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opinión y análisis

La próxima revolución de la Inteligencia Artificial no será tecnológica, será contextual



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¿De qué sirve una tecnología capaz de escribir poemas si no puede ayudarnos en la vida cotidiana? En esta columna, Juan Pablo Pereira, CEO de Zapia, analiza por qué la revolución de la IA en América Latina no vendrá de modelos más potentes, sino de herramientas capaces de resolver las fricciones del día a día.

Publicado el 19 de mar de 2026



IA contextual y su impacto en la vida cotidiana, esa es el poder de la Inteligencia Artificial en regiones como América Latina

Durante años, la conversación sobre Inteligencia Artificial estuvo dominada por la fascinación tecnológica. Modelos más potentes, respuestas más rápidas e imágenes más realistas, capaces de sorprender en segundos. Pero la próxima etapa de esta tecnología probablemente no se definirá por lo que la IA puede decir o generar, sino por lo que realmente puede hacer para resolver problemas concretos en la vida cotidiana de las personas.

Y ahí América Latina aparece con una realidad muy particular.

En gran parte de la región, la vida diaria está marcada por fricciones constantes. Tiempo perdido en desplazamientos largos, trámites burocráticos interminables, gestiones pequeñas que se acumulan a lo largo del día y una necesidad permanente de comparar precios antes de tomar decisiones de compra. Son tareas que parecen menores, pero juntas terminan consumiendo horas enteras de la semana.

Un estudio de movilidad urbana publicado por Moovit muestra que varias capitales latinoamericanas registran tiempos de desplazamiento diarios entre un 40 % y un 60 % más largos que en muchas ciudades europeas.

Si vives en una gran ciudad de América Latina, como yo, probablemente no necesites un estudio para entenderlo. Seguramente conoces a alguien, o quizás eres tú mismo, que pasa 2 o incluso 3 horas al día solo moviéndose de un lugar a otro.

A eso se suma otro dato igual de revelador. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, en América Latina completar un solo trámite, público o privado, puede tomar en promedio más de 5 horas.

Ese es el contexto real en el que la Inteligencia Artificial debería demostrar su valor, porque cuando hablamos del futuro de esta tecnología, la pregunta ya no debería ser qué tan impresionante es un modelo de IA. La pregunta es mucho más simple: ¿cuánto tiempo y cuánto dinero realmente me están ayudando a ahorrar?

Y la buena noticia es que la tecnología ya empezó a avanzar en esa dirección. En los últimos meses han comenzado a aparecer Agentes de IA capaces no solo de responder preguntas, sino también de ejecutar tareas.Investigar opciones, comparar precios, organizar información, gestionar servicios o limpiar una bandeja de entrada.

El salto tecnológico es evidente. Pero también deja claro que muchas de estas herramientas todavía están diseñadas pensando en usuarios altamente digitales, familiarizados con interfaces complejas y configuraciones técnicas que están lejos de la realidad de más del 99 % de la población.

Ese es uno de los grandes desafíos de esta nueva etapa. Porque una tecnología verdaderamente transformadora no es la que impresiona en una demostración, sino la que resuelve problemas concretos en la vida cotidiana. No se trata de Inteligencia Artificial en abstracto, sino de ahorrar un 30 % al comprar pintura para tu casa. De que alguien pueda responder ciertos mensajes mientras estás atrapado en el tráfico. De volver al correo y encontrar la bandeja organizada. O de recibir un resumen claro de tus gastos sin tener que revisar movimiento por movimiento.

En una región donde el tiempo es escaso y el presupuesto suele ser aún más ajustado, ese tipo de soluciones puede tener un impacto enorme, pero justamente porque estas herramientas empiezan a ejecutar acciones reales para personas no técnicas,la seguridad también se vuelve un tema central. Cuando una Inteligencia Artificial puede interactuar con servicios digitales, gestionar reservas o tomar decisiones operativas para la gente común, muchas veces sin conocer plenamente los riesgos asociados, la confianza deja de ser un aspecto técnico secundario y pasa a ser una condición fundamental del diseño.

Las personas no deberían necesitar ser expertas en tecnología o seguridad para usar herramientas que prometen simplificar su vida. La próxima carrera de la Inteligencia Artificial probablemente no la ganará quien construya el modelo más sofisticado. La ganará quien entienda mejor el contexto en el que vive la gente y sea capaz de diseñar tecnología para realidades específicas.

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