Con miras hacia el futuro, la informalidad es un problema, que se identificó como el elemento común de los contenidos presentados durante la primera jornada virtual del foro Entendiendo el futuro, organizado por Asofondos. Aunque no es un fenómeno nuevo, se analizó desde el punto de vista de la protección social en medio de una era marcada por la tecnología y con cambios demográficos que traerán nuevos retos.

Santiago Montenegro, presidente de Asofondos, aseguró durante la apertura del evento que estos factores son fundamentales para entender el futuro de los actuales trabajadores: “En este foro queremos concentrarnos en los problemas más estructurales como factores que determinan los sistemas pensionales; muy importante analizar la relación entre trabajadores activos y adultos mayores”.

Según compartió Steim Emil Vollset, profesor de Ciencias de Métricas de la Salud de la Universidad de Washington, la población mundial pasó de 2.600 millones de personas (1950) a 7.900 millones (2020) y se espera que en los próximos 50 años aumente en 2.000 millones más, lo que trae diferentes cambios. Uno de ellos es la distribución de la pirámide de población.

«A final del siglo vamos a tener una proporción mayor de 65 años más grande que la población menor de 20 años”, compartió Vollset. En Colombia, en 1950 había 10 personas en edad de trabajar por cada adulto mayor, y que en 2020 esa relación se redujo a 5,8 y proyectó que «en 2100 solo habrá 1,1 personas en edad de trabajar por cada adulto mayor de 65 años”. En la siguiente gráfica se ve en gris la franja de la población trabajadora, que prácticamente se invertirá, y serán más las personas mayores.

Para 2100 aumentará considerablemente la población mayor de 80 años, mientras que disminuye la población infantil y adolescente.

Sobre el presente se refirió Veerle Miranda, economista senior de la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económicos (Ocde), al señalar que las tasas de desempleo, en 2020, se dispararon en solo unos meses, y el impacto generado a raíz de la pandemia es 10 veces mayor de lo que se vivió en la crisis de 2008. Y aún hoy los indicadores muestran una disminución masiva en la contratación de empresas, por lo que en el riesgo de volver a la pobreza es muy alto en algunos contextos.

Justamente los trabajadores informales son los más vulnerables. Dentro de los países de la Ocde, se estima que 2 de cada 3 trabajadores informales se han visto afectados por la crisis, que sus ganancias se redujeron en un 60 %, y dada su informalidad no son elegibles para la mayoría de las medidas de ayuda.

De otro lado, el desempleo juvenil aumentó del 11,2 % en febrero al 17,6 % en mayo, y las perspectivas son sombrías para los graduados de 2020. Y en el caso de las mujeres, son las que tienen mayor carga de trabajo en el hogar, a la vez que fue el grupo de mayor pérdida de trabajo en el inicio de la pandemia. La economista también recordó uno de los puntos álgidos, el hecho de que quedarse en casa durante la pandemia es más difícil para las personas más pobres.

En general, los países tomaron medidas sin precedentes para apoyar a los trabajadores, las empresas y los hogares. El 11 % de los países de la Ocde agregó o cambió alguna política, como las siguientes (Colombia tomó algunas de estas medidas):

  • Apoyo financiero a empresas.
  • Apoyo a los ingresos para las personas que pierden su empleo o sus ingresos.
  • Ayuda a los ingresos de los trabajadores en cuarentena.
  • Ayudando con necesidades de cuidado imprevistos. (No aplicó en Colombia)
  • Esquemas de retención laboral. (No aplicó en Colombia)
  • Reducir la exposición de los trabajadores al Covid-19.
  • Extensiones a la licencia por enfermedad pagada.
  • Ayudar a los trabajadores a permanecer en sus hogares.
  • Cambios en la regulación de despidos.

Miranda recalcó que la continua crisis de salud y empleo requiere que los países adapten sus políticas, enfocándose especialmente desde el segmento social, en la protección social, la juventud y las habilidades (formación y reentrenamiento de nuevas habilidades requeridas en el mercado laboral): «Tenemos que invertir en destrezas para agilizar la transición hacia el nuevo trabajo». Y en cuanto al empleo, destacó la necesidad de políticas encaminadas hacia el apoyo al empleo, planes de conservación de los puestos actuales e impulsar la creación de nuevos puestos de trabajo.

Sobre la informalidad, Sebastián Nieto, jefe para América Latina y el Caribe de la Ocde, compartió que la tasa de informalidad afecta especialmente a los jóvenes y a las personas mayores. Justamente, la informalidad en las personas mayores supera el 70 %.

El ejecutivo recordó que los esfuerzos por reducir la informalidad han sido leves, por lo que se necesitan acciones urgentes; de igual manera llamó la atención para abordar la informalidad no solo de trabajadores, sino de hogares. Hay casos de hogares informales, formales y mixtos, cuya proporción varía de acuerdo con el entorno (rural y urbano), por lo que es un elemento importante para tener en cuenta en políticas de protección social.

La reiteración sobre el problema de la informalidad, especialmente en la población mayor, es porque los trabajos que realizan son susceptibles a ser automatizados, en una gran medida.

Sin embargo, el profesor de economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Daron Acemoglu, destacó que «el envejecimiento no parece ser un desastre en muchos países» y la automatización ha permitido soportar sus desafíos. De hecho, señaló la automatización como una oportunidad, sin dejar de tener en cuenta que también tiene su lado negativo.

«La demanda laboral ha venido cayendo. Desde los años 80 se ha visto un incremento en la desigualdad debido a la adopción de tecnología y de la automatización. La automatización ha desplazado a una parte importante de la fuerza laboral», y agregó que se necesita una regulación de la tecnología, justamente por la desigualdad que puede llegar con la automatización y el pago de salarios. El reto es justamente buscar el equilibrio sin afectar el avance de la innovación.