Por: Felipe Castro Cervantes
Periodista especializado en TIC y telecomunicaciones; asesor de prensa y comunicaciones, Ministerio de Economía de Argentina
Colombia ha avanzado en ampliar la conectividad, pero el desafío que definirá los próximos años comienza donde termina la infraestructura. La agenda digital debe evolucionar hacia una política de Estado para la economía del conocimiento, respaldada por el Gobierno y el Congreso mediante una ley que impulse la innovación, el desarrollo tecnológico y la transformación productiva de las pymes como motores del crecimiento económico.
La economía del conocimiento no es solo la industria del software o los servicios tecnológicos. Reúne actividades intensivas en innovación que generan bienes y servicios de alto valor agregado, al tiempo que potencian la productividad del resto de la economía.
Cuando esas capacidades se irrigan por el entramado productivo, impulsan empresas más competitivas y crean empleo calificado y mejor remunerado.
La principal deuda de Colombia ha sido la ausencia de una política de Estado que convierta a la ciencia, la tecnología y la innovación en ejes del desarrollo productivo. Eso nos condena a seguir dependiendo de los ‘commodities’, de los servicios y, ahora, de las remesas, ampliando la brecha frente a los países que han entendido que el conocimiento es el recurso estratégico más valioso del siglo XXI y un pilar clave de su crecimiento económico.
Nota editorial de Voces TIC: Para ampliar esta discusión sobre ciencia, software y productividad, vea «Reconstruir la confianza y reestructurar a MinCiencias: la única decisión prioritaria para el CTeI entre 2026 y 2030», de Andrea Navas Calixto y «Ningún gran reto de Colombia se resolverá sin tecnología», de Ximena Duque.


