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En 2026 la inversión en IA de las Big Tech entra en una ‘fase peligrosa’



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Las cuatro grandes tecnológicas —Amazon, Google, Meta y Microsoft— invertirán 650.000 millones de dólares en infraestructura de Inteligencia Artificial (IA) durante 2026. Según Bridgewater Associates, este aumento del 50 % frente a 2025 impulsará el crecimiento del PIB, pero genera riesgos por la alta demanda de energía y la presión en los mercados de capitales.

Publicado el 25 de feb de 2026

Sandra Defelipe Díaz

Periodista especializada en tecnología, en medios digitales, producción de contenidos y liderazgo editorial



La inversión en IA de las grandes tecnológicas entra en una 'fase peligrosa'

Las principales compañías tecnológicas de Estados Unidos —Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft— invertirán cerca de 650.000 millones de dólares en infraestructura de Inteligencia Artificial durante 2026, según estimaciones del fondo de inversión Bridgewater Associates. La cifra representa un salto de más del 50 % respecto a 2025 y marca una nueva fase de expansión acelerada en la carrera global por dominar el sector.

El análisis, contenido en una carta a inversionistas firmada por Greg Jensen, codirector de inversiones de Bridgewater, advierte que el auge de gasto en IA “ha entrado en una fase más peligrosa, caracterizada por una escalada en la construcción de centros de datos, mayor demanda de energía y presión sobre los costos de capital.

Esta “fase más peligrosa” del auge de la Inteligencia Artificial, según Bridgewater Associates, se refiere a un punto de inflexión donde el gasto en infraestructura física crece de manera exponencial, mientras la dependencia de capital externo aumenta y la demanda de cómputo supera con creces la oferta disponible. Greg Jensen, codirector de inversiones del fondo, explica que esta etapa se caracteriza por la urgencia de las grandes plataformas tecnológicas —o “hiperscalers”— de invertir a ritmos acelerados para intentar “ponerse al día con la demanda”, lo que genera vulnerabilidades significativas si el acceso a mercados de capital se complica o la confianza de los inversionistas flaquea.

¿Qué empresas lideran el gasto en infraestructura de IA para 2026?

De acuerdo con los cálculos citados por Bloomberg el 23 de febrero de 2026, el desembolso proyectado incluye 200.000 millones de dólares por parte de Amazon, entre 175.000 y 185.000 millones de Alphabet (Google), hasta 135.000 millones de Meta, y cerca de 120.000 millones de Microsoft. Estas cifras superan ampliamente cualquier ciclo de inversión previo en la historia reciente del sector tecnológico.


¿Qué impulsa el aumento del gasto?

Jensen explicó que la demanda de capacidad informática y entrenamiento de modelos supera ampliamente la oferta disponible. “El apetito por cómputo continúa creciendo más rápido que la capacidad instalada, lo que lleva a las grandes plataformas a invertir aún más para intentar alcanzar la demanda”, señaló el ejecutivo.

Los recursos se destinarán principalmente a la expansión de infraestructura de Cloud Computing, centros de datos, redes eléctricas y sistemas de refrigeración de alto rendimiento. Aunque estas inversiones fortalecen el ecosistema digital y la competitividad del sector, también generan presiones sobre la industria de semiconductores, los proveedores de energía y los mercados de deuda corporativa.

El reporte apunta, además, que las empresas han reducido sus programas de recompra de acciones para financiar el aumento de inversión. Esto indica una reorientación clara del flujo de capital desde el valor para accionistas hacia la capacidad tecnológica a largo plazo.


¿Qué implicaciones macroeconómicas y sectoriales tiene?

Bridgewater calcula que la inversión en Inteligencia Artificial aportó alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB estadounidense en 2025 y podría sumar hasta un punto completo en 2026. Sin embargo, el mismo impulso podría presionar los precios de la energía y de los equipos tecnológicos, un efecto que ya preocupa a analistas y autoridades regulatorias en algunos estados.

Jensen advirtió que “las empresas de tecnología ya no pueden satisfacer las expectativas del mercado sin asumir riesgos existenciales para otros sectores, como el del software”. La reciente caída de cerca del 20 % en el índice S&P 500 Software & Services (que mide el rendimiento de empresas clasificadas en el grupo industrial “Software y Servicios” según el sistema GICS -Global Industry Classification Standard) durante los primeros meses del año refuerza esa alerta, mostrando los efectos colaterales de la concentración de recursos en infraestructura de IA.


¿Estamos frente a una nueva burbuja tecnológica?

El documento de Bridgewater reconoce ciertos paralelismos con la burbuja del dot-com del año 2000, (.com) señalando que una corrección bursátil severa podría limitar el acceso al capital y desacelerar el crecimiento. No obstante, Jensen matiza que las fluctuaciones actuales son menores en comparación con las de hace un cuarto de siglo.

En una comunicación previa, los codirectores de inversiones del fondo describieron la situación como “una carrera por los recursos donde ninguna empresa puede darse el lujo de retrasarse. “Los análisis basados en teoría de juegos muestran que resulta insostenible para estas firmas rezagarse, incluso por unos meses”, afirmaron.


Un futuro de alto costo y competencia intensa

El ritmo de gasto anticipado sugiere que el liderazgo en Inteligencia Artificial es un asunto estratégico más que financiero. Las próximas etapas del mercado dependerán no solo del volumen de inversión, sino de la capacidad del sector para convertir esas apuestas multimillonarias en avances concretos en productividad, eficiencia energética y desarrollo social.

Bridgewater ve esta etapa como un “punto crítico” donde el crecimiento exponencial choca con límites físicos y financieros, elevando la probabilidad de inestabilidad si no se materializan retornos rápidos. Esta situación expone la necesidad de monitorear la sostenibilidad del gasto más allá de 2026.

El desafío entonces no es cuánto más pueden invertir las grandes tecnológicas, sino si el retorno colectivo de esa inversión justificará su magnitud.

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