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El cierre de Sora: Lecciones de una plataforma revolucionaria



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Tras ser considerada por algunos como el inicio de una nueva era en la producción audiovisual —al punto de firmar acuerdos con Disney—, Sora, la herramienta de producción de video de OpenAI (los creadores de ChatGPT), cierra sus puertas. ¿Cómo llegamos a este punto?

Publicado el 25 de mar de 2026

Jorge Hernández

Periodista de tecnología, escritor y libretista. Editor en ImpactoTIC



OpenAI cierra Sora, su modelo de generación de vídeo

El 27 de diciembre de 2025, Disney firmó un acuerdo que parecía vislumbrar el futuro de la industria audiovisual; se trataba de una sorpresiva alianza con Sora que implicaba un desembolso de 1.000 millones de dólares. Tres meses después, la noticia es otra: OpenAI anuncia el cierre de la plataforma.

Anunciada inicialmente en febrero de 2024, pero lanzada como una app independiente de generación de vídeo apenas en septiembre de 2025, Sora fue una de las estrellas de la Inteligencia Artificial Generativa aplicada al video y demostró el poder de OpenAI haciendo frente a otras plataformas como Runway ML, Stable Video Diffusion y Pika Labs, entre otros.

Para ser más exactos, su lanzamiento al público general llegó en diciembre de 2024 para usuarios de ChatGPT Plus y Pro en EE. UU. y otros países, con una expansión gradual a regiones como Colombia en diciembre de 2025.

¿Cómo llegamos a este punto?

En sus primeros meses, Sora se posicionó como un estándar de consistencia temporal, logrando clips de alta definición que atrajeron la atención de la industria cinematográfica y publicitaria. Sin embargo, también se enfrentó a costos operativos insostenibles y un entorno regulatorio cada vez más estricto.

Para combatirlos, a finales de 2024, OpenAI inició la comercialización de la herramienta para usuarios de pago, y para septiembre de 2025 lanzó una segunda versión orientada a capturar el mercado de videos cortos en redes sociales.

A pesar de alcanzar rápidamente los primeros puestos en las tiendas de aplicaciones, el interés de los consumidores comenzó a disminuir de manera significativa entre finales de 2025 y principios de 2026. Según reportes de inteligencia de mercado, las descargas cayeron cerca de un 45 % en pocos meses, lo que evidenció una dificultad para mantener el compromiso de los usuarios más allá de la fascinación inicial por la novedad.

Los problemas de Sora se acentuaron ante la llegada de competidores, principalmente de origen asiático. Modelos como Kling 3.0 de Kaishou y Sundance 2.0 de Byte Dance elevaron las expectativas del mercado al introducir resoluciones de hasta 4K a 60 cuadros por segundo y sistemas de control más precisos.

Siempre es el dinero

A los problemas legales y competitivos se sumó una crisis de costos operativos de OpenAI. Estimaciones de analistas indicaron que el mantenimiento de ChatGPT, la plataforma más conocida de esta tecnológica, costaba aproximadamente 700.000 dólares diarios en consumo de energía e infraestructura.

En un periodo donde OpenAI se prepara para entrar en la bolsa (esperada en 2026), la junta directiva de esta firma optó por priorizar la rentabilidad y la eficiencia. El cierre también responde a un cambio en las prioridades de OpenAI hacia el desarrollo de sistemas de Inteligencia Artificial de tipo agente y el entrenamiento de un nuevo modelo central.

La empresa decidió redirigir la potencia de cómputo hacia herramientas de productividad empresarial y asistentes capaces de ejecutar tareas autónomas en el software de los usuarios. En este nuevo esquema, OpenAI planea consolidar sus productos fragmentados en una aplicación única, una súper aplicación, que integre capacidades de chat, navegación web y programación. 

Legado y reconversión hacia la robótica

A pesar de su desaparición como producto de consumo, la tecnología de Sora no será descartada por completo. El equipo de investigación responsable del proyecto ha sido reasignado para trabajar en simulación de entornos físicos, un área fundamental para el avance de la robótica.

OpenAI considera que el conocimiento acumulado sobre la comprensión espacial y las leyes físicas dentro del video es un activo clave para entrenar robots que deban interactuar con el mundo real. De este modo, Sora deja de ser una herramienta de entretenimiento para convertirse en una capa de investigación básica para la Inteligencia Artificial física.

El impacto de Sora en la industria creativa, aunque breve, fue profundo. La herramienta funcionó como un laboratorio que obligó a los gremios creativos y a los legisladores a discutir seriamente los límites de la propiedad intelectual y la seguridad digital.

La proliferación de contenidos sintéticos también impulsó la necesidad de implementar marcas de agua y sistemas de verificación para combatir la desinformación. El retiro de Sora simboliza el fin de la etapa de experimentación descontrolada en el sector de la Inteligencia Artificial donde las empresas han comprendido que la viabilidad a largo plazo requiere no solo potencia técnica, sino también un marco legal sólido y sobre todo eficiencia económica.

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