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Europa revalúa su guerra contra el dinero en efectivo



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En días pasados, The Economist dio a conocer una tendencia hasta hace poco impensable: el retroceso en la guerra a muerte contra el dinero físico. ¿En qué consiste este cambio de rumbo y cuál es el estado actual del uso del dinero digital en el mundo?

Publicado el 16 de ene de 2026

Jorge Hernández

Periodista de tecnología, escritor y libretista. Editor en ImpactoTIC



Europa revalúa su guerra contra el dinero en efectivo

En un mundo dominado por las tarjetas de crédito, las criptomonedas y los pagos electrónicos, la Comisión Europea sorprendió en una reciente reunión de ministros al plantear medidas para impedir que comercios y empresas impongan políticas de “no cash” (no se acepta efectivo), reforzando así el mensaje de que el dinero en efectivo aún debe aceptarse como medio de pago.

Lo curioso es que la propia Europa, desde finales de la primera década de este siglo (hacia el año 2010), fue una de las abanderadas de la digitalización, buscando reducir el papel moneda para combatir la evasión de impuestos y el lavado de activos. ¿Qué motivó este cambio de idea?

En primer lugar, es que si bien Europa busca rescatar el uso del efectivo también es cierto que el monto de transacciones por este medio también tiene limitaciones, 10.000 euros es el tope actual según la Comisión Europea buscando precisamente controlar transacciones al margen de la ley.

Sin embargo, el efectivo sigue siendo necesario y muy popular, especialmente entre los segmentos de la población de mayor edad o con pocos recursos financieros. Además, existen escenarios donde el físico es la única opción, como lo recordó la ola de apagones masivos en España durante el 2025, cuando fue imposible retirar dinero de los cajeros o realizar pagos en las terminales electrónicas de los supermercados.

El dinero en efectivo y digital, un fenómeno global

Tras años de una digitalización acelerada que puso al efectivo contra las cuerdas, especialmente en los países nórdicos, varios gobiernos han empezado a dar marcha atrás debido a preocupaciones de seguridad nacional y exclusión social.

Ejemplos concretos de esta tendencia se observan en países como Eslovaquia, que ha elevado el derecho a usar efectivo a rango constitucional, o Suecia, donde el banco central aboga por leyes que obliguen a farmacias y supermercados a aceptar billetes. En el contexto de una creciente inestabilidad geopolítica, estas naciones consideran al efectivo como una infraestructura crítica de reserva ante posibles ataques cibernéticos o fallos prolongados en las redes eléctricas.

El panorama mundial muestra un fenómeno conocido como la paradoja del efectivo: mientras su uso en los puntos de venta disminuye, el valor total del dinero en circulación alcanza máximos históricos en diversas economías. Los ciudadanos parecen preferir los medios digitales para la conveniencia de sus transacciones diarias, pero mantienen el papel moneda como una reserva de valor segura y privada frente a la volatilidad del entorno digital.

El efectivo más allá de Europa

Las naciones con sistemas financieros más maduros, como Corea del Sur, se encuentran en un estado de digitalización casi total, donde el efectivo representa apenas el 10 % de las transacciones. Sin embargo, no ocurre lo mismo en todas las potencias. Como muestra, Estados Unidos mantiene un uso del efectivo cercano al 16 %, mientras que economías emergentes con baja bancarización, como Etiopía o Albania, registran niveles de dependencia del dinero físico superiores al 90 %.

En lo que se refiere a la región, América Latina ha emergido como un laboratorio de innovación financiera, con Brasil a la vanguardia gracias al sistema Pix. Desde su lanzamiento, Pix ha alcanzado una tasa de adopción del 95 % entre la población adulta, procesando miles de millones de transacciones mensuales y superando el uso de tarjetas de débito. Este éxito se atribuye a un mandato del banco central que obligó a las instituciones financieras a ofrecer el servicio de forma gratuita y universal.

Basándose en la experiencia acumulada con Pix, Brasil también impulsa el Drex, asociado a la representación digital del real. Drex utiliza tecnología de registro distribuido o Blockchain para permitir el uso de contratos inteligentes y dinero programable. Esto facilitará operaciones complejas, como la compraventa de inmuebles, donde el intercambio de la propiedad y el pago se realizan de forma simultánea y automática.

En Colombia, la puesta en marcha del ecosistema Bre-B busca replicar este dinamismo al interconectar servicios que antes estaban fragmentados. El objetivo es permitir que cualquier ciudadano pueda enviar dinero de forma instantánea usando únicamente su número de teléfono, independientemente de la entidad financiera que utilice. 

Hacia una convivencia de sistemas

El rumbo que toma el dinero global no parece dirigirse hacia la eliminación total de una modalidad sobre la otra, sino hacia una normalidad híbrida. Los analistas coinciden en que el futuro estará definido por la coexistencia de múltiples rieles de pago: transferencias inmediatas de cuenta a cuenta, billeteras digitales, tarjetas tradicionales, monedas digitales de bancos centrales y el propio efectivo.

En este nuevo ecosistema, la resiliencia del sistema será tan importante como su eficiencia. Las recomendaciones de organismos internacionales de incluir efectivo en los kits de emergencia para cubrir gastos básicos durante al menos una semana reflejan la vulnerabilidad de las redes digitales ante desastres naturales o incidentes tecnológicos. El dinero físico se consolida así como un seguro público esencial para la estabilidad social.

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