El acceso a servicios financieros formales constituye uno de los desafíos más persistentes para el desarrollo económico en América Latina. En Colombia, el panorama actual muestra avances significativos en la materia: según el Reporte de Inclusión Financiera de Asobancaria (2025), el 92,5 % de las mujeres adultas en el país ya cuenta con acceso al sistema financiero formal, lo que representa un incremento de 1,5 puntos porcentuales frente al año anterior.
Sin embargo, la profundidad de esta inclusión presenta matices importantes; el estudio ‘Brechas de género en la inclusión financiera’ (Credicorp + Ipsos, 2025), que analizó la situación en ocho países de la región, reveló que solo el 22 % de las mujeres colombianas ha alcanzado un nivel avanzado en este ámbito.
En este escenario de política pública activa, donde el Congreso de la República aprobó el proyecto de ley de inclusión financiera para mujeres —que propone nuevas líneas de crédito con condiciones preferenciales a través de Bancóldex—, la tecnología financiera (Fintech) se posiciona como un actor fundamental para materializar estos esfuerzos.
En este marco, la compañía Monet reportó que alcanzó el desembolso de un millón de créditos dirigidos específicamente a la población femenina en el territorio nacional. Esta gestión ha movilizado más de 82.000 millones de pesos hacia segmentos que históricamente han enfrentado mayores barreras de entrada en la banca convencional.
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¿Cuál es el panorama actual del acceso al crédito para la población femenina?
A pesar de los avances en la tenencia de productos, la brecha de género en el acceso efectivo a financiamiento sigue siendo una realidad que afecta la autonomía económica. Según datos del sector, aproximadamente 13,2 millones de mujeres en el país no pueden acceder a servicios crediticios de tipo formal. Esta cifra refleja una disparidad de 3,7 puntos porcentuales en comparación con la población masculina, en un contexto donde cerca de 20 millones de adultos permanecen fuera del sistema de crédito tradicional.
La exclusión suele estar vinculada a la falta de un historial previo o a reportes negativos en las centrales de riesgo, factores que la banca tradicional utiliza como filtros principales. Esta situación ha impulsado la adopción de herramientas digitales que buscan mitigar la dependencia de mecanismos informales de financiamiento, conocidos como ‘gota a gota’, los cuales operan bajo condiciones de alto riesgo para el público usuario.
¿Cómo transforma la tecnología el modelo de financiamiento tradicional?
La implementación de tecnología basada en Open Banking (banca abierta) ha permitido que el crédito deje de depender de trámites físicos, desplazamientos o requisitos de difícil cumplimiento. Mediante procesos realizados totalmente en línea y con aprobaciones en cuestión de minutos, la tecnología digital funciona como un motor de liquidez inmediata para resolver necesidades cotidianas y fortalecer la salud financiera de los hogares.
Esta infraestructura facilita el desembolso de créditos de bajo monto en tiempo real, permitiendo que la población usuaria comience a construir o fortalecer su perfil crediticio. A la fecha, este modelo ha generado más de 900.000 reportes positivos en Colombia, consolidándose como una alternativa formal frente a la informalidad. De hecho, la labor en este campo fue reconocida en la edición número 11 de los Global Startup Awards para Latinoamérica, donde la entidad fue destacada por su impacto en la inclusión financiera.
¿Qué impacto genera el programa ‘Yo Soy M’ en este ecosistema?
La estrategia institucional se apoya en iniciativas como ‘Yo Soy M’, un programa diseñado para acelerar la inclusión de personas históricamente excluidas del sistema formal. Más allá de la entrega de recursos, el enfoque parte de la convicción de que el crédito en manos de una mujer se transforma en un motor de liderazgo, educación y crecimiento económico para su comunidad.
María Camila Fajardo, directora de Inclusión Financiera de la organización, destaca que la relevancia de estos avances radica en la transformación de la realidad cotidiana: “este hito no es solo una cifra. Es la evidencia de que sí es posible cerrar brechas históricas en el acceso al crédito cuando la tecnología, el propósito y la inclusión financiera trabajan en la misma dirección. Estamos llegando a mujeres que necesitan soluciones inmediatas para completar el mes, enfrentar imprevistos, sostener sus hogares y construir un mejor futuro para ellas y sus familias“.
La dirección de la compañía añade que el objetivo es crear un ecosistema diferencial donde el financiamiento se conecte con el conocimiento y el acompañamiento, permitiendo que la inclusión trascienda el discurso y se convierta en una transformación real.
¿Qué proyecciones existen para la inclusión digital en el país?
El fortalecimiento del ecosistema Fintech en las regiones sugiere un cambio en la cultura financiera nacional. Con operaciones en el 100 % del territorio colombiano, la expansión del crédito digital apunta a seguir reduciendo la brecha de acceso en zonas donde la presencia bancaria física es limitada.
El reto futuro reside en asegurar que la inclusión financiera no solo se mida en volumen de desembolsos, sino en la creación de oportunidades de impacto social y estabilidad económica a largo plazo. La consolidación de estas herramientas reafirma la visión de que la transformación digital es, ante todo, un cambio cultural orientado a generar mayor equidad y bienestar para la ciudadanía.






