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La telemedicina es el futuro, aunque tal vez no es el presente

La medicina es tal vez una de las disciplinas que resultan más contraintuitivas para el trabajo remoto. En últimas, la relación entre un doctor y su paciente está ligada al cuerpo físico. Los diagnósticos, incluso los más básicos, requieren de interacción física por parte del doctor. La migración hacia lo digital tiene entonces una barrera importante de superar, y es cómo seguir entregando un servicio médico adecuado que además también sea de fácil acceso y digital. 

La crisis del nuevo coronavirus ha acelerado, de alguna forma, este paso hacia la transformación digital de las entidades prestadoras de salud. Desde el primer anuncio de cuarentena, el Presidente de Colombia, Iván Duque, anunció que se tomarían las medidas necesarias para facilitar la prestación de este tipo de servicios, aunque el camino todavía es bastante largo.

La inclusión de la telemedicina tiene una característica especial: permite realizar procedimientos básicos sin necesidad de contacto directo. Estamos en época de pandemia, y todo lo que signifique menos contacto directo será bienvenido. Más allá de la crisis, es importante pensar en cómo será el mundo de la medicina después de que la crisis no sea tan prevalente.

Un repaso por la telemedicina

Para empezar, el término telemedicina se refiere a la provisión de servicios médicos usando las tecnologías de la información y la comunicación, según la OMS. Vivimos en un mundo altamente conectado, en donde cada día se crean más y más conexiones a Internet, ya sean móviles o fijas.  

Paralelamente, el 55% de toda la población vive en ciudades, y se prevé que este número alcance el 68% hacia la mitad del siglo. En ciudades y pueblos principales la atención médica es un derecho al que se puede acudir 24/7, pero en lugares más apartados la prestación de servicios de salud se convierte en todo un desafío logístico.

Imagen: WikiMedia

Las conexiones por medio de internet, teléfono o radio proponen entonces una salida fácil a una problemática difícil. Según la misma OMS, los beneficios de la telemedicina no solo incluyen aumentar el acceso a los servicios de salud de los más necesitados, sino además mejorar las redes médicas ya existentes y crear redes interconectadas de salud.

“La telemedicina comienza cuando hay un organismo capaz de montar una red de profesionales –explica Eduardo Romero, del Centro de Telemedicina de la Universidad Nacional– y eso no ha pasado [en el país]”. La Organización Mundial de la salud afirma que, si bien es una solución muy factible, el costo y las tecnologías asociadas no existían de una manera masificada durante el siglo XX, cuando la telemedicina daba sus primeros pasos como un concepto. 

En Colombia, Romero lleva desde el 2004 implementado soluciones tecnológicas a una industria que pareciera que todavía se rehúsa a volcarse hacia lo digital. “Imagínese, si hoy la telemedicina suena como algo raro, en esa época eso sonaba como a la Nasa y astronautas”, afirma. 

Y aunque el público en general no alcanza a comprender el potencial de esta rama relativamente desconocida, la OMS se encarga de investigar y publicar casos de éxitos. En un reporte de hace una década podemos ver ejemplos de la telemedicina apoyando servicios de salud a la primera infancia en Mongolia y seguimiento en casos de cáncer de mama en el México rural. 

El cambio es cultural, no tecnológico

Cuando pensamos en medicina, por lo general la primera imagen que viene a la mente es la de un consultorio con el médico asignado o de confianza y el paciente narrando lo que lo aqueja. Si pensamos en telemedicina, esta imagen es inexistente, y la tecnología es la que pasa a mediar esa relación, con la corporeidad tomando un papel casi secundario.

“La telemedicina es un problema sociológico, antropológico, póngalo en los términos que quiera. Pero de toda la lista [de problemas], lo tecnológico va de último”

La cuestión es que, incluso si el potencial es bastante, la dificultad más grande viene por el lado cultural. “La telemedicina es un problema sociológico, antropológico, póngalo en los términos que quiera. Pero de toda la lista [de problemas], lo tecnológico va de último” afirma Romero.

El problema, de cierta forma, nunca ha sido tener las plataformas adecuadas o incluso una conexión de banda ancha. El Centro de Telemedicina dió sus primeros pasos en una Colombia de mediados de los 2000, cuando apenas entraba al Internet de manera masiva. Saruro, implementado en el 2006 y uno de los primeros sistemas de telemedicina en el país, debe su nombre a los 2 estudiantes de medicina de la UN y el profesor que los asesoró.

Sánchez, estudiante de Ingeniería de sistema de 8vo semestre; Rueda, estudiante de maestría de medicina, y el profesor Eduardo Romero. Con un programa ‘crackeado’, e implementando el protocolo HL7 —que regula los estándares para programas de telemedicina—, montaron la primera red de profesionales de la salud. 

“Trabajamos con las uñas, pero llegamos a las grandes ligas. Logramos tener una red de 80 hospitales, hicimos un monitor de signos vitales que se conectaba a Internet. Desde ese entonces han habido muchos errores” explica Romero.

La transición de gobierno en el 2010 trajo consigo también un cambio en la telemedicina. Desde ese entonces se ha sacado la Ley de Telemedicina, que reglamenta plataformas, estándares y prácticas para llevar a cabo una buena telemedicina en el país. Y aunque las ganas están en el papel, la práctica está mucho más atrás. 

No es tarde para innovar

Para empezar, en Colombia no existe una red unificada de profesionales de la salud que puedan prestar servicios unificados de telemedicina. El MinSalud ha dado los primeros pasos implementando una historia clínica electrónica unificada, pero todavía no han publicado resultados o incluso un plan concreto de implementación. 

“Ahorita todo el mundo anda preguntando qué es la telemedicina, cómo estábamos en telemedicina; y todo el mundo cree que telemedicina es coger una plataforma y conectar a la gente”, pero tal parece que incluso los esfuerzos en medio de la pandemia se quedan cortos. “Si usted no tiene una red de médicos dedicados a la telemedicina, esta bien podría decirse como no existente” dice Romero.

El Instituto nacional de salud ha implementado, por ejemplo, “un sistema de información para los laboratorios que diagnostican el COVID-19”, explica Carolina Villada. El sistema se llama SISMuestras, y precisamente permite a los profesionales enviar y recibir información directamente desde el INS.

Pensemos por un momento lo robusta que sería una plataforma de este tipo si además contáramos con el historial clínico electrónico al que se pudiera adjuntar y complementar la información del seguimiento de COVID-19 en el país. Los usos de este tipo se pueden pensar incluso después de la crisis, cuando pasemos a lo que llamamos la nueva normalidad.

El Gobierno nacional ha implementado políticas unificadas de telemedicina desde el año pasado, mientras que en ciudades como Bogotá su alcaldesa, Claudia López, fue elegida con promesas de impulsar la historia clínica electrónica. Aunque la mayoría de las EPS del país ofrecen desde hace años el servicio de programación de citas por medio telefónico, la crisis de COVID-19 le dio un empujón a servicios que antes eran secundarios. 

Desde el inicio de la cuarentena, la red de EPS del país ha incrementado la atención virtual de manera notable. Según cifras de Acemi, a comienzos de abril, la telemedicina representaba el 15% por ciento de los servicios (unas 5460.000 consultas) y para finales de mayo ya llegaba a 27% (alrededor de 2,4 millones de casos). Cifras alentadoras, pero que vuelven y caen en el error de pensar que telemedicina es simplemente utilizar plataformas digitales para resolver problemas físicos. La planificación y digitalización debe ir mucho más allá de la simple videoconferencia o llamada por teléfono. 

Desmitificando la telemedicina del futuro

El camino hacia la telemedicina está no en las plataformas que se usan para la atención médica, sino en qué tan robusta es la red de profesionales que apoyan los servicios virtuales. Plataformas existen muchas y gratuitas, incluso de gigantes como Google, Apple y Microsoft, pero el uso de ellas no es por sí solo una meta.

La esperanza, sin embargo, es que la crisis ha logrado poner de frente a los profesionales de salud y a la ciencia detrás de ellos. “Hasta los futbolistas pasaron a un segundo plano. Ahora los médicos son la referencia. Eso ha sido un cambio social profundo y esto hará que los médicos tengan mucha más importancia en el futuro” dice Romero.

Las máquinas de miles de dólares, las cámaras en alta definición, el Internet satelital; todas son herramientas, pero lo verdaderamente necesario es tener una red unificada en donde las mismas EPS puedan entrar, que dicha red sea también fácil de usar para los pacientes y que tenga todas las garantías que tiene la medicina presencial. La responsabilidad recae en las entidades gubernamentales para que la telemedicina no sea una visión del futuro, sino una realidad del presente.

Imagen principal: National Cancer Institute en Unsplash

Sebastián Romero Torres
Sebastián Romero Torres
Filósofo de formación y geek empedernido. Amante de los videojuegos, la tecnología, la música y el espacio.

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