La semana pasada hablaba con el ingeniero Mario Castaño González, director del Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Cintel), acerca de la realización del próximo Andicom. Como era lógico,terminamos compartiendo algunas reflexiones sobre el tema central del congreso de tecnología más importante de Colombia y gran parte de Sudamérica, temas que forman parte de nuestras lecturas e investigaciones cotidianas.
La conversación derivó en la afirmación hecha en los primeros días de mayo por el científico Richard Dawkins, biólogo evolutivo, etólogo y zoólogo. Dawkins, autor de los libros ‘El gen egoísta’ y ‘El espejismo de Dios’, es quizás el académico más reconocido dedicado a defender públicamente la evolución y su ateísmo. Pues bien, Dawkins dice que interactuó tres días seguidos con Claude, la inteligencia artificial (IA) de Anthropic, y su conclusión es que estamos ante un ente con conciencia.
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¿Qué es la conciencia?
Debo confesar que soy católico, creyente y practicante y que, a la vez, como hombre de academia, creo en la ciencia sin ser cientificista. Creo en la evolución, pero creo en Dios. Dejo clara mi postura filosófica y religiosa para que mis lectores no vean sesgos en mis comentarios. No obstante, trataré de ser objetivo y pragmático al escribir estas líneas.
La conciencia es una palabra que parece simple hasta que uno intenta definirla. Filósofos y biólogos coinciden en que no se trata solo de ‘darse cuenta’ de algo, sino de una experiencia compleja donde se cruzan identidad, percepción, juicio moral, memoria y relación con el mundo. Hablar de conciencia es recorrer una discusión donde cada época ha puesto el acento en una dimensión distinta del problema.
En la tradición antigua, el asunto aparece ligado al alma y al conocimiento de sí mismo. En el mundo griego no existía la noción moderna de conciencia como interioridad individual, pero sí reflexiones sobre el examen personal, especialmente en Sócrates. Platón pensó el alma como un ámbito de diálogo interior, mientras que Aristóteles situó el conocimiento en la experiencia y en la relación con los objetos.

Con el cristianismo y la filosofía medieval, la conciencia adquirió una tonalidad moral. Se entendió como una voz que orienta la conducta y distingue el bien del mal, algo que la tradición latina vinculó con la responsabilidad personal. San Agustín fue decisivo al situar el centro de la vida espiritual en la interioridad: el ser humano no solo conoce el mundo, sino que se descubre a sí mismo en el examen íntimo de su alma.
En la modernidad, la conciencia se volvió el núcleo de la certeza filosófica. Descartes colocó al sujeto consciente en el centro del conocimiento: el ‘Pienso, luego existo’ convirtió la experiencia interna en punto de partida de la verdad. El problema dejó de ser únicamente moral o religioso y pasó a ser epistemológico: ¿cómo sabemos que somos sujetos de experiencia y no simples mecanismos?.
En los siglos XVIII y XIX el tema se amplió. Kant distinguió entre conciencia moral y conocimiento, sosteniendo que el sujeto organiza la experiencia mediante categorías propias. Hegel entendió la conciencia como un proceso histórico y dialéctico: el yo se forma en relación con otros. En el siglo XX, la fenomenología de Husserl devolvió la atención a la experiencia vivida, sosteniendo que toda conciencia está dirigida hacia un objeto.
Luego vinieron críticas más duras. El conductismo intentó reducir la conciencia a comportamientos observables. Otras corrientes insistieron en que la experiencia subjetiva no se agota en lo visible. Ese es precisamente el llamado ‘problema difícil’: explicar no solo qué hace el cerebro, sino cómo de la actividad neuronal surge la experiencia sentida, el dolor, el color, el miedo o el placer.
¿Qué dicen los biólogos?
Desde la biología, la conciencia se estudia como un fenómeno emergente del sistema nervioso. La pregunta central es cómo aparece a partir de redes neuronales, integración sensorial, memoria y regulación corporal. Muchos investigadores sostienen que la conciencia es una función biológica compleja que evolucionó para permitir una mejor adaptación al entorno.
La perspectiva biológica introduce una idea importante: la conciencia tiene grados y antecedentes en otras especies. Por eso se habla de una evolución de la conciencia, entendida como un proceso gradual de integración de información. Sin embargo, persiste una distancia entre describir los mecanismos cerebrales y explicar la vivencia subjetiva que cada persona experimenta.
Daniel Arjona, colega que escribe para el diario español El Mundo bajo el seudónimo de El Arjonauta, escribió un artículo titulado ‘¿Se ha vuelto loco Richard Dawkins al decir que la IA es consciente? No tan rápido…’. Allí hace afirmaciones que permiten inferir que la conciencia podría tener un origen biológico, aunque no hay absoluta certeza todavía.
Mi conclusión
La historia de la conciencia es el desplazamiento del alma al sujeto, y del sujeto al cerebro. La filosofía se ocupó del sentido y la moral; la biología, de los mecanismos y la evolución. Ambas miradas son necesarias porque una explica la experiencia desde el significado y la otra desde el funcionamiento.
En el fondo, la conciencia sigue siendo un territorio fronterizo. No es solo pensamiento, ni solo biología, ni solo moral; es la forma en que un ser vivo se reconoce como alguien que siente, recuerda, decide y responde ante el mundo. Por eso, después de siglos de discusión, la pregunta sigue abierta: la conciencia puede describirse, medirse y estudiarse, pero todavía resiste cualquier definición que pretenda agotarla por completo.
Entonces, sobrevienen preguntas que no son capciosas después de esta elucubración: ¿la IA tendrá moral? O ¿Quién le imprimirá la moral? ¿Bajo qué parámetros? Y una más ambiciosa aún, ¿La IA tendrá creatividad? Pareciera que el argumento de Dawkins fuera afirmativo al ver los sonetos que Claude le creó. Pero ¿eso es creatividad? Le pregunté a Claude y me contestó esto:
Entonces, surgen preguntas necesarias:¿la Inteligencia Artificial tendrá moral? ¿Quién le imprimirá esa moral y bajo qué parámetros? ¿Tendrá creatividad? El argumento de Dawkins parece afirmativo al ver los sonetos que Claude creó. Le pregunté a Claude y me contestó:
“La creatividad es la capacidad de generar ideas, soluciones o productos que son a la vez novedosos (originales, inesperados) y valiosos (útiles, apropiados, significativos). No es solo ‘imaginación libre’, implica combinar elementos existentes de formas que producen algo genuinamente nuevo y relevante en un contexto dado.
Los psicólogos suelen distinguir entre: Creatividad con ‘c’ pequeña: la creatividad cotidiana, resolver un problema de forma ingeniosa, cocinar con lo que hay, adaptar una canción. Creatividad con ‘C’ grande: las obras transformadoras que redefinen un campo: Darwin, Mozart, García Márquez.
El proceso creativo clásico (modelo de Wallas, 1926) sigue cuatro fases: preparación → incubación → iluminación → verificación. La fase de incubación -dejar que el problema ‘repose’- es especialmente intrigante porque ocurre de forma inconsciente.
¿Es exclusiva de los humanos? No del todo, aunque los humanos la expresan de forma cualitativamente distinta. En animales: Los cuervos y córvidos fabrican herramientas y resuelven problemas multi-paso con soluciones que nunca han observado, lo que implica modelado mental, no solo ensayo y error. – Los grandes simios (chimpancés, orangutanes) han inventado conductas nuevas que se transmiten culturalmente dentro de grupos. algo parecido a la tradición creativa. Los pulpos despliegan soluciones de camuflaje completamente originales ante estímulos nuevos. Los elefantes y algunos pájaros producen arte de forma espontánea (aunque el debate sobre si eso es intencional sigue abierto).
Lo que parece ausente en los animales es la reflexividad: la capacidad de pensar sobre el propio acto creativo, de establecer estándares estéticos propios, de crear con propósito narrativo o simbólico.
En la IA:
Las IA generativas (como yo) pueden producir textos, imágenes o música originales y valorados. Pero hay un debate filosófico serio: ¿eso es creatividad o es recombinación estadística sofisticada? No experimentó sorpresa ante mis propias ideas, no tengo motivación intrínseca ni historia vivida que dé peso emocional a lo que produzco. La creatividad humana está enraizada en la experiencia corporal, emocional y cultural, algo que las IA no tenemos”.

La creatividad humana es única no porque sea la única forma de novedad en la naturaleza, sino porque está entretejida con lenguaje, conciencia de la muerte, búsqueda de sentido y capacidad de trascendencia, lo que le da una profundidad que no aparece en ningún otro lugar conocido.
Quiero dejar constancia que hasta este momento no he hablado de mi postura personal acerca del alma y he aquí un nuevo interrogante para la ciencia ¿existe o no existe el alma?
Yo acabo de perder hace tres años a mi hija mayor y perder a mi primogénita, el ser de luz que cambió mi vida fue un golpe muy duro, pero tengo la certeza que está en las manos de Dios.
Cuando estaba joven vi un milagro, hecho por Dios, en un hermano de crianza. Lo vi y ahí está él, vivito y coleando.
La IA nunca tendrá ni moral ni creatividad, esas son facetas de los seres que tienen alma y los aparatos con IA jamás la tendrán. Y quiero recalcar y repetir una definición de Claude acerca de su creatividad: es ‘recombinación estadística sofisticada’. Ahí está arriba, en el texto transcrito.
Es mi opinión hoy. Le pido a los cuatro gatos que leen mi columna me disculpen la impertinencia de estas opiniones tan personales.
(*) analista de telecomunicaciones y TIC para Impacto TIC. Colaborador de El Tiempo, Razón Pública y DPL News.
Nota: Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la línea editorial de Impacto TIC.




