez, cofundador de Urban Farmers Pro, relató que la idea de cultivar en contenedores reciclados surgió hace una década, durante su maestría, y que la empresa opera en Colombia desde hace cinco años.

Su sistema cultiva miles de plantas dentro de un contenedor en cualquier clima, con un ahorro de agua de hasta el 95 % frente a la agricultura tradicional. Ramírez detalló algunos datos sobre los costos de esta industria:»El costo ideal para hacer un sistema de estos muy rentable es que el costo por kilo sea, directo al consumidor, entre 80 y 90 mil pesos. Hace tres años yo producía a 40.000 pesos el kilo; ahora tenemos un costo por kilo de 15.000«, detalló Ramírez.

El emprendededor insistió en que la tecnología, incluida la Inteligencia Artificial que ya usan sus sistemas para generar predicciones, busca complementar y no reemplazar al campesinado. Desde la academia, Freddy Zapata, fundador del AgroLab de la Universidad de los Andes, coincidió en que escalar estas iniciativas exige generar confianza y validar cada prototipo con la comunidad:

«Cuando involucras a la comunidad, la haces parte del proceso, estás generando empatía. Es decir, los conocimientos son de todos, no son de uno solo«, señaló Zapata.

El trío de panelistas coincidió en que el mayor obstáculo para la agricultura urbana no es tecnológico sino de confianza, se necesita una prueba de concepto sólida para atraer inversión y una articulación real entre el sector público, la banca y las comunidades para que estas iniciativas dejen de ser casos aislados.

De cara a los próximos cinco años, el conversatorio dejó planteado un reto pedagógico para las ciudades y es el de traducir ese aprendizaje en un marco normativo estable y en datos que permitan medir el impacto real de la agricultura urbana sobre la seguridad alimentaria.

Sandra Defelipe
Sandra Defelipehttps://sandradefelipe.wordpress.com/
Periodista, comunicadora estratégica e investigadora con enfoque territorial y de género. Cofundadora de culturaenvivo.co y editora en Impacto TIC, cuenta con más de una década de experiencia explorando la intersección entre tecnología, derechos digitales, educación y apropiación social del conocimiento.

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