opinión y análisis

Termina el ciclo de Telefónica y nace el nuevo gigante Tigo



Dirección copiada

Desde que Telefónica asumió las riendas de la antigua Telecom, fue protagonista de los principales saltos tecnológicos de las telecomunicaciones en Colombia. Ahora, Tigo, un viejo conocido, toma el control en busca de equilibrio y rentabilidad.  

Publicado el 6 de feb de 2026



Termina el ciclo de Telefónica en Colombia y nace el nuevo gigante Tigo

Con el cierre de la oferta pública de adquisición (OPA) lanzada en enero pasado, Millicom formalizó la compra de la participación de Telefónica en Colombia Telecomunicaciones (Coltel), equivalente al 67,5 % de las acciones, por US$214,4 millones, poniendo fin a más de dos décadas de presencia directa del grupo español en el mercado colombiano.

La operación completa la adquisición y abre paso a la fusión de Movistar con Tigo, un movimiento largamente anticipado que reconfigura el mapa competitivo del sector TIC en el país (aún pendiente de la venta de la participación accionaria que mantiene el Estado en Coltel), acelera la consolidación de la industria y sella el nacimiento de un segundo gran operador con escala suficiente para disputar el liderazgo en un mercado presionado por la caída de ingresos, la madurez del negocio móvil y las crecientes exigencias de inversión en redes.

Marcelo Benítez, CEO de Millicom, dijo en el comunicado de la empresa: “Esta adquisición marca un paso decisivo en el fortalecimiento de nuestro compromiso a largo plazo con Colombia. Nos brinda mayor escala, resiliencia y capacidad de inversión en un momento en el que el sector necesita enfoque y convicción. Con esta plataforma, podemos avanzar con mayor rapidez en el despliegue de fibra y 5G, ampliando la cobertura y mejorando la calidad del servicio para millones de colombianos. Colombia es un mercado clave para Millicom, y seguiremos trabajando estrechamente con los reguladores y todas las partes interesadas para garantizar que nuestras inversiones fomenten la competencia, aceleren la inclusión digital y apoyen el crecimiento sostenible”.

Lo que hoy está ocurriendo en el mercado local ‘telco’ no es un hecho aislado ni un simple movimiento corporativo, sino un nuevo eslabón en una cadena de transformaciones que se ha ido construyendo durante décadas.

Detrás de la fusión por absorción y de la recomposición del tablero hay una historia más larga, marcada por cambios en el rol del Estado, en los modelos de negocio y en la forma de prestar los servicios, que se remonta a los tiempos de Telecom y atraviesa distintas etapas de apertura, modernización y convergencia. Entender el presente exige mirar ese recorrido.

Índice de temas

Telecom

En junio se cumplen 23 años de la liquidación de Telecom, la empresa que conectó por primera vez a los variados pueblos que habitan el territorio colombiano, aislados entre sí, y del mundo, por su compleja geografía.

Telecom fue fundamental en la evolución de las telecomunicaciones en el país desde su creación en 1947, durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez, y a lo largo de buena parte del siglo pasado. Pero con el tiempo se volvió cada vez más pesada, burocrática y lenta para tomar decisiones, todo lo contrario de las multinacionales que a comienzos de siglo comenzaban a consolidarse en distintos mercados alrededor del mundo.

En la década de los noventa, al desangre financiero de su operación y a un descomunal pasivo pensional se sumaron, desde el mismo Estado, reformas estructurales necesarias para acompañar los avances tecnológicos y la apertura de los mercados a nivel global. Ese giro regulatorio, imprescindible para modernizar el sector, terminó por erosionar el modelo sobre el que se había sostenido la empresa durante décadas.

Ese proceso se materializó en una serie de decisiones. La primera fue la habilitación, en 1989, para que personas y entidades privadas pudieran prestar el servicio de telefonía. En 1993, el gobierno reestructuró a Telecom como empresa industrial y comercial del Estado, eliminando el monopolio público y permitiendo que estos servicios fueran ofrecidos también por otros operadores públicos y privados. Un año después, en 1994, compañías privadas y mixtas comenzaron a prestar servicios de telefonía celular: Celumóvil (luego BellSouth y hoy Movistar), Comcel (actual Claro), además de Cocelco, Occel y Celcaribe.

Colombia fue el último país del continente en incorporar la telefonía móvil.

En ese nuevo escenario, la fragilidad del modelo de Telecom quedó expuesta. La apertura de la competencia y el ingreso de nuevos actores al mercado fijo, sumados a la irrupción de los operadores de telefonía celular, alteraron de manera estructural el negocio.

El tráfico de larga distancia (que hasta entonces había sido su principal fuente de ingresos) migró progresivamente hacia las redes móviles, mientras el déficit del fondo pensional se profundizaba a medida que los activos eran insuficientes para cubrir los pasivos. La combinación de estos factores terminó por volver insostenible a la compañía estatal.

Al momento de la liquidación, en 2003, durante el gobierno de Álvaro Uribe, cuando pasó a llamarse Colombia Telecomunicaciones (Coltel), el pasivo pensional de casi 16.000 exempleados sumaba 1.983 millones de dólares, y las pérdidas operativas en 2002 alcanzaron 166,8 millones de dólares.

En 2004 y 2005, Coltel superó sus metas de ingresos, utilidad operacional y Ebitda, cerró acuerdos con proveedores de contratos de riesgo compartido que evitaron desembolsos multimillonarios y logró generar caja para cumplir con sus compromisos pensionales.

Sin embargo, eso no fue suficiente y su gerencia y el gobierno consideraron necesaria la búsqueda de un “socio estratégico”.

En 2006 Telefónica compró el 52 % de las acciones de Coltel que subastó el gobierno al superar a América Móvil, en un acuerdo que incluyó a las pensiones. En 2012, luego de una capitalización, Telefónica fusionó su operación móvil (Movistar), lo que resultó en una participación del 67,5 % de la española y 32,5 % del Estado en la compañía que se conoce comercialmente como Movistar.

Telefónica

La compañía española Telefónica aterrizó en Colombia en 2004 tras la compra de las operaciones móviles de BellSouth en América Latina, incluida la del país, que en abril de 2005 pasaron a operar bajo la marca Movistar.

Entre 2006 y 2010, la entrada de Telefónica como socio estratégico de la Nación (tras imponerse a Carlos Slim en la subasta por Coltel) marcó el inicio de una etapa de fuerte inversión y modernización.

En ese periodo, la empresa, conducida por Alfonso Gómez Palacio, destinó más de 2,4 billones de pesos al fortalecimiento de la red, expandió aceleradamente la banda ancha, incursionó en televisión por suscripción y cumplió con las contraprestaciones al Parapat, que era el patrimonio autónomo creado tras la liquidación de Telecom para administrar los activos remanentes de la empresa y, sobre todo, garantizar el pago de las pensiones de sus extrabajadores.

Sin embargo, ese proceso coincidió con decisiones regulatorias que aceleraron la sustitución fijo-móvil, abarataron drásticamente las tarifas celulares y alteraron los supuestos financieros sobre los que se había estructurado la transformación de la empresa.

Ese desajuste obligó a nuevas decisiones. En 2011 el Estado y Telefónica avanzaron en una capitalización que permitió, en 2012, la fusión de Coltel con Movistar y el nacimiento del primer operador convergente del país.

A partir de esto, Movistar fue protagonista de hitos tecnológicos como la llegada del 4G, se convirtió en la segunda operación de Telefónica en el mundo y la primera de América Latina en poner en operación VoLTE en 2016, e impulsó la llegada de nuevos cables submarinos que multiplicaron la capacidad y velocidad de Internet en el país. Sin embargo, también cargó con una pesada mochila: una estructura de deuda atípica, fuertemente condicionada por las obligaciones heredadas de Telecom.

Tras una nueva capitalización en 2017, que saneó definitivamente el pasivo pensional, que ascendía a 4,8 billones de pesos, y el pago de 1,65 billones del pleito por reversión de activos con el Ministerio de las TIC (que agravó los problemas de la industria), la empresa pudo acelerar uno de sus proyectos más ambiciosos: el despliegue de la red de fibra óptica.

Para avanzar en sus objetivos, en un entorno económico cada vez más difícil, llevó adelante modelos de coinversión y vehículos de inversión junto a socios como KKR en 2022; mientras que implementó un esquema de red compartida en conjunto con Tigo para acceder a espectro radioeléctrico y el desarrollo de 5G, a finales de 2023.

Ese recorrido desembocó en la decisión estratégica de la casa matriz en España de salir del país (y el negocio Hispam, que comprendía las operaciones de la región, excepto Brasil) y en el proceso que culminó con la OPA de Millicom, cerrando un ciclo iniciado tras la liquidación de Telecom y abriendo otro, marcado por la consolidación.

Este breve recuento de la historia de Telefónica en el país no puede dejar de mencionar a la Fundación Telefónica Movistar Colombia, que desde 2007 se constituyó en el brazo social del grupo, con una agenda centrada en educación, cultura digital, empleabilidad y voluntariado.

Con la salida definitiva de Telefónica y el ascenso de Millicom como segundo gran jugador, la industria entra en una nueva etapa. La historia demuestra que no será la última; pero sí, probablemente, una tan determinante como las que acabo de resumir.

Tigo

Tigo llegó a Colombia a mediados de la década del 2000, cuando Millicom adquirió en 2006 el control de Colombia Móvil (Ola), el tercer operador móvil del país, creado como una iniciativa público-privada cuyos socios iniciales fueron ETB y UNE. Tras esa operación, la compañía fue rebautizada como Tigo y comenzó un proceso de expansión que se profundizó años más tarde con la integración con UNE, formalizada en 2014, dando origen a Tigo-UNE, que la semana pasada también se fusionó tras la compra de las acciones de EPM por 571 millones de dólares.

Ahora, tras la integración con Telefónica, Tigo quedará con una base cercana a 37,8 millones de líneas de telefonía móvil, 17,1 millones de accesos a Internet móvil, alrededor de 3,28 millones de accesos a Internet fijo, 2,5 millones de clientes de televisión por suscripción y 2,13 millones de líneas de telefonía fija.

Otro detalle clave es que se suma un nuevo protagonista de peso al mercado local y regional, donde Tigo ya cuenta con 11 operaciones: Xavier Niel. El empresario francés, socio y accionista clave de Millicom (a quien dedicaré la próxima columna), pasa a tener un rol central en la reconfiguración del sector en Colombia, en un cabeza a cabeza con la familia Slim.

Ahora bien, la fusión no crea un liderazgo dominante, pero sí consolida un segundo operador con escala real para competir en inversión, cobertura y calidad frente al líder histórico, Claro, que tiene el 61 % de los ingresos del sector.

En Internet fijo, la nueva compañía queda prácticamente en paridad con Claro, mientras que en móvil alcanza una masa crítica suficiente para reducir la asimetría que caracterizó al sector durante más de una década. En cuanto a esto, la operación no crea  un problema de concentración, como se ha intentado presentar; por el contrario, intenta corregir uno preexistente, en un contexto de madurez del negocio, presión sobre ingresos y crecientes exigencias de capital para sostener la evolución tecnológica: léase 5G.

El tiempo dirá si  esta nueva estructura permitirá sostener inversión, calidad y cobertura sin trasladar los costos a los usuarios, y si el Estado será capaz de redefinir su rol más allá de la inacción y la intervención tardía. 

Artículos relacionados