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Los algoritmos y la desconexión como un acto de rebeldía



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En la tercera edición de Innovatek en Bogotá, el divulgador tecnológico Joan Cwaik analizó cómo la arquitectura de las plataformas digitales condiciona la libertad y el amor. Ante líderes empresariales convocados por Softtek, el autor advirtió sobre los riesgos del aislamiento cognitivo en un mundo regido por algoritmos.

Publicado el 21 de abr de 2026

Jorge Hernández

Periodista de tecnología, escritor y libretista. Editor en ImpactoTIC



En la tercera edición de Innovatek en Bogotá, el divulgador tecnológico Joan Cwaik analizó cómo nos afectan los algoritmos y como desconectarnos nos salva

“El gran problema no es que el algoritmo sepa todo de nosotros, sino que nosotros cada vez sabemos menos de nosotros mismos”. Con esta afirmación, Joan Cwaik, autor y divulgador tecnológico, inauguró su participación en la tercera versión de Innovatek en Bogotá, un evento organizado por la multinacional tecnológica Softtek en 2026.

Ante un auditorio de clientes y líderes empresariales, Cwaik explicó cómo la arquitectura de las redes sociales y plataformas de contenido ha terminado por encerrarnos en lo que denomina el ‘monoambiente digital’. Es un entorno cómodo, climatizado por nuestras propias preferencias, donde solo escuchamos ecos de nuestras opiniones.

“Estamos muy cómodos en el monoambiente digital, que es muy conveniente, que es muy accesible, que me va a confirmar lo que ya creo, y eso tiene un costo también. Y al algoritmo no le importa informarnos, le importa confirmarnos lo que nosotros ya creemos que es cierto”.

Este aislamiento intelectual elimina el roce con la diferencia, atrofiando nuestra capacidad crítica y limitando el horizonte de nuestra visión del mundo. Según el autor del libro El algoritmo, en el escenario actual,los algoritmos han dejado de ser simples líneas de código para convertirse en los arquitectos invisibles de nuestra cotidianidad.

Para Cwaik, más allá de la definición tradicional de un ‘conjunto ordenado, definido y finito de instrucciones’, estos se han convertido en mediadores entre el vasto océano de datos del mundo digital y nuestra percepción de lo real. No solo filtran lo que vemos, sino que moldean las expectativas y deseos, instalándose en el centro de las decisiones más banales y más profundas. Esta mediación constante genera una dependencia.

El nuevo sedentarismo

Los fenómenos digitales de nuestra era dan paso al ‘sedentarismo cognitivo’, un estado de laxitud mental donde el esfuerzo por decidir es sustituido por la obediencia a la sugerencia. Si no ejercitamos el músculo de la elección consciente, se termina por aceptar como verdades absolutas lo que no son más que sesgos optimizados por un software. La pereza de pensar por sí mismos es el tributo que se paga por la conveniencia tecnológica.

“Y los algoritmos nos conocen muy bien y muchas veces por eso nos encierran, porque los algoritmos son muy, muy cómodos, muy convenientes. Y muchas veces sentimos esa sensación de encierro”, dijo el vocero.

Además, existe una creciente desigualdad algorítmica que segmenta a la sociedad de formas invisibles. Mientras unos pocos comprenden las reglas del juego y pueden navegar la red con cierta distancia crítica, la mayoría queda atrapada en lógicas de consumo y manipulación.

Esta brecha no solo es económica o de acceso, sino de conciencia. La capacidad de entender cómo se nos perfila y se nos dirige es hoy el activo más valioso. Sin esa alfabetización, el usuario no es más que un sujeto pasivo en un experimento de comportamiento a gran escala, donde su atención es el recurso que se extrae sin descanso.

Amor en tiempos de datos

El impacto de esta lógica no se detiene en el consumo; ha penetrado en la fibra misma de las relaciones humanas. En su intervención, el conferencista explicó cómo el amor ha sido resignificado bajo la óptica de un inventario ilimitado de perfiles. Los algoritmos de las aplicaciones de citas han transformado el encuentro humano en una transacción de datos, donde la abundancia de opciones paradójicamente dificulta el compromiso real y la profundidad del vínculo.

“Si antes culpamos a Dios por lo que no entendíamos, hoy culpamos al algoritmo”, bromeó Cwaik. Esta frase encierra una verdad amarga: hemos cedido la responsabilidad de nuestro destino sentimental a un cálculo de probabilidades. En lugar de enfrentar la incertidumbre del encuentro, buscamos la seguridad de una compatibilidad procesada por una Inteligencia Artificial (IA) que ignora la química de lo espontáneo.

Ante este panorama, la propuesta no es el ludismo o el abandono total de la tecnología, sino la implementación de pequeños actos contraalgorítmicos. Acciones tan sencillas como apagar las notificaciones, elegir un libro por su portada sin leer reseñas previas o caminar por una ruta desconocida sin usar el GPS se convierten hoy en gestos de resistencia frente a la uniformidad del sistema.

Cwaik cerró su intervención recordando que la tecnología debe ser una herramienta para aumentar la perspectiva de vida, pero nunca su guía absoluta. En un mundo saturado de predicciones y automatismos, recuperar el control de nuestra atención y de nuestras decisiones no es solo un derecho. Tal como se escuchó en Innovatek, “desconectarse es un acto de rebeldía” que nos devuelve la esencia de lo humano.

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