A pocas horas del inicio del Mundial de Fútbol 2026, Samer Atassi, vicepresidente para América Latina de Jumio, tiene otras preocupaciones además de apoyar a su natal Argentina. Detrás de la fiesta deportiva más importante del planeta se pone en marcha una auténtica maratón tecnológica, en la que la verificación de identidad se convierte en la columna vertebral que respalda millones de transacciones digitales.
Para ser más exactos, Atassi habla de 5.000 millones de apuestas en un evento que se espera reúna a 6.000 millones de personas. Porque la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha dejado de ser solo un acontecimiento cultural para convertirse en el escenario operativo más complejo y exigente de la historia de la industria del gaming y las apuestas.
Por primera vez el torneo se realizará en tres países y contará con 48 selecciones (el mundial anterior solo tenía 32). Este aumento en el tamaño y el calendario de partidos ampliado genera nuevas cargas sobre las plataformas de apuestas en línea, donde la velocidad de procesamiento y la mitigación de delitos digitales se disputan el éxito del negocio en cuestión de segundos.
Con un mercado proyectado en 300.000 millones de dólares, este mundial generará picos de tráfico atípicos para las plataformas de predicción y apuestas: “Estimamos de tres a cinco veces más picos de tráfico en algunos de los operadores de apuestas más grandes del mundo, y esto puede llegar a ser muchísimo mayor”, dijo Atassi, quien destaca que para los partidos de Brasil se prevén incrementos en la demanda de hasta 20 veces más.
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La exigencia del mundial
En medio de la cita deportiva más importante del planeta, las empresas operadoras del sector de juegos de azar se enfrentan a un triple desafío: cumplir las normativas de verificación de identidad, reducir la fricción en el registro y proteger a la población menor de edad, recordó Atassi.
El vocero destacó cómo la gran mayoría de las casas de apuestas trabajan bajo estrictas regulaciones nacionales y tienen la obligación legal de validar la identidad del apostador. Este proceso suele ejecutarse en la apertura de la cuenta o al momento de retirar las ganancias acumuladas (cash out). No obstante, el ecosistema es altamente competitivo; tan solo en mercados como Brasil operan más de 100 plataformas legales, lo que incrementa la presión por ofrecer procesos ágiles.
La experiencia del usuario es, además, el principal factor de retención en un entorno tan dinámico. Si un operador no reduce la fricción en los procesos de registro, corre el riesgo inminente de perder al cliente en favor de la competencia. En palabras de Atassi, la ventana de oportunidad para capturar un usuario es mínima durante un evento deportivo:
“Yo estoy en que va a empezar el partido o hay un penal y tengo 10 segundos para abrir mi cuenta. Si no tengo una cuenta existente, tengo diez segundos para abrirla y apostar antes de que se patee el penal; entonces es importantísimo que la fricción sea la mínima posible”.
El tercer pilar del desafío sectorial, y catalogado por los expertos como el más sensible, es la ciberseguridad y el control de acceso a menores de edad. Encuestas globales recientes revelan queel 63 % de los consumidores manifiesta una profunda preocupación por el auge de las apuestas en menores. Esta alerta se agudiza en países específicos de la región: en Singapur la preocupación alcanza el 76 %, mientras que en México se sitúa en el 74 %. Gran parte de este problema se originaen operadores informales no regulados o en la suplantación de identidad de adultos por parte de adolescentes dentro de sistemas con controles biométricos obsoletos.
IA e inteligencia de identidad en el mundial
Para resolver el dilema entre la máxima velocidad de acceso y los controles estrictos de seguridad, la industria ha recurrido al despliegue de herramientas de Inteligencia Artificial. Atassi resaltó cómola IA opera de forma automatizada tanto en la validación del documento físico como en la ejecución de pruebas de vida en tiempo real.
Mediante el análisis biométrico y la evaluación de rasgos faciales extraídos de una fotografía instantánea, la tecnología actual es capaz de estimar la edad del usuario con un margen de precisión de aproximadamente cinco años. Así, contrasta los datos con el documento proporcionado y mitiga el riesgo de que un menor utilice las credenciales de sus padres.
Otra modalidad delictiva es la conocida como el ‘abuso de bonos’, en el que las redes delictivas adquieren de forma masiva identidades reales pertenecientes a personas de sectores vulnerables para abrir múltiples cuentas falsas y cobrar los incentivos monetarios de bienvenida otorgados por las plataformas. El atacante utiliza documentación legítima, lo que hace indetectable el fraude mediante una simple inspección visual.
Para contrarrestar estas vulnerabilidades, los especialistas en ciberseguridad proponen una transición hacia la denominada ‘inteligencia de identidad’, fundamentada en tres atributos esenciales: debe ser continua, conectada y contextual.
Una identidad continua evalúa constantemente los cambios en el comportamiento y los niveles de riesgo del usuario a lo largo de su ciclo de vida. Una identidad conectada permite cruzar datos transfronterizos para identificar si un mismo rostro físico posee cuentas bajo diferentes nombres en operadores de apuestas o plataformas de remesas. Por último, el análisis contextual dictamina si las transacciones realizadas guardan una coherencia lógica dentro del entorno digital habitual del usuario.
El manejo de datos biométricos
A estas estrategias se añade el rastreo y validación de los dispositivos físicos utilizados para interactuar en línea. Cuando el sistema informático detecta que un único teléfono móvil o computadora es utilizado de manera sistemática para registrar o gestionar múltiples cuentas con identidades presuntamente distintas, las alarmas de fraude se activan de inmediato al denotar un patrón de conducta automatizado e inusual.
Por su parte, el almacenamiento y tratamiento de estos datos biométricos y de comportamiento plantea rigurosas interrogantes en el ámbito normativo y de la privacidad. Ante la duda técnica de si el resguardo de rasgos faciales vulnera los derechos del usuario, las auditorías sectoriales aclaran que el almacenamiento es viable exclusivamente bajo el marco legal del consentimiento explícito otorgado tanto por el usuario como por el operador en sus contratos.
Atassi afirmó que el procesamiento de estos metadatos biométricos se realiza con la única finalidad de prevenir la suplantación de identidad futura, prohibiéndose su distribución o comercialización bajo las directrices del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de Europa, la norma matriz que rige las legislaciones latinoamericanas actuales.
Como dato curioso, ante la inminencia del campeonato mundial y el riesgo de colapsos en la infraestructura, la mayoría de los grandes operadores ha tomado la decisión estratégica de congelar el desarrollo y actualización de sus plataformas tecnológicas durante los meses previos. Los directivos de ciberseguridad admiten que existe un temor generalizado a introducir modificaciones de última hora en el código fuente de las aplicaciones que puedan desestabilizar la red durante las cinco semanas de mayor facturación del año.







