“El consumidor aún no es cliente mío, y ya tengo una traza de identidad digital”, Juan David Cortés Ramírez, gerente de riesgo de fraude de RappiPay, en medio de la primera edición del Fidentity Summit 2026, un evento especializado en autenticación, validación de identidad y confianza digital enfocada hacia el sector financiero.
Durante su intervención, el directivo planteó que el fraude digital ha cambiado en los últimos años, impulsado por el acceso a herramientas de Inteligencia Artificial. Estas tecnologías permiten crear imágenes (deepfakes), identidades y contenidos que dificultan la detección con métodos tradicionales.
“Hoy cualquier persona con acceso a internet puede generar identidades falsas”, señaló Cortés. Este cambio, explicó, obligó a las empresas a ir más allá de los controles habituales. En lugar de centrarse únicamente en la validación al momento del registro, el análisis debe comenzar desde etapas anteriores.
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La receta de RappiPay
“RappiPay nació de dos mundos: de uno de los bancos más tradicionales aquí en Colombia y de Rappi, que principalmente apalanca toda su estrategia en tecnología”, afirmó Cortés. Por ello, el proceso de validación comienza desde el primer paso, cuando el consumidor descarga la aplicación de delivery.
“Al tratarse de una plataforma orientada a usuarios, existe una ventaja frente a la banca tradicional: el cliente activa la geolocalización de forma voluntaria, algo que históricamente ha sido difícil de obtener con precisión en el sector bancario”, dijo el vocero.
A partir de ese momento, el acceso a la información se realiza mediante la integración de un SDK (Software Development Kit); es decir, un conjunto de herramientas de software que permite conectar la aplicación con otros sistemas de forma segura y controlada. Esto garantiza que solo se utilicen los datos que el usuario ha autorizado. Una vez que el cliente actualiza la aplicación, comienza formalmente el proceso de identidad digital.
Construyendo la identidad digital
La identidad digital en RappiPay se construye desde el registro, especialmente a partir del correo electrónico, que suele mantenerse estable en el tiempo. Con este dato se analiza su antigüedad, uso y vinculación con otras plataformas como redes sociales, servicios de streaming o comercio electrónico. Esto permite generar reportes sobre su reputación y comportamiento, estableciendo un primer nivel de confianza.
Luego, esta información se cruza con otros datos como direcciones de entrega, números de teléfono, IP y el dispositivo desde el cual se realizan las transacciones. Así se construye una traza de comportamiento que, incluso sin biometría, permite perfilar al usuario antes de que sea cliente formal.
Lo más destacado de este enfoque es que no solo dificulta el fraude, sino que lo hace menos rentable para los criminales. Replicar el correo, el dispositivo, la red y los patrones de uso resulta complejo y costoso, lo que reduce la escala de los ataques.
“Simular una biometría hoy es posible, pero simular el comportamiento digital completo es mucho más difícil”, indicó el directivo.
Biometría y modelos de decisión en tiempo real
A la identidad digital se suma una capa de verificación biométrica que opera durante el registro. Este sistema no se limita a una captura única de imagen; el modelo incluye validaciones frente a intentos de suplantación, como el uso de imágenes proyectadas, máscaras o contenido generado mediante inteligencia artificial.
También evalúa el dispositivo desde el que se realiza la autenticación, identificando alteraciones en el sistema operativo o manipulaciones en el entorno. Otro componente revisa la cámara utilizada para confirmar que la imagen proviene del hardware del dispositivo y no de una fuente externa.
Además, el sistema analiza los movimientos naturales del usuario para validar que se trata de una persona real. Toda esta información se integra en un motor de decisión que procesa entre 200 y 300 variables por usuario en tiempo real.
En la parte final de su presentación, el ejecutivo se refirió al avance del open finance en Colombia. La apertura de datos permitirá a las entidades acceder a información de distintos actores del sistema financiero. “Ya no va a ser quién tiene más información, sino quién tiene mejores algoritmos para modelarla”, concluyó.




