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Turismo, un sector que requiere de la tecnología más allá de la virtualidad

De todas las industrias que se han visto afectadas como consecuencia de la crisis del COVID-19, tal vez ninguna haya sido golpeada tan fuerte como el turismo. Solamente salir de la casa tiene muchas restricciones y complicaciones; muy lejos está en nuestra mente –o, al menos, en la de los ciudadanos que cumplen a cabalidad las medidas de aislamiento– salir de la ciudad y mucho menos del país.

Según cifras de la Organización Mundial del Turismo, una rama de las Naciones Unidas, la llegada de turistas internacionales en el mundo se desplomó un 57 % en marzo, con respecto al mismo mes del año anterior. Dependiendo de la efectividad de las medidas de cuarentena, todos los escenarios apuntan a un reducción global de llegadas entre 58 % y 72 %.

En números, esto se traduce en una pérdida de entre 850 y 1.100 millones de turistas, con entre 100 y 120 millones de trabajos en riesgo. Esta es, de lejos, la peor crisis que ha afrontado el turismo internacional desde que las Naciones Unidas empezaron a registrar la cifras de esta industria, en 1950.

Colombia no ha sido ajena a esta crisis, y ciudades como Cartagena, Santa Marta y San Andrés barajan las cartas para evaluar cómo podría ser una posible salida. ¿Será posible la reinvención del turismo? ¿Qué medidas de contingencia existen? 

Las ramificaciones del turismo

La realidad del turismo es que, si bien es un mercado que beneficia principalmente al destino que visitan los turistas, también soporta otra cantidad de industrias. En primer lugar, la de transporte también ha recibido un golpe importante.

En cuanto al transporte terrestre, la crisis ha servido para mostrar 2 caras de la misma moneda. El transporte local ciertamente se ha visto afectado, pero el cierre de algunas de las terminales terrestres del país ha significado paralizar la mayoría de viajes intermunicipales. Un punto a favor es que el colapso del barril de petróleo ha ayudado a reducir los costos de operación terrestres, pero incluso así la reactivación económica puede que no sea fácil.

La situación en el aire, sin embargo, es mucho más crítica. Avianca, la aerolínea más conocida de Colombia (aunque hoy la mayor parte de su capital es panameño) y la segunda más grande en latinoamérica, se declaró en bancarrota.

Imagen: Joshua Hanson en Unsplash

Si muere el transporte, mueren los lugares que dependen de la entrada constante de turistas. En Cartagena, por ejemplo, “la actividad turística está de hecho paralizada, desde el cierre mismo de aeropuertos y fronteras la ciudad se silenció. Hoteles, restaurantes, playas, monumentos, bodas, guías, entre otros –sin mencionar muchos prestadores informales– quedaron sin actividad”, explica Patricia Osorio Hoyos, directora ejecutiva de Fenalco Bolívar.

Las plataformas caen con la industria

Al igual que la crisis ha golpeado a plataformas como Uber, Beat y Cabify, Airbnb pasa por una de sus mayores crisis. Además de la bajada en el número de reservaciones, el hecho de estar basada en viviendas compartidas afecta la confianza de las personas. Las tarifas un poco más caras de los hoteles no son problema, los residentes buscan mejores políticas de reembolso y estándares de limpieza.

Pensemos, además, que muchos de los hosts en Airbnb dependen económicamente del dinero que ganan por la plataforma. Airbnb no está en condiciones (ni en la obligación, legalmente hablando) de proveer auxilios o recursos a sus usuarios. En el mes de mayo, la empresa despidió a 1.900 empleados –el 25% de su planta total– para poder costear los costos que ha traído la crisis.

“El turismo dejó de llegar, tanto el que llega a los establecimientos formales como a quienes ofrecen sus viviendas para tal fin”, explica Fenalco Bolívar sobre el caso de Cartagena, una de las ciudades que más cuentan con usuarios de Airbnb en el país.

Por otro lado, agencias de viajes como Despegar.com o Skyscanner han sufrido desplomes en el valor de sus productos. Despegar.com asegura que perdió un 95% de sus reservas brutas, y que así será todo el segundo trimestre de 2020. Paralelamente, Skyscanner muestra en sus cifras que los niveles de ansiedad en viajeros internacionales ha bajado de 72% a 52%, pero solamente el 12% considera que los viajes internacionales son seguros.  

Aunque existen algunos planes de contingencia por parte de dichas plataformas, lo cierto es que se quedan cortos. Airbnb implementó lo que llaman “experiencias virtuales”, enfocadas a entregar experiencias por medio de medios digitales, como videollamadas. Sin embargo, basta con ver los anuncios para ver que la oferta es un poco reducida.

En el caso de Colombia, un país en donde la conectividad está enfocada en ciudades, se pueden contar en una mano las experiencias en línea. Por otro lado, el turismo es una de las pocas actividades en las que la presencia física cambia por completo la experiencia del usuario.

 «Con mayores costos y mayor nivel de detalle y mayores exigencias, Buscar nuevas eficiencias para mantener el destino competitivo será todo un reto».

Patricia Osorio Hoyos, Directora ejecutiva Fenalco Bolívar

¿Realidad virtual, realidad real?

Desde hace años existe multitud de mundos en línea. Mundos como los de Second Life o World of Warcraft son inmersivos y se sienten vivos para los que habitan en ellos, pero la experiencia dista mucho de lo que sería una experiencia en la vida real. 

La realidad virtual ha sido un concepto desde los 50, cuando Morton Hellig describió lo que sería un ‘teatro de experiencias’ que cubriría todos los sentidos humanos. Pese a esto, solamente se han empezado a crear kits de realidad virtual hasta hace más o menos un década. Oculus Rift fue el pionero en ofrecer un kit para consumidores, pero hoy en día gigantes como HTC, Valve y Sony ofrecen equipos completos de realidad virtual. 

Gracias a esta expansión de la realidad virtual, en los últimos años hemos empezado a ver recorridos virtuales basados en la realidad virtual. Japón, por ejemplo, tiene recorridos por el país en YouTube. Chile, de la misma forma, también cuenta con recorridos y experiencias en realidad virtual en línea.

Es cierto que la realidad virtual es una alternativa interesante, pero se presentan dos problemas principales: monetización e inmersión. Muchos de los contenidos en realidad virtual son gratuitos, y pocos modelos existen para monetizar. ¿Cuánto pagaría un usuario para hacer un tour virtual del museo Louvre y ver la Monalisa? ¿Qué tipo de hardware se necesita? ¿Qué plataformas de realidad virtual existen?

Todas estas variables no son todavía muy claras para la industria del turismo. Por otro lado, la realidad virtual todavía está limitada a los sentidos de la visión, el oído y, en ocasiones, la orientación. Todavía estamos lejos de tener las experiencias cuasi reales que se imaginan en películas y literatura. 

Turismo digital: complemento pero no reemplazo

La reinvención del turismo, de cierta forma, tiene que venir apoyada por la tecnología y las plataforma digitales más que estar sustentada por ellas. “Muy posiblemente algo puede hacerse para ciertos productos [turísticos], pero no hay nada que se nutra más de la experiencia material que este sector. Así que más que reinvención, es la adecuación a la nueva realidad lo que se exige” es lo que explica Patricia Osorio.

Las soluciones digitales del turismo como respuesta a la pandemia de cierta forma deben ser complementarias, apoyando la reapertura turística de los países y reduciendo el contacto físico para reducir riesgos en la nueva normalidad.

Es cierto que es una situación dura para el sector, que por lo menos en una ciudad como Cartagena significará un año con cifras en rojo y en la que según Fenalco la recuperación tomará un largo tiempo. Pese a esto, bien se puede pensar esto como un nuevo inicio para el sector. 

La reinvención muy seguramente vendrá por el lado digital, con procesos que apoyen la nueva normalidad y restauren la confianza de los turistas alrededor del mundo y especialmente en Colombia.

Sebastián Romero Torres
Filósofo de formación y geek empedernido. Amante de los videojuegos, la tecnología, la música y el espacio.

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