Cuando hablamos de exploración espacial, por lo general la primera idea que se nos viene a la mente está relacionada con la Nasa y sus misiones, o tal vez con el programa espacial ruso. Esto no es sorprendente, principalmente por el hecho de que Estados Unidos y Rusia llevan más de medio siglo liderando las ambiciones espaciales de la humanidad. 

Sin embargo, aunque tal vez no sea tan mencionado, el programa espacial de China se ha convertido esta última década en uno de los más avanzados y cuyas ambiciones lo han llevado a convertirse en una tercera potencia espacial. Y pese a que el programa ha tenido algunos incidentes negativos, hace apenas 3 meses China lanzó su primera misión tripulada en 5 años para comenzar la construcción de su estación espacial.

Con retrasos en el programa Artemis de la Nasa –que planea llevar nuevamente astronautas a la Luna–, los recientes éxitos chinos han puesto los ojos sobre una nación que quiere llevar su importancia a nivel global fuera de órbita… literalmente.   

Avances tempranos

Las ambiciones espaciales chinas tuvieron su inicio oficial en 1964, cuando el país logró lanzar un cohete 70 kilómetros por encima del nivel del mar y cuya única tripulación eran ratones. Este cohete fue luego recuperado, pero 4 años más tarde –en 1968– en Beijing se formó lo que años después se conocería como el Centro Chino de Investigación y Entrenamiento para Astronautas.

En 1970 China lanzó exitosamente Dong Fang Hong I –su primer satélite–, mientras que Qian Xuesen, para muchos el padre del programa espacial chino, introdujo el primer proyecto espacial tripulado. Sin embargo, y pese a los avances importantes que tuvieron la Unión Soviética y Estados Unidos, tomaría hasta 1992 para que China estableciera formalmente el Programa Shenzhou –la iniciativa del gobierno para promover viajes espaciales tripulados–.

Qian Xuesen, cofundador del Jet Propulsion Laboratory en California y padre del programa espacial chino. Imagen: Wikimedia

Con ayuda de Rusia y de los desarrollos que dejó Xuesen, China logró desarrollar su cohete Long March, que todavía sigue vigente. En 2003, en el marco de la misión Shenzhou 5, este cohete puso al astronauta Yang Liwei en órbita por 21 horas. Con esta hazaña, China se convirtió en el tercer país del mundo (después de Estados Unidos y la Unión Soviética) en poner un astronauta en órbita usando su propio cohete.

Después de 2003, el gigante asiático ha gozado de varios éxitos en sucesión rápida, logrando llevar 2 astronautas más en 2005, poniendo un satélite en la órbita lunar en 2007 y logrando su primera caminata espacial en 2008. Para Sa’id Mosteshar, Director del Instituto de Política y Derecho Espacial de Londres y profesor de Derecho Espacial Internacional, estos éxitos están basados en un apoyo de varias décadas por parte del Partido comunista. “El liderazgo del CPC se ha dado cuenta del potencial de desarrollo científico y tecnológico, político, socioeconómico y de seguridad nacional de los compromisos espaciales”, nos dice.

La exploración lunar

Este crecimiento y apoyo por parte del gobierno significó que China continuaría pisando los talones de Rusia y Estados Unidos. En 2013, apenas 10 años después de haber salido de la atmósfera, el módulo no tripulado Chang’e 3 logró realizar un alunizaje. Esta fue la primera vez desde 1976 que un módulo espacial llegaba a la Luna sano y salvo, y de nuevo China se unió a un club exclusivo que antes tenía como miembros solamente a los Estados Unidos y Rusia. 

El lado oculto de la Luna, fotografiado en la misión Apollo 16 en 1972. Imagen: Wikimedia

Y aunque 2013 fue un éxito, en 2019 el país estuvo en boca de todos al realizar algo que ninguna otra nación ha logrado hasta hoy: aterrizar en la cara oculta de la Luna. Debido a que el tiempo que la Luna tarda en rotar sobre sí misma es idéntico al que tarda en rotar alrededor de la Tierra, acá en la Tierra siempre vamos a ver la misma cara de la Luna. La cara oculta es ese lado de la Luna que nunca vemos.

En la mitología china, Chang’e es el nombre de la diosa de la Luna. Según las leyendas, Chang’e tiene piel pálida, cabello negro como la noche y labios rojos como cerezas. En ocasiones es representada con su mascota, un conejo blanco.

Llegar a ese lado de la Luna representa varios desafíos, pero principalmente es un reto gigante de logística, ya que las transmisiones con origen desde la Tierra son fácilmente obtruidas por el satélite natural. En 1959 la Unión Soviética nos dio la primera imagen del lado oculto, pero en 2019 –y apenas en su segundo alunizaje– China se convirtió en el primer país en alunizar y explorar esta vasta región relativamente desconocida.

Aunque el róver tenía una vida útil de 3 meses, hoy en día todavía sigue funcionando y se encuentra a poco menos de 1 kilómetro de distancia de su lugar de alunizaje. Con todo esto, China espera poner los cimientos para más misiones lunares y tener humanos en la Luna para la década de 2030. Así mismo, la agencia espacial rusa Roscosmos aseguró que trabajará en conjunto con China en la construcción de una estación lunar dedicada a la investigación.       

Una nueva estación espacial y la llegada a Marte                                          

En abril de 2021 China lanzó al espacio el primer módulo de lo que será su nueva estación espacial. Aunque esta noticia es por sí sola un avance gigante para el país, el lanzamiento atrajo la atención de la comunidad internacional por razones distintas. Una vez el cohete llegó a órbita, el mundo entero observó su descenso ‘incontrolado’. En otras palabras, China no tenía control de en dónde caería. 

El cohete finalmente cayó en el Océano Índico cerca de las Maldivas, generando críticas por parte de la Nasa en lo que ellos calificaron como un fracaso para cumplir con estándares responsables. Según Sa’id Mosteshar, aunque para China es importante su imagen internacional, esta imagen no vendrá a costa del rápido progreso que han tenido en la última década.

Sin duda, China tendrá en cuenta cualquier crítica de este tipo en sus actividades futuras, ya que quiere ser vista como un actor responsable en el espacio. Sin embargo, China, como otros países han hecho antes, no lo convertirá en una prioridad si ello conlleva retrasos y costes significativos.   

Sa’id Mosteshar, Director del Instituto de Política y Derecho Espacial de Londres

Mientras China construye su estación espacial Tiangong, la Estación Espacial Internacional se acerca al final de su ciclo de vida, en 2024. Aunque la Nasa ha mostrado intenciones para seguir operando después de esta fecha, la agencia rusa Roscosmos anunció su retiro de la Estación en 2025, poniendo en duda la continuación del proyecto internacional. 

Paralelo a esto, en mayo de este año, China completó en una sola misión lo que a la Nasa le había tomado varios años. La misión Tianwen (Preguntas al cielo) logró llegar a órbita marciana, poner un módulo en la superficie del planeta rojo, sano y salvo, y luego lanzar un róver. Hasta ese día, Estados Unidos era el único país en haber logrado llevar módulos a la superficie marciana, en misiones con vehículos como Curiosity y Perseverance.

El cohete chino Long March 5B, encargado de las misiones a Marte y la Luna. Imagen: Xinhua

¿Una nueva carrera espacial?

Y aunque China está entrando a un terreno previamente dominado por Estados Unidos, lo cierto es que estos avances no se pueden calificar como una verdadera carrera espacial entre ambos países. El ambiente entre las 2 naciones acá en la Tierra no es el más amigable, y en materia espacial China ha adoptado su propio calendario y manera de hacer las cosas, dice Mosteshar. 

China, por ejemplo, ha tenido restringido desde 2011 el acceso a la Estación Espacial Internacional debido a que el Congreso estadounidense lo consideró un riesgo a la seguridad nacional. La respuesta de China fue crear su propia estación, de paso también asegurando la colaboración de Rusia. “El proyecto de la estación espacial china es algo que lleva mucho tiempo desarrollándose y no es el resultado de una especie de carrera hacia el espacio”, dice Mosteshar.  

Así mismo, aunque la exclusión de China en la Estación Espacial ha acelerado el programa chino, asegura que de todos modos, China se habría centrado en el desarrollo de las capacidades nacionales relacionadas con el espacio para asegurarse de no depender de otros a la hora de llevar a cabo sus compromisos espaciales preferidos y cosechar los beneficios socioeconómicos, de seguridad nacional, políticos, científicos y tecnológicos asociados.

Aunque pueda sonar como ciencia ficción, en muchos puntos China entiende sus avances en el espacio como una inversión que a futuro se puede reflejar en más recursos para la nación. Esto, por ejemplo, gracias al potencial que tecnologías como la minería espacial pueden traer en el próximo siglo.

Con un programa espacial chino que avanza a pasos gigantes, tal vez el reto más grande esté acá, en la Tierra. En palabras de Mosteshar: “Un elemento interesante será hasta qué punto China estará dispuesta y será capaz de avanzar en sus compromisos bilaterales y multilaterales fuera de la ONU. China tendrá que sortear muchos obstáculos para lograr algún progreso significativo con los estados occidentales”.


Imagen principal: John Bell en Flickr