Hace un año, Etika –uno de los streamers más prolíficos de la plataforma Twitch, con 1,3 millones– desapareció de sus redes sociales. Su último mensaje fue un video subido YouTube en el que admitía tener trastornos mentales y pensamientos suicidas. Su cuerpo fue hallado 5 días después en el Río Este de Nueva York. La causa de muerte: suicidio por ahogamiento. 

El 2 de julio de 2020, la cuenta de Twitter @BlueGoesMew confirmaba que Byron Bernstein –más conocido como Reckful–, exjugador número 1 de World of Warcraft en el mundo, había fallecido. La causa de muerte: suicidio. Apenas una semana después, la streamer Ohlana tuiteó intensamente el 6 de julio antes de ser declarada muerta la mañana siguiente. La causa de muerte: suicidio.

En todos los casos, era plenamente sabido que estas personas tenían tendencia a sufrir trastornos mentales. Pero incluso las ráfagas de tuits erráticos no alertaron a sus seguidores, hasta que tuvieron un final fatal. Es curioso que la generación Y –los millennials– sea una de las generaciones más conectadas de la historia, pero también la que más medidas radicales toma en medio de la desesperación.

Hoy en día vivimos más conectados que nunca, pero pareciera que todavía seguimos desconectados de nuestras emociones. “Lo que pasa es que nunca nos han enseñado qué hacer con las emociones –explica Cristina Hincapié, psicóloga, teóloga y cofundadora de la Casa Jung en Medellín–. Nunca hemos tenido una clase de manejo emocional en las escuelas, ni en los colegios, ni en las universidades. Es un tema que no se ha trabajado como debe ser”.

¿Las razones son tecnológicas?

Las generaciones más jóvenes son claramente las más conectadas, y esto va relacionado también con un aumento en el uso de las redes sociales. Por eso, una salida sencilla es culpar enteramente a dichas redes por los trastornos emocionales que plagan las generaciones jóvenes, por generar sensaciones como el anonimato que pueden llegar incluso hasta falta de reconocimiento o de identidad, y en general a un cuasi impulso destructivo que plaga las conversaciones en Internet.

No podemos culpar a las herramientas –afirma Hincapié–; de lo que tenemos que ser muy conscientes es de cómo las usamos”. Existen distintos estudios que muestran que la mayoría de personas hacen un uso responsable de las redes sociales, pero que evidentemente existen casos extremos que se convierten en adicción. A esto sumemos que en tiempos de pandemia es fundamental ser sociales por medio de la tecnología.

Una realidad, sin embargo, es que las plataformas en línea también sirven como apoyo para actitudes de acoso y matoneo. La percepción de la ausencia de límites y de inmunidad detrás de la pantalla impulsa a las personas a ser más crueles y a decir cosas que, en ocasiones, hieren mucho más que en persona.

Pensemos, también, en el fenómeno del cyberbullying. Según David D. Luxton, profesor asociado de psicología en la Universidad de Washington y Jefe de ciencia para Now Matters Now , el cyberbullying es un problema mayor que en los últimos años ha venido ganando mucha más atención por los medios.Acerca de las causas –escribe– mucho de esto tiene que ver con la naturaleza humana. Muchas personas han sido matoneadas a lo largo de la historia de la humanidad; ahora simplemente existen medios digitales para hacerlo”.

Now Matters Now es una organización dedicada no solamente a la investigación del suicidio, sino además a ayudar a prevenirlo. Sin importar si es en línea o no, el matoneo tiene consecuencias negativas –en ocasiones a largo plazo– que acaban con un detrimento en la salud mental de las víctimas. Pese a esto, las actitudes suicidas por lo general no tienen una única raíz, sino una matriz de problemas y comportamientos que desembocan en ese trastorno específico.

De cierta manera, aunque la tecnología ayuda a amplificar los problemas y vuelve visible un problema más común en las generaciones conectadas, no es la única ni la más grande razón por el aumento en los trastornos mentales.

Las ayudas sí son tecnológicas

Una particularidad, sin embargo, es que a falta de atención, estas mismas generaciones son las que han vuelto el tema de salud mental una situación pública. La respuesta ha estado en muy buena parte impulsada por la tecnología y las nuevas plataformas. 

El ya mencionado David D. Luxton también es pionero en el análisis de conductas por medio de la inteligencia artificial y machine learning. Tenemos que utilizar la tecnología de forma que podamos detectar riesgos y, si es posible, hacer algo de intervención”, explica.

Es por esta razón que muchos de sus estudios recientes se enfocan hacia la utilización de la Inteligencia Artificial para desarrollar máquinas que identifiquen y mejoren la calidad de la atención a la salud mental. Y, de hecho, no hay que ir muy lejos para encontrar resultados.

Un caso de éxito es la Universidad de California del Sur. Los estudiantes de universidad tienden a sufrir trastornos mentales como ansiedad o depresión relacionados con su desempeño. Utilizando la Inteligencia Artificial, la universidad implementó un programa automatizado de bienestar mental. El resultado fueron estudiantes más capaces, más felices y más productivos.

Dada la popularidad de los teléfonos inteligentes, existen también aplicaciones que facilitan el control de la salud mental por medio de IA. Wysa, por ejemplo, hace preguntas diarias como si fuera una conversación, excepto que es una Inteligencia Artificial hablando. Estas preguntas no solo permiten hacer seguimiento de un diario de la salud mental del usuario, sino que también ayudan a que el algoritmo se vuelva más inteligente. Otros ejemplos de apps específicamente sobre salud mental son Youper, Moodpath o MoodSpace.   

Siempre vale la pena hablar de salud mental

Hablar de salud mental no es de locos. Hablar de salud mental es de seres humanos –afirma Cristina Hincapié– y estas nuevas generaciones tienen la gran tarea de expandir la conversación”. Así como streamers y personalidades del Internet han sufrido pérdidas debido a trastornos mentales, ellos también usan estas plataformas para impulsar y normalizar la discusión.

En Twitch, por ejemplo, Mxiety usa la plataforma de streaming de videojuegos para hablar sobre salud mental y llegarle a la audiencia de los videojuegos, que incluye desde niños hasta adultos. 

Imagen: Twitch/Mxiety

Jimmy Broadbent, en YouTube, es una de las personalidades más grandes de los simuladores de carreras. Lo que pocos conocen, sin embargo, es que también ha sufrido como consecuencia de la depresión y ha llegado a pensamientos suicidas. Debido a esto, él mismo ha liderado eventos de 24 horas con grandes recaudos de los que el 100 % van directamente a Mind, una institución de prevención y cuidado de la salud mental ubicada en el Reino Unido.

De esta manera, no solo se visibiliza una situación real para muchas personas pero aún así invisible para la sociedad, sino que facilita el diálogo a la hora de hablar con allegados sobre nuestras inseguridades. Sin importar la plataforma, el mensaje importante es hablar sobre problemas mentales que muchas veces no son tratados y terminan con consecuencias fatales. La tecnología no es una excepción, y de nosotros depende el buen uso para que las nuevas plataformas también promuevan una buena salud mental.