Los recientes fallos de los tribunales de los estados de California y New Mexico en Estados Unidos han abierto una enorme controversia mundial acerca de lo atinado o desatinado de los fallos. En esencia, los fallos condenan a Meta (propietaria de Instagram, Facebook y WhatsApp) y a YouTube, de Alphabet, propietaria de Google y de todo su ecosistema, por los daños causados a una joven que comenzó a usar sus plataformas desde que tenía 6 años.
En California, la jueza Carolyn B. Kuhl declaró que Meta y YouTube eran culpables de todos los cargos por provocar adicción en una joven y graves daños a su salud mental. En otro caso, también en California, una demanda entablada por el Social Media Victims Law Center (Centro Jurídico para Víctimas de las redes sociales) de Seattle, alega que una mujer de 20 años de Chico, California, se considera adicta a las redes sociales durante más de 10 años y según ella, el uso incesante de estas plataformas le ha causado ansiedad, depresión y dismorfia corporal.
Las empresas matrices de redes sociales se enfrentan, también, a demandas de protección al consumidor presentadas por unas 3 docenas de fiscales generales estatales y a demandas por alteración del orden público por más de 1.000 distritos escolares públicos de todo Estados Unidos, agrupadas ante un juez federal en Oakland, California. Esos casos, que se espera que comiencen a juzgarse a finales de este año, también exponen a las Big Tech a demandas multimillonarias que podrían reconfigurar la manera cómo se usan las redes sociales en el mundo entero.
Los abogados demandantes han centrado sus alegatos jurídicos en asegurar que las empresas propietarias de las redes sociales desarrollaron un algoritmo que produce adicción, el famoso deslizar permanente o ‘scroll infinito’, tesis que respalda el destacado profesor Jonathan Haidt, autor del Best seller ‘La Generación Ansiosa’ y que se podía vislumbrar en algunos estudios que antecedieron la icónica obra de Haidt. Tómense la tarea de leer este sencillo artículo de 2.018, citado por Haidt y miren el título: “Bucles compulsivos y descargas de dopamina: cómo se diseñan los juegos para ser adictivos”. Lo cual es, básicamente, lo mismo de lo que acusan a las redes sociales.
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¿Son las redes sociales malas per se?
Las redes sociales no son intrínsecamente malas ni buenas, son herramientas y como toda herramienta, su valor depende de cómo se usan. Las redes sociales son herramientas neutras. Su impacto depende del diseño, el uso y el contexto. ¿Son malas per se? No. Pero tienen diseños que priorizan el ‘engagement’ sobre el bienestar y eso no es neutral. La pregunta más útil no es ¿son buenas o malas? sino ¿quién se beneficia de su diseño actual y a qué costo? El cuchillo puede ser un instrumento de trabajo o un arma mortal.
Las redes sociales entre 2010 y 2012, Facebook y Twitter, fueron fundamentales para la llamada ‘Primavera Arabe’. La ALS Ice Bucket Challenge fue una campaña viral en Facebook y YouTube que recaudó más de 220 millones de dólares para investigación de la ‘Esclerosis Lateral Amiotrófica’ (ELA) y permitió financiar, directamente, el descubrimiento de un gen clave en la enfermedad, el gen NEK1 (NIMA-related kinase 1), situado en el cromosoma 4q33, que codifica una serina/treonina quinasa esencial para la estabilidad de los microtúbulos, la formación de cilios y la reparación del ADN. Su disfunción está fuertemente asociada con la ELA y la poliquistosis renal.
Pero, las redes sociales también han servido para manipular a la opinión como ocurrió con la primera elección que ganó Donald Trump y que quedó evidenciado en el escándalo de ‘Cambridge Analytics’ que ya anticipaba todo este rollo para las plataformas en mención. O la ‘infodemia’ como la denominó la OMS a la propagación masiva de desinformación médica en redes durante la pandemia del Covid19. En ese momento, Facebook e Instagram fueron señalados por amplificar contenido falso sobre vacunas. O cuando en Colombia, admitieron los promotores del No a la Paz, en el plebiscito de 2.016, que habían alentado a la gente a votar ‘emberracados’.
El diseño del algoritmo de las redes sociales, descubierto por Facebook y replicado por las otras redes sociales, actúa como un ‘shot’ de dopamina — ya hay suficientes estudios neurológicos que lo demuestran— que lleva al usuario a querer pegarse para estar sintiendo ese elevado sentimiento de bienestar que, en muchos, muchos casos, termina en ansiedad y depresión, argumento central de los demandantes mencionados en este espacio.
Según Jonathan Haidt, los 4 perjuicios fundamentales de las redes sociales para los niños y jóvenes son: Privación Social: El traslado de la vida social al mundo virtual (pantallas) ha sustituido el juego físico y la interacción cara a cara, esenciales para el desarrollo social y la maduración, provocando inmadurez emocional. Privación del Sueño: El uso nocturno de dispositivos reduce las horas de descanso, afectando la salud física y mental. Fragmentación de la Atención: El ‘scroll infinito’ y las notificaciones constantes rompen la capacidad de concentración, generando adicción y pérdida de control mental. Y la Adicción (y vulnerabilidad mental): Las plataformas están diseñadas para activar la dopamina, lo que, unido a la comparación social, dispara ansiedad, depresión y autolesiones, afectando más a las niñas adolescentes.
Hemos descubierto tarde, muy tarde, que no debíamos darles un celular a los niños y jóvenes. Hay toda una generación perjudicada por los vientos huracanados del marketing de las grandes tecnológicas, asociadas plataformas y productores de aparatos, que llevaron a las madres a convertir el celular en un biberón electrónico y henos aquí discutiendo cómo hacemos para revertir el mal hecho.
Hace 25 años, en el boom de Internet, llenamos las aulas escolares de dispositivos electrónicos; hoy el mundo entero está tratando de revertir esa metodología. Son paradigmáticos los ejemplos de los países nórdicos, comenzando por Dinamarca.
Jonathan Haidt recomienda cuatros pasos para mejorar la sintomatología de la llamada Generación Ansiosa:
- A) No deben permitirse teléfonos inteligentes antes de la escuela secundaria.
- B) No permitir usar redes sociales antes de los 16 años.
- C) No permitir teléfonos en las escuelas.
- D) Más juegos libres e independientes, sin uso de aparatos tecnológicos.
No se trata de devolvernos a la era de las cavernas. ¡No!, ni más faltaba.Se trata de aprender a convivir con la tecnología sin que ella nos esclavice. Una discusión pendiente y muy importante en plena época de advenimiento de la Inteligencia Artificial.
El interrogante para hacer a todos los gobiernos del mundo es por qué no le colocaron atención a la Cátedra de Alfabetización Mediática e Informacional aprobada por la UNESCO desde 2.012 y cuyo texto es hoy quizás el mejor instrumento para educar a docentes y padres de familia para que puedan mejorar los entornos de los colegios y de los hogares, en la intoxicación que se vive con las redes sociales y los dispositivos electrónicos.
La importancia de la AMI
La Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) es quizás la mejor herramienta pedagógica que existe hoy en día para educar a una población que está viviendo la ‘infoxicación’ o ‘infodemia’ más la enorme carga adictiva de las redes sociales, creando un mundo de caos, donde imperan la desinformación, las noticias falsas y creando un ambiente proclive a la polarización, perfecto para los populistas de derecha o de izquierda; tremendo momento el que atraviesan las democracias liberales del mundo entero.
Ya he escrito acerca de la importancia de la AMI y creo que están más vigentes que nunca los conceptos expresados, por aquí y por allá. Creo que la AMI debe incluir un nuevo capítulo dedicado a los conceptos expresados por Haidt y considero que los estados deben propender por hacer obligatoria la cátedra de la AMI pero, también, he aquí una gran oportunidad para las Big Tech para ayudar a resarcir el daño hecho a las dos últimas generaciones, la Generación Ansiosa, y destinar un paquete de ayudas económicas para la implementación de la AMI, empezando por los países del Tercer Mundo que se asustan cada vez que se habla de implementar un nuevo proyecto o una nueva tecnología.
Le hago un llamado a Marck Zuckerberg (Facebook, Instagram, WhatsApp), a Sergey Brin y Larry Page (YouTube, Google), Zhang Yiming (TikTok), Evan Spiegel, Bobby Murphy y Reggie Brown (Snapchat), David Baszucki (Roblox) y Satya Nadella (Minecraft, Microsoft) para que acuerden en los tribunales esta compensación con la certeza que terminaremos construyendo un mejor mundo en donde las redes sociales contribuyan con el desarrollo y crecimiento de la humanidad y no con su destrucción.
¿Qué va a pasar con las redes sociales?
No puedo atreverme a hacer una conjetura en estos momentos. Lo que pase con los resultados de los juicios pendientes en Estados Unidos, podría impulsar un acuerdo global, independientemente de las iniciativas que están tomando ya muchos gobiernos, prohibiendo las redes sociales para niños y adolescentes como si esa norma pudiera aplicarse con un simple decreto.
Hay algunos escenarios previsibles ante un resultado igual a los 2 fallos proferidos, pero es mejor no especular y esperar.
(*) Analista e Investigador de Tendencias Digitales. Columnista de ImpactoTIC, antes en Portafolio, El Tiempo, Razón Pública y DPL News
Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la posición de Impacto TIC.






