Las decisiones informadas mejoran la productividad personal, pero no siempre es fácil tomarlas

Publicado el 14 Mar 2022

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¿Alguna vez se ha preguntado si las decisiones que toma son libres o son determinadas por ciertas cosas? Desde la antigüedad, varias culturas han hablado y filosofado sobre la libertad e incluso han surgido conceptos como el libre albedrío. Sobre este concepto, el filósofo estadounidense Alfred Mele afirmó que se trata de la capacidad de los seres humanos para tomar decisiones diferentes ante las mismas condiciones.

Hay un amplio debate entre los académicos sobre si las personas realmente toman decisiones libres –o sea, si tienen libre albedrío– o si por el contrario sus decisiones están determinadas por motivos internos con un mayor o menor contenido emocional. De acuerdo con José María Delgado, profesor de neurociencia de la Universidad Pablo de Olavide, en España, las decisiones determinadas de los seres humanos están regidas “por el lóbulo prefrontal del cerebro, el cual regula la actividad necesaria para satisfacer las necesidades”.

A las ideas sobre la libertad de las decisiones humanas de Mele y Delgado se suma algo que los filósofos Spinoza y Schopenhauer apuntaron hace un buen tiempo: una persona puede hacer lo que quiera, pero no elegir lo que quiere. Suponiendo que nuestras decisiones no son tan libres como se podría pensar y que en realidad solo se tiene control sobre lo que se puede hacer, entonces ¿cómo las acciones nos pueden volver más productivos? La respuesta parece estar en la filosofía Getting Things Done (GTD, que traduce resolviendo las cosas).

Imagen: GIPHY

En Impacto TIC ya hemos compartido en varias ocasiones los consejos que nuestro aliado Amikam Yalovetzky, fundador de Tiger Academy, da para mejorar la productividad personal y crear metas Smart. Algunos de los temas más destacados han sido la importancia de tender la cama y otros hábitos de productividad, cómo prepararse para el regreso al trabajo presencial, los problemas de comunicación en el mundo empresarial y cómo crear metas Smart.

En esta ocasión, vamos a explorar un enfoque distinto para gestionar el tiempo, mediante acciones y la creación de hábitos.

¿Qué es la filosofía Getting Things Done?

Getting Things Done es un método de gestión de las actividades que propuso el instructor de productividad estadounidense David Allen en 2001, en un libro que lleva el mismo nombre, aunque en español se tituló como ‘Organízate con Eficacia’. GTD se basa en la idea de que es necesario liberar la mente de las tareas que están pendientes para que el hecho de recordar constantemente esos pendientes no interfiera con las actividades que se se están realizando.

Lo que Allen propone es que las personas utilicen una especie de memoria externa para recopilar aquellas cosas que interfieren con lo que están haciendo en el momento. Imagine que su cerebro es un disco duro y que es allí donde guarda sus tareas de la semana. Pues bien, la filosofía GTD plantea que anote esas tareas pendientes en una libreta, en el celular o en cualquier otro lugar y se olvide de ellas para que no interfieran con lo que está haciendo.

A diferencia de otras formas de gestionar el tiempo, el método de Allen no se enfoca en establecer prioridades, sino en realizar tareas específicas para cada contexto.

Es claro que si resulta cierto que no se pueden tomar decisiones libres para mejorar la productividad –o para cualquier otra cosa– al menos se puede usar la filosofía GTD para realizar acciones que ayuden con ese propósito. Pero ¿cuál es la importancia de las acciones en la productividad personal?

Acciones que generan decisiones

De acuerdo con Francisco Sáez, experto en productividad personal y CEO de FacileThings, uno de los principios de la filosofía GTD es que la información de aquellas tareas que se guardan en la memoria externa debe estar almacenada de forma clara para que invite a la acción al momento de revisarlas. FacileThings es una una empresa que ofrece soluciones digitales que ayudan a las personas a crear flujos de trabajo y vincularlos a las distintas etapas de GTD.

“Al revisar la memoria externa, el cerebro vuelve a activar toda una serie de patrones neuronales que subyacen en cada acción. Si esta no está bien definida, el cerebro tendrá que realizar de nuevo un gran esfuerzo para entenderla y procesarla”, afirma Saéz en su blog.

De entrada, la filosofía GTD plantea que crear una cadena de acciones beneficia la productividad, disminuye el desgaste mental y con el tiempo ayuda a adaptarse a cualquier situación de forma eficaz. Piense que la simple acción de guardar los pendientes en una memoria externa puede crear una cadena de acciones que benefician su productividad personal, lo invitan a la acción y lo ayudan a actuar conforme a la situación.

A diferencia de otros métodos de productividad, GTD no busca que las acciones se enfoquen en la planificación, sino que ayuden a construir hábitos que permitan actuar según el contexto y adaptarse efectivamente. Lo que esta filosofía busca es dar las herramientas necesarias para tomar las decisiones correctas o por lo menos decisiones informadas. Piense que si tiene una lista en una memoria externa con toda la información de lo que tiene pendiente por hacer, entonces puede tomar decisiones más informadas y posiblemente más libres sobre sus actividades del día.

Desde algunos sectores de la academia afirman que los seres humanos no toman decisiones realmente libres, ya que carecen de libre albedrío. Sea cierto o no, la filosofía GTD es un método que sirve para realizar acciones que ayudan a tomar decisiones más informadas y posiblemente más libres. La toma de decisiones en GTD implica ver su lista de opciones, analizar los resultados y confiar en la intuición y en su sistema de recordatorios interno, es decir, en la memoria.

Las acciones son importantes en la productividad personal, porque ayudan a construir hábitos, los cuales son comportamientos aprendidos y no innatos que se adquieren a través de la repetición. Gettings Things Done busca crear hábitos que permitan tomar las mejores decisiones posibles a través del fortalecimiento de la confianza, la libertad y la creatividad.

De cierta forma, la filosofía GTD es contraria a lo que comúnmente se enseña sobre productividad. Este método se centra en darle la libertad a cualquier persona para ser productiva sin necesidad de apegarse a una planeación estricta, aunque la planeación sigue siendo importante y GTD no la descarta. Puede que GTD guste o puede que no, pero lo cierto es que promueve la toma de decisiones más o menos libres y tiene respaldo académico.

Le recomendamos este video corto sobre cómo organizarse y aplicar la filosofía GTD:


Imagen principal: Milad Fakurian (Unsplash)

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Juan Daniel Ayazo
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