
Estudios distintos, clasificaciones distintas
Solo porque distintos algoritmos sean capaces de identificar el sexo con gran exactitud no podemos asumir que hayan identificado un mismo conjunto de rasgos característicos capaz de diferenciar, de forma universal, los cerebros de los hombres de los de las mujeres. De hecho, pese a mostrar una similar y –por lo general– elevada eficacia en sus predicciones, distintos estudios han identificado distintas áreas cerebrales como definitorias o características de los supuestos cerebros masculinos y femeninos. Además, esos estudios también constatan que los rasgos característicos de los cerebros de hombres y mujeres de Norteamérica no son los mismos en otras regiones geográficas.Mismo cerebro, distinta clasificación
Como muestra un reciente estudio, incluso cuando se usa una única muestra, distintos algoritmos siguen basando sus predicciones en distintas áreas cerebrales. Como resultado, ¡un mismo cerebro puede ser clasificado como “masculino” por un algoritmo y “femenino” por otro!. Así, y aunque los cinco algoritmos evaluados en ese estudio mostraban porcentajes de casos correctamente clasificados que se situaban entre el 86 y el 90 %, el porcentaje de casos correctamente clasificados por todos ellos fue del 75 %. ¡Y del 38 % si se tenían en cuenta las diferencias en cuanto al tamaño del cráneo! En el mismo estudio se observó que los casos correctamente clasificados por un solo algoritmo y en una sola muestra no comparten un mismo patrón de características cerebrales. De hecho, la similitud de los patrones cerebrales de dos hombres o dos mujeres cualesquiera no era mayor que la que se observa entre un hombre y una mujer tomados al azar.Lo que revelan los algoritmos
Por tanto, cuando se analizan con algo de detenimiento, no puede concluirse que los estudios realizados hasta la fecha hayan demostrado que existan dos tipos de cerebros, “femeninos” y “masculinos”. En todo caso, lo que parece poder afirmarse es que esos estudios muestran que cada algoritmo encuentra sus propios tipos. Además, y aunque los algoritmos son capaces de identificar el sexo de una persona a partir de sus características cerebrales, conocer el sexo de una persona (mediante un complejo algoritmo o mediante métodos mucho más sencillos) no permite establecer predicciones fiables respecto a las características de su cerebro. Esto no significa que no existan diferencias entre los cerebros de mujeres y los cerebros de los hombres, ni tampoco que los algoritmos no puedan resultar de gran utilidad para caracterizarlas. Lo que estos y otros hallazgos parecen indicar es que esas diferencias existen a nivel de grupo, pero no derivan de las divergencias entre dos tipos de cerebros (uno “típicamente masculino” y otro “típicamente femenino” reproducidos en todos o en la mayoría de hombres y mujeres, respectivamente). Por eso mismo, deberíamos reconsiderar la forma de estudiar e interpretar esas diferencias, así como también la forma en que los algoritmos pueden ayudarnos a hacerlo.Carla Sanchis Segura, Associate professor (psychobiology)/ profesora titular (psicobiología), Universitat Jaume I Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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