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Hablar de sostenibilidad implica el equilibro entre practicas ambientales, sociales y económicas, tanto de las personas (consumidores) como de las empresas y cualquier tipo de organización. En la situación actual, es necesario dar una mirada a los hábitos que están cambiando y que serán definitivos para abordar el mundo después del coronavirus. 

No hay verdades exactas, pero sí tendencias de cambio, especialmente en el consumo (de todo). Durante el panel de turismo realizado en TransTech se habló, por ejemplo, de que en ese sector los viajeros serán diferentes. ¿Cómo? No está claro, habrá que esperar –especialmente a que se de la reactivación, que será de los últimos en volver–, pero probablemente serán viajeros que prioricen la bioseguridad, las opciones sin multitudes o los pagos electrónicos para evitar el contacto físico. 

De otro lado, dentro de las 10 megatencias que destacó en 2018 EY (empresa global de auditoría y servicios profesionales) estaban: el superconsumidor, el rediseño del urbanismo y la comida a la medida. Hoy esas tendencias toman relevancia en relación con los hábitos de sostenibilidad y el auge de nuevas tendencias. No es coincidencia que algunas personas busquen la forma de generar su propio alimento, que las huertas verticales se hayan puesto de moda, que se hable de soberania y seguridad alimentariaque exista una estrategia nacional de economía circular o que las R de los consumidores y productores sostenibles resuenen cada vez más: reducir, rediseñar, reflexionar, rechazar, reutilizar, reciclar, redistribuir, reclamar y recompensar (hay más).

Todo esto se refleja en el cambio de hábitos direccionados hacia la sostenibilidad, con el objetivo de cuidar el planeta, los territorios, las comunidades y otras preocupaciones que tienen hoy por hoy las personas. Hoy, por ejemplo, intentan cosas como:

  • Evitar los productos de usar y tirar.
  • Utilizar la menor cantidad de bolsas y plástico posible.
  • Reutiliza las bolsas que les lleguen, pero preferiblemente reemplazarlas por bolsas biodegradables o de tela.
  • Reducir el consumo de energía o usar energías limpias. En ocasiones generándolas por su cuenta.
  • Reducir el consumo de agua, reciclarla y tener un tratamiento más responsable.
  • Consumir productos, marcas, con prácticas limpias.
  • Consumir o generar alimentos frescos y libres de químicos.
Economía Circular

Es una propuesta de un nuevo modelo de desarrollo en el que se manejan eficientemente los materiales, el agua y la energía, y en el que las palabras desechos y contaminación, que ya hacen parte de nuestra cotidianidad, pierden toda su importancia pues el reúso, el reciclaje, el consumo sostenible y el aprovechamiento de materiales, son los protagonistas. 

Fuente: Ministerio de Ambiente.

La neorruralidad y los neocampesinos

Luciana Geraldine Trimano, investigadora en sociología y demografía, explicaba en 2019 que si bien el concepto de ‘neorruralidad’ se había trabajado en Europa, en Latinoamérica aún no era tan conocido. Este término se refiere al flujo de movilidad de la ciudad al medio rural, la opción de vivir en contacto con la naturaleza. Un movimiento que podría tomar fuerza luego de la pandemia, para buscar alternativas de sostenibilidad, como la producción y consumo de alimentos así como de otros elementos.

«La irrupción y propagación de nuevos patrones de consumo y hábitos de vida, la extensión de las metrópolis, las comunicaciones y la creciente movilidad de la población modifican los patrones de organización del territorio y reconfiguran las estructuras económicas y sociales.»

Luciana Trimano (Universidad Nacional de Córdoba –UNC–, Argentina) en ‘¿Qué es la neorruralidad? Reflexiones sobre la construcción de un objeto multidimensional‘.

En Colombia, aunque aún es poco explorado, existen estrategias que propician el auge de los negocios verdes (hay un portafolio nacional), dado que existe una estrategia que pretende impulsar la economía circular, que aplica tanto para emprendimientos, como para Pymes y grandes empresas. 

Paramo de sumapaz Bogota D. C. Foto: AJMELOV -(Wikimedia Commons)

Y dentro de estas exploraciones entonces aparecen nuevos conceptos. Ángel Castañeda, quien se define como gestor cultural y productor en multicreación, cofundador de EcoSensible, habla de las diferencias entre el neorrural y el neocampesino. El primero, lo considera como aquella persona que decidió alejarse de la ciudad, pero puede mantener su dinámica citadina (con hábitos que se acoplan a la ruralidad, para el disfrute de una vida saludable, aportando nuevos desarrollos conceptuales y de transformación social), mientras que el neocampesino lo ve como esa persona que se fue de la urbe y además comenzó a trabajar el campo (a sembrar, a producir miel, lácteos, tejidos o cualquier otra actividad).

EcoSensible es un emprendimiento de comercio electrónico (tiene su página web con su respectiva pasarela de pago), en el que se comercializan productos sostenibles, hechos por campesinos de la vereda el Verjón de Teusacá, de la Bogotá rural de los cerros orientales. Tal vez para sorpresa de algunos, Bogotá es más rural que urbana. Solo el 24% del área de Bogotá es urbana, mientras que el 76% restante es verde y reúne ecosistemas de páramo y bosque andino. La localidad más grande Bogotá es Sumapaz.

Ahora comienza a juntarse y a tener sentido. Castañeda emigró de la ciudad urbana pero llevó consigo una serie de conocimientos adicionales de arte, gestión, tecnología y marketing para las personas de ese territorio y ahora trabajan en red, en esta propuesta «de algo sensible a través del arte». Comparte que trabaja por «levantar la agricultura», ya que por diferentes factores (sociales, culturales y económicos) las personas del campo se han venido moviendo a las ciudades. Es un concepto para el desarrollo de nuevas practicas de cuidado del medió ambiente, «también tenemos una escuela artística (La Maraña) con arte para la transformación social, donde se enseña a los niños de la vereda a cambiar sus hábitos para proteger y recuperar. EcoSensible propone una agricultura sostenible con practicas de permacultura, una nueva conciencia de los productores por proteger la naturaleza«.

Hoy, con su emprendimiento privado pero solidario, busca ayudar a los productores rurales. Agrega que aunque hay legislación que favorece este tipo de actividades, no siempre se aprovecha, en parte por desconocimiento. Bogotá particularmente plantea un desarrollo sostenible, aliado precisamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y tiene 2 PDTE (Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial), uno urbano y uno rural.

¿Qué le puede aportar una persona de la ciudad al campo? Otros conocimientos, en este caso de formas de trabajar, del territorio, de ancestralidad indígena (en algunos casos). Se trata de una colaboración, de un trueque de saberes, y aquí la sostenibilidad se manifiesta a través de la forma como se trabaja. Por ejemplo, teniendo un adecuado manejo de residuos, de aguas, usar semillas limpias (sin químicos), en colaboración con la gente del territorio (no se trata de llegar a imponer), solo por mencionar algunas prácticas.

https://www.instagram.com/p/CAWL2kDDGjY/

Y al otro lado, al occidente de Bogotá, también encontramos el caso de Hueta, en la vereda Chitazugá del municipio de Tenjo (Cundinamarca), donde se construye un proyecto de siembras y soberanía alimentaria, desde el autoabastescimiento, la formación y las prácticas sostenibles. La idea es replicar estas prácticas en cada casa y su invitación es «volver a la agriCULTURA«, siguiendo prácticas sostenibles y con el objetivo de impactar entornos educativos, que es justamente otra tendencia que toma peso: la enseñanza de agricultura en colegios. 

Por ahora, el equipo base cuenta con profesionales en áreas como nutrición, sociología, comunicación y psicología, pero con el paso del tiempo se suman más personas atraídas por la idea de tener una vida más saludable. «Esto permite ver nuevas economías y una nueva forma de vivir», explica Edilberto Mendoza, gestor de este proyecto y etnoeducador. Hueta se enfoca en la educación y las prácticas ambientales, que pueden agregar valor a otros procesos económicos. Algunas de las personas, que se convierten en productoras, también incursionan en los negocios verdes, en restaurantes, ventas por redes sociales y otras plataformas. 

«Y por la papa, y por la tierra, mi abuelita me dijo»… que aprendiera

Compartir con otros, enseñar, vincular, comunicar, visibilizar y fortalecer ecosistemas.

Cuando en Impacto TIC nos referimos a la influencia, es a partir de la relevancia, la reputación y el valor del contenido. En ese marco, las plataformas digitales han servido de manera positiva para que aparezcan nuevos influenciadores y youtubers, que llegan con mensajes útiles y de un altísimo valor, especialmente para quienes desde sus casas quieren aprender sobre estos temas.

Durante la emergencia generada por el COVID-19 fuimos testigos de la relevancia que ganaron personas como Marce la Recicladora, quien también puso en marcha una campaña de donación para los recicladores. Los números del canal de ‘Marce’ van en aumento, eso es un indicador de la importancia y la relevancia del contenido que comparte. Sí hay gente interesada en aprender sobre reciclaje.

Otro es el caso de ‘Nubia e hijos’, campesinos que decidieron convertirse en youtubers para enseñar sobre el campo. La familia Riveros Gaona, de Chipaque (Cundinamarca) buscó ayuda con su vecino Sigifredo Moreno, ingeniero de la Universidad Nacional, que a través de su iniciativa de Huertos de la Sabana también ayuda a campesinos a comercializar sus productos. Como dato curioso,‘Nubia e hijos’ abrió su cuenta de Twitter en abril de 2020 y ya suma más de 28.000 seguidores. Esto es relevante porque, por un lado, muestra que con una buena asesoría y estrategia se puede llevar un mensaje a miles de personas; y por el otro, evidencia que hay personas con interés en estos temas.

Los consumidores cada día saben más y quieren seguir aprendiendo, y a raíz de la pandemia más personas comienzan experimentar posibilidades de transformación usando recursos como Internet, el comercio electrónico, las redes sociales o el trabajo colaborativo.

Ya sea en la territorios rurales o urbanos, se están germinando importantes cambios de hábitos que serán relevantes para diferentes reaperturas. Desde el consumo de bienes esenciales y no esenciales, pasando por el turismo, la cultura, la ciencia y tantos sectores como se piense.


Foto de portada: Cortesía de la ‘Huerta Don Iván’.

Sandra Defelipehttps://sandradefelipe.wordpress.com/
Soy periodista, productora, formadora y emprendedora digital, y tengo el orgullo de ser la integrante más antigua de Impacto TIC, lo que ha hecho que este sea mi principal espacio de formación continua. También les tengo historias de capoeira, cultura y de Tenjo, Cundinamarca.

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