Por: Digna Irene Urrea
Periodista, ENTER.CO
Durante años he tenido la oportunidad de recorrer distintas regiones del país para contar historias. Muchas veces viajé para conocer un desarrollo científico, una innovación tecnológica o un proyecto nacido en una comunidad que encontró una solución a un problema de su territorio. Ese camino me permitió ver de cerca el talento que existe en Colombia, pero también las dificultades para que muchas de esas iniciativas crezcan por falta de apoyo y recursos.
Si hay una prioridad que Colombia no debe aplazar entre 2026 y 2030, es la inversión en ciencia, innovación y sostenibilidad. Hoy el país destina entre el 0,21 % y el 0,31 % de su PIB a investigación y desarrollo, mientras economías como Corea del Sur e Israel superan el 5 por ciento y hoy son referentes mundiales en tecnología, industria y competitividad. La diferencia no está en el talento, sino en la decisión de convertir el conocimiento en una apuesta de largo plazo.
Colombia enfrenta retos enormes, pero la ciencia no puede seguir ocupando un segundo plano. Cada proyecto que logra salir adelante genera oportunidades, fortalece las economías locales, impulsa la productividad y ofrece soluciones creadas desde los propios territorios. Apostarle al conocimiento también es construir un país más competitivo, sostenible y con más oportunidades para todos.
Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre ciencia y arquitectura institucional, vea «Reconstruir la confianza y reestructurar a MinCiencias: la única decisión prioritaria para el CTeI entre 2026 y 2030», de Andrea Navas Calixto y «Cultura, TIC y ciencia: una sola arquitectura para el desarrollo territorial», de Nicolás Torres Bolívar.


