Invertir en tecnología e innovación para estar a la vanguardia y cumplir con requerimientos normativos siempre ha sido una constante en el sector financiero: cuando ha surgido una tecnología disruptiva en las últimas décadas, casi siempre han sido los bancos los primeros en adoptarlas, en lanzarse a la experimentación sin dejar de lado la seguridad y el cumplimiento

La Inteligencia Artificial, Internet de las Cosas, analítica avanzada y otras tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial ya están en las agendas y en proyectos piloto, e incluso hay instituciones financieras como BBVA que investigan y prueban con la tecnología cuántica. Pero esta no es una época de constantes o de comportamientos normales.

Ante crisis como la actual, hay asuntos que se pueden resolver con tecnología e innovación, y otros que trascienden las capacidades de los bits y los bytes. Por ejemplo, con más servidores y canales de comunicaciones más amplios se puede satisfacer de mejor forma la creciente demanda de operaciones en línea. Y una inversión razonable puede permitir que estas transacciones se realicen de forma cada vez más segura.

Sin embargo, la inversión en tecnología no garantiza que a medida que se extienden las disposiciones que buscan proteger a la población del contagio, los bancos tengan también más recursos para manejar sus flujos de capital.

Una explicación clara de los asuntos en los que la tecnología no necesariamente puede intervenir se encuentra en el blog de Fernando Azuero, profesor de la facultad de Administración de la Universidad de los Andes, quien dedica una entrada al papel de los bancos en la superación de la crisis, enfocado especialmente en su responsabilidad de «orientar los recursos del ahorro hacia las personas o empresas que tengan necesidades temporales de liquidez».

«Los bancos, como cualquier empresa, son una actividad productiva. No se trata de entes, como algunos creen,  que viven de la riqueza producida por los otros sectores económicos», explica Azuero. En ese orden de ideas, su producto principal son los créditos, cuya materia prima son los recursos aportados por los ahorradores (depósitos) o por los accionistas (capital).

Responsabilidad de los bancos
Imagen: Mohamed Hassan (Pixabay).

«Por la situación generada por el confinamiento –continúa el especialista– muchos deudores no estarán en capacidad de responder por sus obligaciones en los términos inicialmente convenidos. En estos casos operan las refinanciaciones o las ampliaciones de plazos, como ya lo han hecho muchas entidades». Pero lo anterior, señala, no elimina la responsabilidad que tienen los administradores de los bancos de gestionar responsablemente los recursos de los ahorradores. Ante esta situación, «si el Estado quiere apoyar a las empresas en dificultades,  y con alto riesgo de insolvencia como consecuencia de la pandemias, el instrumento más adecuado no es el crédito, sino el subsidio directo, como lo han establecido varios países (Alemania, Francia)».

La conclusión del especialista es que señalar que la culpa de que no se reactive la economía es responsabilidad de los bancos, porque se niegan a asumir riesgos excesivos (que, además, pueden afectar a sus otros clientes), es equivalente a restablecer la tradición del chivo expiatorio. «Forzarlos a que lo hagan puede hacer que los pecados de la sociedad se expíen más adelante a través de una crisis financiera».

Las normas financieras en Colombia establecen claramente que las operaciones de salvamento deben ir dirigidas a proteger los intereses de los ahorradores, y bajo ninguna circunstancia de los accionistas de la entidad intervenida.

Un análisis de CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina, señala que es necesario tomar medidas dirigidas a enfrentar la reducción del ingreso de los hogares y a mitigar el deterioro del sistema productivo de cada país. Entre ellas se encuentran las siguientes:

  • Poner a disposición del sistema financiero suficiente liquidez para que responda a las exigencias de corto plazo derivadas de una posible reducción de sus flujos de ingresos o por posibles retiros
  • Flexibilizar los modelos de liquidez exigidos por los entes de control.
  • Por parte de los bancos centrales, reducir sus tasas de intervención, revisar la estructura de encajes sobre los depósitos cuando sea el caso, comprar papeles comerciales y ofrecer de manera proactiva líneas de liquidez.
  • Facilitar la situación de los deudores ante este evento de fuerza mayor, permitiendo la refinanciación de sus deudas, incluidos períodos de gracia, sin que se deteriore su calificación. En los sitios web de los bancos, como en este de BBVA, se pueden encontrar los alivios que han ofrecido a sus clientes a raíz de la pandemia.
  • Promover la creación de un comité de atención de emergencias y exigir la construcción de un plan de continuidad del negocio para mantener la atención al público, establezcan planes de acción de corto plazo y mediano plazo previendo contingencias dependiendo del nivel de riesgo, que fortalezcan la infraestructura tecnológica, mejoren la ciberseguridad, incrementen la capacidad de monitoreo y aseguren el funcionamiento de los canales digitales de atención. 
  • Facilitar y fortalecer el apoyo de los fondos de garantías de depósitos de cada país, principalmente para las entidades medianas y pequeñas, tanto bancarias como del sector cooperativo y solidario.

Frente a las alternativas planteadas, los bancos y sus clientes pueden conocer en este texto de la Cámara de Comercio de Bogotá las medidas de apoyo al sector financiero que se pusieron en práctica para mitigar el impacto del COVID-19, y también pueden consultar las condiciones a las que deben someterse los bancos para modificar los créditos, descritas de manera breve y concisa por La República.

Lea aquí: Nueva herramienta digital de BBVA Colombia medirá el pulso de la reactivación.

Implicaciones tecnológicas del COVID-19 en la banca

Pero así como existen situaciones en las que los bancos tienen limitaciones para actuar, hay otras en las que la tecnología y la innovación son un factor fundamental para enfrentar la crisis y sus consecuencias.

KPGM publicó un documento titulado COVID-19: implicaciones en el sector financiero, que analiza el impacto del nuevo coronavirus y los riesgos que implica en materia de crédito, liquidez, mercado, operacional y tecnología. En este último aspecto, identifica factores a corto y mediano plazos que recomienda enfrentar con acciones concretas, relacionadas con ofrecer a sus empleados sistemas de acceso remoto seguros, utilizar herramientas de administración seguras para trabajo en la nube e implementar un marco integral de gestión de riesgos que identifique comportamientos nocivos de los usuarios, entre otros.

De cara a la prestación de los servicios a sus clientes, el medio económico Portafolio hizo un listado de los cambios que el COVID-19 traerá para los bancos, muchos de los cuales pasan por asuntos de tecnología e innovación. Entre ellos se destacan:

  • El cierre de oficinas para dar paso a servicios en línea, a través de sitios web y aplicaciones móviles.
  • A través de estas herramientas, los usuarios serán más conscientes de que no necesitan esperar un extracto mensual para estar pendientes de sus movimientos, sino que podrán revisarlos prácticamente en tiempo real.
  • Las redes sociales servirán para tener una interacción constante con los clientes, que les permita a los bancos mejorar la calidad de sus servicios.
  • Será necesario afinar los mecanismos tecnológicos y la educación de los usuarios para hacer frente a la proliferación de herramientas y estrategias mediante las que se puede cometer fraude. (En este enlace puede encontrar recomendaciones del BBVA para hacer frente a esta otra pandemia).
  • Los medios de pago digitales y los sistemas biométricos de autenticación ganan cada vez más terreno.

Está claro que los bancos no van a dejar de investigar y desarrollar nuevas soluciones y que tampoco van a dejar de incorporar la mejor tecnología posible (como ninguna empresa debería hacerlo si quiere reactivarse lo más rápidamente posible), y por ejemplo en áreas como la de riesgo financiero hay un amplio potencial de innovación, de tal manera que no se basen en los mismos indicadores de siempre para aprobar un crédito.

Pero ¿cuál debería ser la prioridad en la actualidad? ¿Seguir invirtiendo intensamente en tecnología e innovación al mismo ritmo de siempre o tratar de ayudar más a sus usuarios en las condiciones actuales que se viven? ¿En dónde está la máxima responsabilidad en este momento?


Este contenido fue desarrollado con apoyo de BBVA, que no ha influido en el enfoque editorial. Entre BBVA e Impacto TIC existen acuerdos comerciales a efectos de comunicar información factual y objetiva enfocada en educación financiera.