Cada 28 de enero, la comunidad global observa el Día Internacional de la Protección de Datos Personales. Esta fecha no es arbitraria; conmemora la apertura a la firma, en 1981, del Convenio 108 del Consejo de Europa, el primer tratado internacional vinculante en esta materia.
Aunque la celebración fue instituida formalmente en 2006, hoy representa el punto de encuentro para definir la hoja de ruta frente a los desafíos de la soberanía digital e incluso más allá, es un factor que impacta directamente los procesos de negocios como nos lo recuerda María Fernanda Quiñones, presidenta Ejecutiva de la CCCE:
“La protección de datos es un factor crítico de competitividad. Reportes globales como el Índice de Confianza Digital 2025 de Thales señalan que hasta un 82% de los usuarios abandona marcas cuando existen dudas sobre el uso y la protección de su información personal, una realidad que en el mercado colombiano se traduce en una mayor exigencia de transparencia por parte de los consumidores”.
En este punto, las organizaciones enfrentan el desafío de equilibrar la innovación tecnológica con el respeto a la privacidad, mientras que los usuarios deben tomar conciencia del valor real de su información.
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Importancia de esta celebración
En 2026, la importancia de la protección de datos radica en su trascendencia, más allá del ámbito individual para convertirse en un fenómeno colectivo, empresarial e incluso de seguridad ciudadana. Con el auge de la Inteligencia Artificial Generativa, el Internet de las Cosas y las ciudades inteligentes, cada interacción digital genera rastros de información que pueden ser utilizados tanto para mejorar servicios como para vulnerar derechos fundamentales.
Jhennifer Galindo Arango, business development manager de Bluetab, afirma en este punto: “Para 2026, el gran riesgo no será el robo de datos, sino la ‘Intoxicación de la IA’ y el ‘Shadow AI’. Veremos organizaciones alimentando modelos de Inteligencia Artificial con datos sin gobierno, sesgados o sensibles, lo que generará resultados erróneos o fugas de propiedad intelectual automatizadas”.
Por ello, una de las prioridades para la protección de la privacidad es la alfabetización en Inteligencia Artificial. No basta con capacitaciones generales en ciberseguridad; el personal debe comprender los riesgos específicos de la Shadow AI o el uso de herramientas no autorizadas que pueden exponer datos sensibles.
Análisis de riesgo como punto de partida
En el marco del Día Mundial de la Protección de Datos Personales las organizaciones deben trascender el simple cumplimiento documental e ir un paso más allá incluyendo elementos culturales, metodológicos y por supuesto tecnológicos.
“Para iniciar es definitivo implementar un programa de ciberseguridad que comience con un análisis de riesgo. Este proceso debe permitir identificar la ‘joya de la corona’ y el estado actual de madurez de la organización. A partir de este diagnóstico, se debe planear la ejecución de controles que mitiguen los riesgos asociados a las personas, los procesos y la tecnología” dice Ezequiel Carson, chief technology officer de IFX .
Y es que para el año 2026, el panorama de la protección de datos estará marcado por una convergencia tecnológica. Los analistas anticipan que la adopción masiva de los agentes de IA será uno de los mayores riesgos. Estos sistemas heredan el acceso a los datos de sus operadores, pero actúan a velocidad de máquina sin el juicio humano necesario para evitar fugas.
Retos y copias de la información
David López Agudelo, vicepresidente de ventas para Latinoamérica de AppGate, cree que los desafíos en el manejo de los datos vienen de tiempo atrás: “Uno de los principales retos de la protección de datos radica en la forma en que operan las redes tradicionales, donde en muchos entornos, el acceso sigue siendo ‘todo o nada’, y una vez que un usuario o atacante logra entrar, la red queda ampliamente expuesta. Esto incrementa de manera significativa la superficie de ataque y genera desafíos crecientes en términos de operación, cumplimiento y seguridad”.
Para responder a estos desafíos las organizaciones han adoptado tecnologías orientadas a reforzar la seguridad y el control de la información. Entre las más relevantes se encuentran el cifrado de datos, la gestión de identidades y accesos (IAM) y el modelo Zero Trust, que elimina la confianza implícita y exige verificación continua de usuarios, dispositivos y contextos. A esto se suman técnicas como la tokenización y la anonimización, que reducen el riesgo al minimizar la exposición de información sensible.
De forma complementaria, herramientas como la prevención de pérdida de datos (DLP), las plataformas de gestión de consentimiento y los sistemas de auditoría y monitoreo continuo permiten a las empresas cumplir con las exigencias regulatorias y fortalecer la transparencia frente a los usuarios.
Javier Castrillón, gerente regional de ventas en Veeam, aconseja “adoptar la regla 3-2-1-1-0, una práctica recomendada en la protección de datos que sugiere mantener al menos tres copias de la información, almacenadas en dos tipos de medios diferentes, con una copia fuera del sitio y una copia inmutable o aislada para proteger contra amenazas como el ransomware. El 0 significa que debe verificarse periódicamente que no existan errores en las copias de seguridad, asegurando así la integridad y disponibilidad total de los datos ante cualquier incidente”.








