Aunque históricamente el comercio ha sido una actividad intrínsecamente humana, estamos entrando en una era donde la compra y venta será delegada a agentes de Inteligencia Artificial. Estos actores son conocidos como machine customers (clientes máquina) o custobots (Customer bots), y representan una de las tendencias tecnológicas más disruptivas de la década.
El potencial económico de este sector es inmenso: la firma analista We Market Research estima que su valor de mercado escalará de los 1.400 millones de dólares registrados en 2023 a los 8.200 millones para el año 2033.
Y no es un fenómeno exclusivo de las corporaciones; de hecho, Gartner estima que para 2030, los agentes de IA influirán o ejecutarán directamente el 20 % de todas las transacciones de comercio electrónico. Esta tendencia sugiere un cambio de un modelo donde el humano navega y elige, a uno donde los asistentes de IA negocian y compran de forma autónoma basándose en preferencias del usuario.
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Diferencias clave y evolución
A diferencia de la automatización clásica basada en reglas rígidas, los custobots poseen autonomía para decidir. Analizan inventarios y proyectan necesidades futuras basándose en datos en tiempo real. Según la consultora Gartner, esta tecnología atraviesa tres etapas fundamentales:
- Cliente vinculado (actualidad): El ser humano mantiene el control total y la máquina solo ejecuta órdenes directas.
- Cliente adaptable (hacia 2026): Existe un liderazgo compartido; la IA comienza a tomar decisiones sugeridas o bajo supervisión.
- Cliente autónomo (proyectado para 2036): La máquina lidera y gestiona el proceso de compra de principio a fin de forma independiente.
Por qué dominarán el mercado
La utilidad de los machine customers es tangible. Pensemos en vehículos que solicitan sus propios repuestos antes de una avería, o electrodomésticos inteligentes que compran detergente o alimentos según los hábitos de consumo del hogar.
Para que este ecosistema funcione, se requieren dos pilares: datos y conectividad. Gracias a ellos, los custobots ofrecen ventajas competitivas que superan las capacidades humanas:
- Objetividad: No se ven afectados por impulsos emocionales, campañas de marketing engañosas o sesgos.
- Eficiencia extrema: Tienen la capacidad de procesar y comparar millones de ofertas en cuestión de segundos.
- Precisión: Son compradores incansables que operan con total transparencia y sin margen de error por agotamiento.
En definitiva, los clientes máquina se perfilan como los compradores eficientes, redefiniendo las estrategias de venta de todas las empresas a nivel global. Ya la publicidad no es suficiente y las estrategias de mercadeo deberán dirigirse hacia los agentes de IA.
En este nuevo escenario, la competencia se centrará en la optimización de datos estructurados y APIs: las empresas ya no seducirán con publicidad, sino que deberán convencer a los algoritmos mediante parámetros de rendimiento, precio y disponibilidad técnica.
El reto de la confianza y la seguridad
Claro, como toda nueva tecnología, los machine customers también enfrentan retos. Uno de los mayores frenos para la adopción masiva de los machine customers es la falta de un lenguaje universal entre plataformas. Para que un coche autónomo o una fábrica inteligente realice transacciones sin intervención humana, los sistemas de diferentes proveedores deben poder comunicarse y autenticarse entre sí de forma fluida.
Sin estándares globales de interoperabilidad y protocolos de pago seguros que funcionen bajo una arquitectura de confianza cero (zero trust), el ecosistema de los custobots corre el riesgo de fragmentarse en ‘islas tecnológicas’ que limiten su verdadera eficiencia operativa.
Más allá de la técnica, surge un reto ético fundamental: la trazabilidad de las decisiones. Si un agente de IA opta sistemáticamente por un proveedor sobre otro, es crucial determinar si lo hace por eficiencia real o debido a sesgos invisibles en su entrenamiento.
La posibilidad de sobornos digitales —donde una empresa paga para que su producto sea el preferido por el algoritmo de compra— plantea un escenario de competencia desleal difícil de auditar. Garantizar la transparencia en la lógica de decisión de estos clientes máquina será vital para que el mercado siga siendo justo y competitivo.
A medida que delegamos decisiones financieras en algoritmos, surgen interrogantes críticos sobre la ciberseguridad y la responsabilidad legal. Si un custobot realiza una compra errónea o es manipulado por un sesgo en su programación, la línea de autoría se desdibuja.
En otras palabras, estamos migrando a un mundo donde las empresas no solo deberán garantizar que sus sistemas sean eficientes, sino también invulnerables a ataques que busquen alterar los criterios de selección de estos compradores autónomos.







