Los aliados tecnológicos de las expediciones que revelaron Chiribiquete al mundo

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Los aliados tecnológicos de las expediciones que revelaron Chiribiquete al mundo

Ciertamente, muchas cosas han cambiado desde la Expedición Botánica realizada por José Celestino Mutis –que inició en 1783 y duró 30 años–, a las expediciones científicas que se hacen hoy en día en territorios como el Parque Nacional Serranía de Chiribiquete. La planeación, el trabajo de campo, la recolección, el análisis de los datos, la forma de trabajar y la divulgación han experimentado el impacto de la tecnología de muchas maneras.

Chiribiquete, la Capilla Sixtina de la Amazonía, más allá de ser una espesa selva amenazada por el hombre, es el centro del universo, uno desconocido para muchos, tanto en su biodiversidad como en su riqueza antropológica y ancestral. Se trata de un lugar sagrado para los indígenas amazónicos y, a la vez, un tesoro cultural y ambiental para la humanidad.

En Chiribiquete se logró en un solo año recoger el 30% de información que se había recogido en los últimos 20 años”.

Conocer y estudiar la riqueza de Chiribiquete ha sido posible gracias a científicos de diferentes áreas, que por 30 años han ido allí una y otra vez. Carlos Castaño Uribe, antropólogo, director científico de la Fundación Herencia Ambiental Caribe, fue uno de los afortunados que en 1987, cuando era director de Parques Nacionales, descubrieron la inmensidad de Chiribiquete, y quien estuvo detrás del reconocimiento de este como Parque Nacional y como Patrimonio de la Humanidad.

¿Qué papel ha jugado la tecnología y la innovación a la hora de hacer expediciones en Chiribiquete?

“A lo largo de todos estos años, la tecnología ha sido un elemento estratégico que se ha ido manifestando de manera diferente en la medida en que ha ido evolucionado.  Hoy contamos con muchas más herramientas, varias de ellas ni siquiera existían hasta hace poco”.

Carlos Castaño Uribe, pionero de la exploración de Chiribiquete.

Al pensar en una expedición científica en un territorio tan rico como lo es Chiribiquete, es recurrente que llegue la imagen romántica de científicos con mochila al hombro, ‘descubriendo’ todo este universo nuevo con cada paso que dan, y aunque en parte es cierto, la realidad es que ellos saben exactamente a dónde se dirigen y qué van a encontrar, así no hayan pisado antes el lugar.

La Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) ha sido una de las instituciones más importantes en este trabajo científico, y también es la responsable de la ampliación del Parque Nacional Chiribiquete, que pasó de tener 1,4 millones de hectáreas a 4,2 millones de hectáreas. Rodrigo Botero, zootecnista y director de la FCDS, nos explicó cómo se realizan las expediciones y el impacto que la tecnología ha tenido en ellas.

“La diferencia de las expediciones muy antiguas, de antes del siglo XX, es que nunca tenían una aproximación tan clara para ingresar a un territorio como la que la información satelital hoy nos ofrece”.

Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).

El desarrollo de la tecnología permite no solo obtener las imágenes, sino interpretarlas. Hoy, con el análisis y el procesamiento de los datos, los investigadores saben dónde hay agua, si es un valle o una colina. Además, pueden identificar otro tipo de dinámicas territoriales, pueden saber  dónde hay poblamiento, qué tipos de cultivos hay, dónde hay minería o si hay deforestación, y pueden conocer las transformaciones a través del tiempo, entre tantas otras posibilidades.

Hemos disfrutado de los avances, especialmente del espectro de las bandas, para poder interpretar imágenes satelitales. Lo que fue mi primera imagen de Chiribiquete frente a lo que hay hoy, no tiene nada que ver.

Carlos Castaño Uribe.

Con los diferentes satélites disponibles se pueden conseguir las fotografías (algunas libres y otras de pago) necesarias para escudriñar lugares tan inmensos como Chiribiquete. Y una vez con en esa información en la mano, pueden hacer el proceso de interpretación digital, donde comienzan a separar cosas, a organizar el rompecabezas.

Para esto, según explicó Botero, se usan diferentes tipos de software, con los que pueden interpretar el tipo de vegetación, dónde es más denso, más bajo, más alto y demás características. Lo mismo sucede con el agua: “Se encuentran diferencias en el agua, y no solo en el agua superficial, sino la subsuperficial”, que alcanzan a captarse desde el satélite, pues el suelo de Chiribiquete está saturado de agua.

Con esa información, los investigadores tienen lo necesario para armar una especie de marco teórico de la expedición. Luego toman todos esos elementos ya digitalizados y montan un sobrevuelo en avioneta, con el que verifican todo. “Te vas y chequeas todo eso. Uno cree que no, pero al pasar de la brújula antigua a un GPS, el salto es gigantesco”.

“La tecnología aeroespacial te está ahorrando años de trabajo”:
Rodrigo Botero.

En esta tarea de fotografía aérea también entra otra tecnología clave en las expediciones. Castaño destaca el uso de drones para tomar imágenes, que hacen paneos y luego toda la conversión de imágenes, ahorra mucho tiempo y esfuerzo y agrega un alto nivel de precisión. Luego de la captura, esta herramienta entrega una sola imagen de todo el panel, que antes requería cientos de rollos fotográficos –los que no se velaban en el camino–, más un tiempo de traslado, la espera del revelado y la organización de cientos de fotos para poder recrear un área específica.

En los últimos 2 años, la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible realizó 18 sobrevuelos en Chiribiquete. Es decir, casi 1 sobrevuelo cada 45 días, en los que recopilaron más de 24 mil fotos que alimentan una extensa base de datos. Y esta es solo una de las instituciones involucradas.

La innovación en estos trabajos de investigación no solo viene de las herramientas, sino de la cultura, y aquí la colaboración es otro punto álgido. Se trata de un trabajo colaborativo en el que participan instituciones privadas y públicas como el Instituto SINCHI, la Universidad Nacional y la Universidad Javeriana, que alimentan bases de datos interoperables, como la del Sistema Nacional de Biodiversidad dentro del Instituto Humboldt. Una base de datos abiertos sobre la diversidad biológica de Colombia.

Así va el catálogo de datos abiertos del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia.

Ahora sí, ¡a la expedición!

Aquí no hay nada es al azar, porque simplemente no se puede permitir. Por seguridad, tiempo y costos, principalmente. En su mayoría, toda la expedición está minuciosamente calculada. Claro, pueden surgir alteraciones, pero no es lo habitual. Una vez se tiene toda la información analizada, los investigadores ya saben exactamente a dónde van, por dónde transitarán y qué deben encontrar.

El equipo, que usualmente no suma más de 20 personas, lleva estrictamente lo necesario y tiene un diseño de cuáles son las rutas por seguir, sabe cuántos kilómetros debe recorrer cada día, cuánto se hace en trocha o en botes, dónde hacer las estaciones y los muestreos.

¿Fue efectivo el uso de todas estas herramientas?

Sí. “La expectativas se cumplieron de una manera brutal. La diferencia es gigante y los investigadores así lo percibieron”.

“El potencial que hay con toda la ayuda tecnológica y científica, esto se dispara de una manera loca”.

Rodrigo Botero.

Una vez de regreso a la oficina, al laboratorio, comienza todo el trabajo de análisis de lo obtenido en el campo, y aquí los procesos y metodologías varían.

Castaño asegura que desde el punto de vista de análisis no ha habido mayor variación tecnológica, “salvo que se han mejorado las variables para poder calibrar. Como las muestras isotópicas que se utilizan para poder leer la fecha, para hacer las dataciones, basándonos en carbono 14. Hay una gran cantidad de técnicas nuevas, como el magnetismo, que pueden ayudar en el futuro a mejorar y precisar la información”. Sin embargo, por un tema de costos, aún no se han usado para las muestras de Chiribiquete.

Foto: Carlos Castaño Uribe (Wikimedia Commons).

En el campo geológico, toda la información espectral ha sido fundamental y el avance, según el mismo Castaño, ha sido notorio. “Hemos logrado con los geólogos de la Universidad Nacional avanzar en la composición morfológica, en el análisis de las condiciones mineralógicas, granulométricas, en conocer todas las capacidades espectrales de los minerales que se han venido observando. Eso sería imposible si no fuera por el avance de la tecnología”.

La promesa de la gran divulgación de Chiribiquete se hace más fuerte, pues el trabajo de estos científicos no ha terminado y será precisamente gracias a la Tecnología, la Innovación y la Ciencia que se logre enseñar y sensibilizar sobre este tesoro a tantas personas como sea posible. Eso sí, con un mensaje de educación y conciencia. Tenemos que proteger a Chiribiquete y podemos hacerlo sin poner un pie en este territorio sagrado.

Ambas acciones, el reconocimiento del parque como patrimonio y su ampliación, buscan darle mayor protección a este santuario, pues aunque Chiribiquete es vasto, asimismo es sumamente frágil y demanda, no solo del Estado sino de todos los colombianos, su protección y conservación.

El primer paso es conocer lo que tenemos, su importancia y valor. Sobre todo en tiempos donde los vecinos ponen en peligro la Amazonía, en que la ganadería y minería que se expanden y hacen metástasis, en el que el humano representa la principal amenaza y en tiempos en los que tenemos la última opción de hacer una transformación realmente significativa para el futuro de las especies en nuestro planeta.


Fotografías: Cortesía Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible.

Last modified: 25 Enero, 2019

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