La IA y el robo de identidad le cambian la cara al cibercrimen en Colombia

Ciberamenazas en Colombia crecen 36 %: banca y gobierno, los más atacados según Trellix. La IA y el robo de identidad marcan la nueva ola de fraude.

Las ciberamenazas en Colombia crecieron un 36 % entre octubre de 2025 y marzo de 2026, según el CyberThreat Report de Trellix, que registró 1,3 millones de detecciones en el país. Detrás de la cifra hay un cambio sustancial, la Inteligencia Artificial hace más baratos los ataques, y la identidad digital de la ciudadanía se volvió el botín más buscado.

Durante años, la imagen típica del ciberataque fue la de un virus que se colaba en un computador o un secuestro de datos que paralizaba una empresa. Esa amenaza sigue ahí, pero ya no es la única ni la más reveladora. Los informes y análisis más recientes de Trellix, LexisNexis Risk Solutions y Genetec coinciden en algo: quienes atacan hoy buscan menos romper sistemas y más hacerse pasar por alguien. Usan credenciales robadas, accesos legítimos y herramientas de IA que les permiten operar a una escala que hace pocos años exigía equipos enteros de especialistas.

¿Qué revelan los datos sobre las ciberamenazas en Colombia?

El informe de Trellix muestra que el 52 % de las detecciones hechas en el país tuvo que ver con archivos maliciosos. Si se mira a Colombia dentro de América Latina, la compañía la ubica en el tercer lugar de la región en prevalencia de archivos maliciosos y en el segundo en URL maliciosas, es decir, enlaces diseñados para engañar a quien les da clic.

El mapa por sectores evidencia la dirección de los ataques. La banca y el sector financiero concentraron el 55,8 % de las detecciones. Le siguen el gobierno, con el 23,1 %, y la atención en salud, con el 6,1 %.

La presión sobre el sistema financiero tiene nombre propio. Según Trellix, los grupos criminales en Colombia apuntan con fuerza a las transferencias de cuenta a cuenta y a redes de pago instantáneo como PSE (Pagos Seguros en Línea). Para lograrlo combinan ingeniería social apoyada en IA, que es el arte de manipular a una persona para que entregue datos o haga un pago, con troyanos que alteran lo que se digita en el teclado y campañas de phishing para robar credenciales.

¿Por qué la identidad digital se volvió el blanco principal?

La tendencia que más llamó la atención de Trellix en estos meses es el aumento de ataques contra la autenticación biométrica, la que usa el rostro o la huella para confirmar quién es una persona. El informe menciona como ejemplo la capa de identificación digital de la Registraduría Nacional del Estado Civil, que funciona con biometría facial y protocolos OIDC (un estándar para verificar identidades en línea). Según la compañía, este tipo de plataformas enfrenta riesgos elevados por los deepfakes generados con IA y por el llamado fraude de identidad sintética durante el registro remoto.

Vale la pena detenerse en ese concepto. Una identidad sintética no le roba la identidad a una persona concreta: mezcla datos reales y falsos para crear a alguien que no existe, pero que parece legítimo ante un sistema automatizado.

El informe también advierte sobre lo que llama nodos de verificación periféricos, como bases de datos tributarias o de agendamiento. Estos repositorios son aprovechados para recolectar datos de forma masiva, y esa información alimenta después el robo de identidad financiera. Es una cadena en la que un dato aparentemente menor termina abriendo la puerta a una cuenta bancaria.

¿Cómo está la Inteligencia Artificial facilitando el cibercrimen?

Trellix publicó el estudio ‘The Weaponized AI: The Commoditization of Cybercrime’, cuya conclusión central es que la IA está bajando las barreras de entrada al delito sofisticado. Hoy se comercializa como una capacidad más dentro del mercado criminal. Tareas que antes exigían operadores con experiencia y varias herramientas ahora se comprimen en flujos automatizados, lo que ayuda a explicar el auge del phishing personalizado, los deepfakes de voz y el malware desarrollado con apoyo de IA.

LexisNexis Risk Solutions pone otra cifra sobre la mesa. Según su Informe de Cibercrimen 2026, una de cada 11 aperturas de cuentas nuevas en el mundo corresponde a un intento de fraude.

A medida que se amplía el uso de la IA generativa, los ataques de fraude se producen a un ritmo que supera la capacidad de respuesta de muchas estrategias manuales de prevención, lo que satura los sistemas y expone a las empresas a mayores riesgos”, señaló Kimberly Sutherland, responsable global de fraude e identidad de LexisNexis Risk Solutions.

El efecto de estas herramientas no se queda en el bolsillo. Trellix observa que, en tiempos de inestabilidad geopolítica, los grupos atacantes tienden a priorizar a gobiernos e infraestructura crítica, y combinan operaciones cibernéticas con estrategias militares y diplomáticas en lo que se conoce como guerra híbrida.

Julián Payán, director regional para NOLA, SOLA y CCA de Trellix, lo conecta con la vida democrática: “La IA generativa sí tuvo un impacto durante los últimos procesos electorales, aunque sería exagerado decir que definió sus resultados. Lo que dejó claro es que hoy es mucho más fácil crear contenido convincente y distribuirlo a gran escala, aumentando el alcance de la desinformación, la suplantación y las campañas de influencia”.

Y agregó: “En un escenario de guerra híbrida, el objetivo ya no es solamente comprometer sistemas o infraestructura; también puede ser influir en las personas y debilitar la confianza en las instituciones y en los procesos democráticos”.

¿Dónde termina el fraude y empieza el delito financiero?

Esa es la pregunta que plantea Adrián Sánchez, experto en cumplimiento de LexisNexis Risk Solutions, en un análisis sobre la convergencia entre cibercrimen y delito financiero. Su punto de partida es que las estafas digitales rara vez son obra de alguien que actúa en solitario. Detrás suele haber estructuras organizadas, casi industriales, donde cada eslabón cumple una función, desde reclutar y elegir víctimas hasta mover el dinero a través de las llamadas “mulas”: personas que prestan sus cuentas para hacer circular recursos ilícitos.

Para Sánchez, esta realidad ya es visible en Colombia. La expansión de la banca digital y de los pagos en tiempo real ha aumentado la presión sobre las entidades financieras para fortalecer sus controles frente al robo de identidad, la toma de control de cuentas y las estafas en línea.

El experto cita la Evaluación Nacional de Riesgo de Lavado de Dinero de Estados Unidos 2026, según la cual el fraude sigue siendo una de las amenazas más significativas de lavado de activos. También recuerda que el Tesoro estadounidense ha ampliado las sanciones contra operadores de ransomware y redes de fraude, lo que muestra que los gobiernos ya tratan el cibercrimen como un asunto de delito financiero y no como un tema reservado a las áreas de tecnología.

“Ninguna institución tiene suficiente visibilidad a través de sus propios datos para identificar cada amenaza que representa una red criminal compleja”, escribió Adrián Sánchez. Su propuesta a los equipos de cumplimiento se resume en tres prioridades:

  • Incorporar los riesgos de fraude digital en las evaluaciones más amplias de delitos financieros.
  • Fortalecer la inteligencia que conecta actividad digital, riesgo de identidad y comportamiento financiero a lo largo de la relación con cada cliente.
  • Participar en iniciativas confiables de intercambio de información entre instituciones.

En esa búsqueda de defensas más ágiles aparecen los modelos de detección “autocalibrables”, que aprenden de los patrones de fraude de cada organización y se ajustan sin intervención manual. LexisNexis lanzó el 21 de septiembre de 2026 una herramienta de este tipo, Emailage Adaptive. Según las pruebas de la propia compañía, detectó cerca del 90 % del fraude entre las transacciones de mayor riesgo y redujo en más del 80 % los falsos positivos, es decir, las operaciones legítimas que se marcan por error como sospechosas.

¿Qué papel conservan las personas frente a la automatización?

Con tanta automatización en juego, surge una pregunta inevitable: ¿las máquinas terminarán reemplazando a quienes trabajan en seguridad? Mónica Prieto, gerente de Desarrollo de Negocio de Genetec, responde que no. En su análisis explica que la IA opera a partir de probabilidades y patrones, pero no comprende el contexto. Puede priorizar información y detectar anomalías, mientras que las decisiones que afectan a las personas deben seguir bajo supervisión humana.

Los datos del sector acompañan esa lectura. Según el State of Physical Security Report 2025 de Genetec, el interés por incorporar IA en seguridad física pasó del 10 % en 2024 al 37 % en 2025. El 42 % de profesionales del área considera que la IA debe usarse sobre todo para optimizar las operaciones y no para sustituir a los equipos humanos. El mismo estudio muestra que el 77 % de las organizaciones ya integra el trabajo de sus equipos de seguridad física y de TI, porque un incidente puede empezar con un acceso indebido a un edificio y terminar en un ataque informático.

“La automatización sin gobernanza puede generar tantos riesgos como los que pretende resolver”, advirtió Mónica Prieto.

Trellix, por su parte, recomienda el modelo de Confianza Cero (Zero Trust), que parte de un principio sencillo: ningún usuario o dispositivo debe considerarse confiable por defecto. A esto suma una advertencia para las organizaciones que ya implementan agentes de IA: cada agente debe tener una identidad propia, acceso controlado y un interruptor de apagado que permita aislarlo si resulta comprometido.

¿Qué retos deja este panorama para Colombia?

El país avanza hacia trámites, pagos y servicios públicos cada vez más mediados por la identidad digital. Esa transición abre oportunidades, pero también convierte la identidad de cada persona en un activo que hay que proteger con el mismo cuidado que una cuenta bancaria.

Las fuentes consultadas coinciden en que ninguna organización podrá hacerlo sola. La respuesta pasa por compartir inteligencia entre sectores, conectar a los equipos que hoy trabajan por separado y mantener el criterio humano en el centro de las decisiones que la IA ayuda a priorizar. Al final, lo que está en juego es la confianza de la ciudadanía en lo digital, y esa confianza, una vez erosionada, es muy difícil de recuperar.

Sandra Defelipe
Sandra Defelipehttps://sandradefelipe.wordpress.com/
Periodista, comunicadora estratégica e investigadora con enfoque territorial y de género. Cofundadora de culturaenvivo.co y editora en Impacto TIC, cuenta con más de una década de experiencia explorando la intersección entre tecnología, derechos digitales, educación y apropiación social del conocimiento.

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