Marcapasos que buscan ayuda en caso de un ataque cardiaco, aplicaciones que detectan riesgos de enfermedades por medio de la voz, seguimiento de los movimientos del ojo para predecir el riesgo del declive cognitivo. Todas estas son frases que parecen sacadas de la ciencia ficción pero que, de hecho, hoy por hoy son una realidad gracias a la relación entre tecnología y medicina.

Durante el tercer día del Digital Summit que lleva a cabo Singularity University (y que hemos venido siguiendo día a día), Kris Verburgh lideró una de las conferencias que más nos pusieron a pensar y a soñar. 

Y aunque muchas de estas aplicaciones de hecho ya existen, hay que tener en cuenta que muchas otras no verán la luz del día si no se tienen los recursos adecuados. Los desarrollos en el terreno de la biotecnología también dependen del despliegue que les demos a todas las tecnologías que forman parte de la Cuarta revolución industrial –la 4RI–. 

La 4RI en la medicina

Dos de los conceptos más importantes en lo que será la 4RI son el IoT –Internet of Things o Internet de las cosas en español– y la Inteligencia Artificial. Un conjunto de dispositivos con fines médicos conectados y al mismo tiempo monitoreados por la Inteligencia Artificial representará una revolución en la medicina preventiva. 

Los wearables y los invisibles pueden medir la presión arterial, niveles de glucosa y temperatura corporal, entre muchos otros, para luego monitorear, motivar, diagnosticar y alertar a las personas”, explica Kris Verburgh. Estos son dispositivos que ya existen, como por ejemplo los relojes inteligentes usados en conjunto con aplicaciones para teléfonos. 

En el futuro, por ejemplo, los marcapasos que sean implantados contarán con conexión y monitoreo constantes que, en caso de ataque cardiaco, alertarán a las autoridades médicas. Por otro lado, compañías como Vocalis Health y ResApp Health utilizan algoritmos para analizar patrones en la voz de sus usuarios.

Elementos como el tono de voz, la falta de aire o la articulación de las palabras ayudan a detectar riesgos tempranos de fallas cardiacas, la enfermedad de Parkinson o incluso trastornos depresivos. De hecho, podrían ser utilizados para analizar pacientes de COVID-19 que todavía no han sido diagnosticados.

Y aunque los wearables son una realidad, en el futuro pasaremos a lo que Verburgh llama los insidables. Inside significa adentro en inglés, y con esta palabra el conferencista hace referencia a dispositivos que estarán por dentro de nosotros y monitoreando siempre. Algunas de las cosas que se podrían monitorear son los niveles de glucosa, niveles de insulina o incluso el ADN en la sangre para detectar tumores tempranos. 

A su vez, todos estos sistemas estarían apoyados en el poder de la Inteligencia Artificial que analice todos estos datos en tiempo real y pueda detectar riesgos. Ejemplos muy claros del potencial de esto los podemos ver ya en compañías como AtomWise –análisis de moléculas para crear mejores medicinas– y Ultromics –análisis automatizado de electrocardiogramas–.

¿Más allá de la humanidad?

Empezamos a ver, entonces, aplicaciones actuales que parecen sacadas de la ciencia ficción. Incluso así, la biotecnología tiene dos puntos clave que pueden cambiar por completo nuestra humanidad: la modificación genética y el antienvejecimiento.

Desde 2003, cuando el Proyecto Genoma Humano se declaró completo, hemos dado pasos gigantes en la ciencia de la modificación genética. Para empezar, los costos han bajado considerablemente en estas casi dos décadas. 

Costos de modificar genes:

1999Usando virus: cientos de miles de euros

2010Usando ZFN (Nucleasas con dedos de Zinc): 5.000 euros

2019Usando CRISPR-Cas 9: 70 euros

En palabras de Kris Verburgh, ‘nunca más seremos esclavos de nuestros propios genes’. Sus aplicaciones nos permitirán curar enfermedades genéticas, tratar el cáncer, curar el VIH y la modificación de embriones. 

Y de la misma forma, podremos modificar nuestros genes para envejecer más lentamente. Según Kris, el envejecimiento y las enfermedades relacionadas –Alzheimer, diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares, sarcopenia, entre otros– representan el 86 % de todos los costos de salud.

Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente es que esto no son teorías, sino que ya existen compañías trabajando en reducir el envejecimiento. Dos ejemplos de los más exitosos son Unity Biotechnology y Cleara, ambos con experimentos exitosos en ratones de laboratorio.

El futuro será muy longevo

Va a venir una era en en la que nuestra esperanza de vida alcanzará los 200 años.

MASAYOSHI SON, CEO DE SOFTBANK Y VISION FUND

La 4RI, entonces, tiene el potencial no sólo de cambiar por completo la forma en la que nos conectamos, sino también la forma en la que vivimos. Estamos hablando de que la vida humana en promedio superará por mucho la barrera de los 100 años, llegando incluso hasta los 200.   

Con una esperanza de vida tan alta, aumentan nuestros tiempos productivos y las etapas por las que pasa cada persona cambiarán radicalmente. En el futuro, es posible que tengamos muchas más etapas productivas y de descanso, y será muy importante adaptarnos a nuestra nueva naturaleza.