A veces, el afán por adoptar una tecnología no es suficiente o al menos eso parece comunicar el reciente estudio de ‘Tendencias globales de capital humano 2026’ realizado por Deloitte. De hecho, aunque el estudio analiza el impacto de la Inteligencia Artificial en los sitios de trabajo, Jorge Ponga, el socio líder de capital humano para América Latina, afirma: “La clave es regresar a los básicos de convivencia en un centro de trabajo”.
Ponga agrega que “En WhatsApp ya tenemos Inteligencia Artificial gratuita. Lo que no tenemos es la sinceridad de un líder cuando ve a su colaborador y dice, ¿cómo está tu familia?”. Porque aunque la tecnología es un habilitador, la adopción de la IA responde a varias dinámicas que empiezan por el talento humano.
Por ello, la última versión de este informe que Deloitte realiza desde hace 15 años, lleva por título ‘De tensiones a puntos de inflexión: Elegir la ventaja humana’. Un documento que recopila la opinión de 10.000 organizaciones, 150 de ellas de Colombia, analizando la interacción entre los sistemas automatizados y la fuerza laboral, identificando puntos críticos y tendencias donde las organizaciones deben tomar decisiones acertadas.
Y es que para colocar en contexto la brecha entre la tecnología y su adopción basta mirar las cifras. Según los datos recopilados, el 93 % de los presupuestos destinados a la adopción de la Inteligencia Artificial se va de manera exclusiva a la adquisición e implementación de tecnologías, mientras que únicamente el 7% se enfoca en el desarrollo, capacitación y bienestar de las personas dentro de las organizaciones.
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Agilidad operativa frente a la frecuencia del cambio
Los indicadores de competitividad empresarial señalan que la velocidad de adaptación es el factor determinante en el mercado contemporáneo. Las métricas del reporte reflejan que “7 de cada 10 líderes empresariales consideran que su principal ventaja competitiva de cara a los próximos años va a ser la agilidad y la rapidez”, dice Roberto Estrada, socio de capital humano de Deloitte para la región Andina.
Esta exigencia de agilidad se traduce en una carga de adaptación constante sobre los puestos de trabajo individuales. Las estadísticas del estudio indican que un empleado promedio se enfrenta en la actualidad a una tasa de aproximadamente 10 cambios al año. Una tendencia disparada por tecnologías como la IA.
De hecho, Estrada plantea que el proceso de aprendizaje y adopción tecnológica dentro de las empresas debe seguir un ciclo estructurado de responsabilidades compartidas para ser efectivo y evitar el olvido del conocimiento. Este ciclo se compone de la siguiente manera:
- Responsabilidad de la empresa (Capacitar): La organización tiene la obligación de definir claramente los conocimientos, habilidades y temas futuros que se requerirán en función de los cambios del entorno, diseñando un programa de formación adecuado.
- Responsabilidad del trabajador (Aprender): El empleado debe asumir de forma activa el compromiso de adquirir esos conocimientos, ya que la capacitación no sirve por sí sola si no hay una disposición real de aprendizaje.
- Responsabilidad compartida (Aplicar lo aprendido): Es el punto crítico del ciclo. El vocero explica que, según Harvard Business Review, una persona que no pone en práctica lo aprendido olvida hasta el 70 % de esa información en una semana. Por lo tanto, las empresas deben crear los espacios para que los colaboradores ejecuten y consoliden de manera práctica sus nuevas habilidades en el día a día.
Brechas de preparación regional
El análisis comparativo entre los datos recopilados en Colombia y el promedio de Latinoamérica expone una desconexión entre la importancia que los líderes asignan a las nuevas tendencias de capital humano y su nivel real de preparación para ejecutarlas. En cifras, mientras el 64 % de las empresas saben la importancia del rol de la IA en la toma de decisiones, solamente el 5% de los encuestados están logrando progresos.
“Hay una brecha muy importante entre el reconocimiento de que la tendencia es importante y qué tan preparado me siento para poder enfrentarla de una manera adecuada”, dice Estrada.
Asimismo, el concepto denominado ‘la ventaja de la coordinación’, que implica la sincronización armónica entre procesos, tecnología, personas y estructuras organizacionales, registra brechas notables. Aunque el 88 % de los participantes reconoce la relevancia estratégica de este equilibrio, solo el 7 % de las compañías reporta la obtención de resultados tangibles en su ejecución.
Otra tendencia destacada fue el uso no declarado de herramientas de Inteligencia Artificial por parte del personal. Se calcula que el 60 % de los empleados utiliza de forma activa aplicaciones de automatización en sus funciones diarias, pero un 40 % de este grupo no lo comunica a sus superiores.
Evolución de las estructuras y habilidades
Las estructuras organizacionales rígidas y los organigramas tradicionales muestran signos de obsolescencia frente a las demandas del mercado laboral de nuestros días. El estudio de Deloitte plantea una transición hacia las habilidades transversales, sustituyendo de forma progresiva los perfiles de cargo estáticos basados únicamente en títulos académicos.
Las tendencias analizadas exigen que la adopción tecnológica venga acompañada de un proceso estructurado de alfabetización digital en tres etapas obligatorias para el personal: el uso operativo de las herramientas, la interpretación crítica de los datos generados y la auditoría humana de los resultados para mitigar los sesgos de los algoritmos.
El informe concluye además que la sostenibilidad financiera de las corporaciones a largo plazo depende de resolver la denominada deuda cultural generada por la tecnología. El desarrollo de capacidades humanas críticas y el autoaprendizaje continuo se configuran como variables indispensables para asegurar la relevancia operativa de las empresas.






