El concepto de la movilidad tecnológica existe desde la década de los 70. Este es un repaso por la movilidad más allá de los teléfonos inteligentes.
Cuando hablamos de movilidad, lo más probable es que la primera imagen mental de muchas personas sean sus teléfonos celulares. Sin embargo, aunque los teléfonos inteligentes se han convertido esencialmente en computadores en nuestras manos, la movilidad tiene una historia larga y que vale la pena repasar.
Como es de esperarse, la historia de la movilidad en tecnología ocurrió en paralelo a la historia de la computación. Mientras que por un lado se intentaba aumentar la capacidad de procesamiento de los computadores, también se buscaba la forma de reducir su tamaño y peso.
Computadores portátiles
Hoy en día podemos encontrar computadores que pesan un poco más de 1 kilogramo, como el Macbook Air. Hace 45 años, cuando IBM lanzó al mercado el primer computador personal, llegar a este peso era casi impensable. El IBM 5100 llegó en el año 1975, pesaba un poco menos de 23 kilos y era un computador totalmente funcional que podía cargarse de un lado a otro como si fuera una maleta. El 5100 tenía una pantalla CRT de 5 pulgadas, más pequeña, incluso, que las pantallas de algunos smartphones modernos.

Los “wearables”
La categoría de los “wearables” –también llamados computadores corporales o tecnología para vestir (básicamente, dispositivos que se pueden utilizar como una prenda puesta sobre o adherida al cuerpo)– puede pensarse que es un término más bien moderno y que aplica solamente a los relojes inteligentes que se ha popularizado. Sin embargo, este tipo de computadores existen desde hace varias décadas. Incluso antes de la masificación de los computadores portátiles, un hombre llamado Steve Mann ensambló computadores que se anexan a las prendas de ropa y la pantalla está por lo general muy cerca de los ojos. Sin embargo, aunque el las décadas de los 80 y 90 hubo intentos de crear piezas como gafas de realidad aumentada, o relojes que imitaban la funcionalidad de PDA (por la sigla en inglés de asistentes personales digitales), nunca fueron verdaderamente prácticos ni ofrecían tantas funciones para justificar el precio.



