En el mundo del audio, los audiófilos son como los sommeliers del mundo de los vinos (o sumilleres, en español, por raro que suene). Se necesita de una experiencia considerable para poder hablar sobre las diferencias entre la calidad de un vino u otro, y de la misma forma se necesita de un oído entrenado para poder hablar sobre detalles como los tonos altos, los medios, los bajos pronunciados o el cuerpo de una canción. 

Por esta razón no es sorprendente saber que esta búsqueda por la calidad también ha tocado el mundo de la música, y más específicamente el mundo de la música digital. Desde discos en vinilo hasta casetes, pasando por CD y ahora por streaming, el mundo de la música ha avanzado a pasos gigantescos en materias técnicas y de calidad.

Precisamente en esta búsqueda, la tendencia de moda se ha convertido en la música hi-fi, que simplemente significa high fidelity. La música de alta fidelidad ha impulsado a que servicios como Amazon Music y próximamente Spotify tengan planes dedicados a hacer streaming de alta calidad, así como la plataforma Tidal, que ofrece lo que se conoce como calidad lossless.

La pregunta es: ¿vale la pena pagar el costo adicional de estos servicios? , ¿o el audio de alta calidad es algo que no vamos a notar con nuestros dispositivos actuales o, incluso, con nuestros oídos? 

Audio sin comprimir, comprimido y lossless

Antes de continuar, recordemos que el audio digital es en últimas información digital, y se acoge entonces a todas las reglas de los archivos digitales. Así como las imágenes digitales pueden ser de alta calidad –o de muy baja calidad y que se notan ‘pixeladas’–, los archivos digitales de audio también tienen diferencias dependiendo del formato y, por consiguiente, se pueden escuchar mejor o no tan bien. 

Un archivo de audio sin comprimir (uncompressed) es un archivo que contiene tanta información como el equipo de grabación puede recibir. Esto resulta, obviamente, en archivos extremadamente pesados, que generalmente se graban en formatos como WAV, AIFF y PCM.

En segundo lugar, un archivo lossless o sin pérdidas es una copia de audio comprimida, pero que no pierde información de audio. Acá encontramos Flac, de lejos el formato más popular, pero también existen WMA y Alac. Estos archivos son menos pesados que los archivos sin comprimir, pero más pesados que el audio comprimido. 

En el último punto encontramos el audio comprimido, que en inglés también se le llama lossy. Estos son archivos de audio que se someten a algoritmos de optimización para producir archivos mucho más ligeros, pero con la consecuencia de perder fidelidad en el sonido. Acá encontramos formatos como el MP3, AAC y OGG.

Por lo general, la música que consumimos por medio de streaming, como Spotify o Deezer, es música comprimida. Spotify, por ejemplo, hace streaming en formato AAC a 320 kbps. Esto es bueno para consumir menos datos y conservar una calidad razonable, pero no se le puede llamar audio de alta fidelidad.

Dado que la mayoría de música de servicios de streaming es comprimida, Amazon Music y Tidal, así como Spotify HiFi, prometen hacer streaming de audio lossless ofreciendo calidad de CD en el formato Flac.

Aunque es una opción bienvenida, tener acceso a este audio de alta fidelidad también cuesta más: 5 dólares mensuales en el caso de Amazon Music HD y 10 dólares más en el caso de Tidal; el valor del servicio de Spotify todavía no se ha revelado. Sin embargo, aunque este aumento de calidad parece relevante, la situación se vuelve más compleja si tenemos en cuenta que en ocasiones es difícil diferenciar entre audio comprimido y audio en algún formato lossless (salvo, como ya lo mencionamos antes, que uno sea un sommelier de la música).

¿Discos en vinilo o CD?

El debate sobre si los discos en vinilo suenan mejor que los CD sigue siendo uno de los más álgidos. En términos puramente técnicos, los CD ofrecen más fidelidad de audio que los vinilos simplemente por el hecho de ser digitales. Los vinilos tienen limitaciones físicas y en ocasiones deben reducir tonalidades muy altas o bajas que no pueden ser grabadas en el vinilo sin introducir distorsiones.

«Yo prefiero los vinilos porque es un tema de ritual: es destaparlo, sacarlo de su empaque, revisar el arte, ver las letras de las canciones (muchos la traen), y saber todo el proceso que hay detrás de la generación del disco vale mucho la pena», dice Luisa Fernanda Cobos, estratega digital de Impacto TIC e integrante de Los Rulos Vinyl Club. «El vinilo requiere muchos cuidados especiales, el CD es más guerrero, portable (cada vez menos) pero en mi opinión no es tan especial», concluye.

Ahora, como todo en las artes, esto no significa que los vinilos sean peores que los CD, sino que cada uno suena distinto. Por ejemplo los vinilos tienden a tener frecuencias que los hacen parecer más ‘cálidos’ y vibrantes, lo que provoca que mucha gente los prefiera. Para otros, la alta fidelidad de los CD los hace mas deseables.

Aunque Spotify anunció HiFi en febrero, todavía no conocemos detalles sobre los precios. Imagen: Reet Talreja en Unsplash

¿Podemos escuchar las diferencias?

Las cosas se tornan un poco más confusas cuando tenemos en cuenta los límites físicos del oído humano. Por lo general, los CD comerciales son producidos con una frecuencia máxima de 44,1 kHz (kilohertz) para asegurar alta fidelidad de audio. Sin embargo, el oído humano promedio es solamente capaz de escuchar hasta 20 kHz (desde 20 Hz, en las frecuencias más bajas). 

Este número puede cambiar de persona a persona, aunque no de manera sustancial. Los niños generalmente pueden escuchar por encima del umbral de los 20 kHz, pero esta habilidad se pierde y en promedio los adultos pueden escuchar hasta los 17 kHz. Aunque seguramente existen personas cuyos oídos pueden percibir sonidos de hasta 25 kHz, la gran mayoría no supera el límite de los 20 kHz.

Entonces, ¿qué tanto más estamos escuchando realmente en el audio de alta fidelidad? Este es uno de los debates más polémicos en el mundo de los audiófilos. Los archivos AAC de 320 kbps que utiliza Spotify son de una calidad suficientemente alta, de manera que la mayoría de personas no puede diferenciar entre ellos y un archivo Flac de alta calidad a 1.411 kbps.

La pregunta sobre si los nuevos servicios de streaming en alta calidad valen el costo extra es una que depende de cada persona. En Internet existen varias páginas en las puede poner a prueba su capacidad para diferenciar entre audio sin comprimir (Flac) y AAC de alta calidad (320 kbps) antes de decidir pagar más por un servicio que tal vez no le entregue más beneficios.

Algunas pruebas de audio

Si quiere probar qué tanto puede notar las diferencias, una de las pruebas más populares es ABX. En esta prueba, la página presenta 3 archivos de audio. El archivo X es el archivo referencia (que puede ser Flac o AAC), y luego nos dan dos opciones: A y B. Entre A y B, hay uno que corresponde a la misma calidad de X, y la idea es detectar cuál de los dos corresponde exactamente. Si A y X son idénticos, marcamos ‘X is A’ o viceversa. Sin duda alguna, es una de las pruebas más difíciles.

Si quiere una prueba más sencilla, NPR también tiene un prueba con 6 canciones. La idea es simplemente seleccionar la pista de audio que en su opinión tenga la mejor calidad, y al final el sistema muestra cuántas respuestas fueron correctas. Si no puede obtener más de 5 de 6, probablemente no pueda escuchar la diferencia entre archivos AAC y Flac.

Hardware antes que software

Y para complicar más las cosas, la percepción de calidad también depende fuertemente de sus dispositivos de sonido. De hecho, es generalmente aceptado que la calidad de sus dispositivos es más importante que la calidad de sus archivos. En otras palabras, de nada sirve pagar 20 dólares al mes por Tidal HiFi con música de ultra alta calidad para escuchar canciones con los audífonos que vienen gratis en la caja del teléfono nuevo, que usualmente no son de muy alta calidad. 

Uno de los saltos más grandes en términos de calidad para cualquier persona es pasar de audífonos genéricos a unos de 200.000 pesos. De la misma forma, un salto similar existe entre audífonos o parlantes de 200.000 a unos que cuestan 500.000 pesos (y más, mucho más), una diferencia que no solo se refiere al costo, sino a la calidad de audio que pueden reproducir. Y después de esto, existen elementos dedicados, como los amplificadores, los preamplificadores y los DAC (Digital-to-Analog Converter) que entregan un sonido todavía mejor.

Estos son los Sennheiser HD 600, con un precio de alrededor de 370 dólares, o 1.300.000 pesos colombianos. Imagen: Alphacolor en Unsplash

Entre más dispositivos dedicados a audio de alta calidad tengamos, más evidente será la calidad de los archivos de audio que reproducimos. Para los audiófilos que tienen equipos dedicados seguramente sea valioso tener la opción de hacer streaming de música de alta fidelidad, pero puede que para la mayoría de la gente que escuha música en sus teléfonos el costo añadido no justifique los beneficios.

La oportunidad de poder escuchar canciones con la fidelidad más cercana a la visión del artista es un beneficio que no podemos desestimar, y ha tomado años poder llegar hasta el punto de que sea posible. Ya sea con audífonos o con parlantes, análoga o digital, cada persona tiene formas diferentes de experimentar la música, y como bien dice el dicho, entre gustos no hay disgustos.

¿Qué audífonos o parlantes comprar?

La decisión sobre qué audífonos o parlantes adquirir depende de los gustos de cada persona. En términos de audífonos, Sony, Sennheiser, Beyerdynamic, Audio Technica y Philips son algunas de las marcas reconocidas por su calidad. Puede ver una lista completa en este enlace.

Por el lado de parlantes, marcas como Klipsch, KEF, Polk y Edifier son reconocidas por tener buena calidad de audio. Acá una lista con algunos de los mejores parlantes del útlimo año.

Imagen principal: Petr Macháček en Unsplash