Como lo hace tradicionalmente,a finales de 2025, Merriam-Webster, la editorial de diccionarios más antigua y prestigiosa de Estados Unidos, seleccionó la palabra del año, una que refleja el espíritu de nuestros días. La elegida fue Slop y que se define como: “contenido digital de baja calidad que se produce normalmente en grandes cantidades mediante Inteligencia Artificial”.
El origen del término se remonta a principios de la década de 2020, ganando tracción mediática definitiva a mediados de 2024 a través de expertos en computación como Simon Willison, un programador británico, cofundador del directorio de conferencias sociales Lanyrd y cocreador del marco web Django, quien en su blog personal empezó a popularizar esta palabra.
Su surgimiento coincidió con la democratización de los grandes modelos de lenguaje (LLM) y las herramientas de generación de imágenes, que redujeron drásticamente las barreras para la producción de contenidos. Este escenario impulsó una economía de la atención donde el objetivo principal es engañar a los algoritmos de búsqueda o redes sociales para obtener ingresos publicitarios, saturando los canales con información reciclada y vacía.
Su reconocimiento, como palabra del año, refleja además el cansancio de los usuarios ante lo que se describe como basura digital o comida chatarra informativa. A diferencia de las aplicaciones productivas de la tecnología, este material se caracteriza por su superficialidad y por la presencia de alucinaciones o datos erróneos presentados con una seguridad infundada.
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Contenido sintético por todas partes
La magnitud del contenido artificial es evidente en los datos de monitoreo global. Investigaciones recientes indican que aproximadamente el 74 % de las nuevas páginas web ya contienen algún tipo de material generado por IA, mientras que solo una cuarta parte de los sitios se mantiene como puramente escrita por humanos.
El problema no es usar la IA, lo complicado es que el AI Slop ha creado un entorno de ruido donde el contenido auténtico queda sepultado bajo capas de automatización. La facilidad para crear miles de artículos diarios ha transformado la red en un espacio donde el volumen intenta suplir a la calidad.
Y eso es un problema no solo para los creadores de contenido, también para las empresas.
La pérdida de confianza
El impacto de la saturación del Slop se manifiesta directamente en la percepción del consumidor. Según una encuesta de Gartner realizada entre 377 consumidores el 53 % afirma no tener confianza en los resultados de búsquedas asistidas por IA y el 41 % considera que los resúmenes generativos vuelven la búsqueda más frustrante-
Esta pérdida de credibilidad afecta de manera particular a las empresas, ya que los consumidores tienden a asociar el uso de contenido sintético poco elaborado con falta de profesionalismo y con un menor compromiso con la veracidad de la información. De hecho, esta tendencia tiene un nombre propio: el Workslop o trabajo basura generado con IA.
Hablamos de un contenido que se ve profesional a primera vista (bien redactado, con estructura y tono correcto), pero que aporta poca o ninguna sustancia para tomar decisiones o avanzar una tarea real. Suele aparecer como correos, resúmenes, reportes o diapositivas que suenan bien pero repiten obviedades, inventan detalles, omiten contexto o no responden lo que se pidió.
Y es masivo, según la Universidad de Stanford un 40 % de los trabajadores estadounidenses admiten recibir mensualmente contenido de este tipo de sus colegas.Este proceso crea una carga de trabajo oculta donde el tiempo ahorrado en la creación se pierde en la verificación de errores y la limpieza de textos redundantes.
Estrategias para preservar el valor y la autenticidad
Para evitar caer en la trampa de la mediocridad sintética, las organizaciones deben adoptar un modelo de supervisión humana rigurosa. El enfoque más exitoso es aquel donde la creación es liderada por humanos y asistida por la tecnología. Esto implica que cada pieza de información, ya sea texto o material visual, debe pasar por un proceso de revisión editorial realizado por expertos en el dominio correspondiente.
La Inteligencia Artificial debe funcionar como un motor de borradores o un apoyo para la estructuración de ideas, pero no como la autoridad final del mensaje.La diferenciación competitiva en este nuevo entorno reside en el uso de datos propios y experiencia de primera mano. Mientras que los modelos generativos solo pueden reciclar información que ya existe en internet, las empresas pueden destacar ofreciendo investigaciones originales, estudios de caso reales y perspectivas que desafíen el pensamiento convencional.
En el ámbito técnico, la adopción de estándares de transparencia se ha vuelto fundamental para combatir la desinformación. Iniciativas como la Coalición para la Procedencia y Autenticidad del Contenido permiten que las empresas marquen digitalmente sus activos, proporcionando a los usuarios una etiqueta de nutrición digital que detalla el origen y el historial de edición de cada archivo.
Este nivel de transparencia no solo ayuda a cumplir con las regulaciones emergentes sobre Inteligencia Artificial, sino que refuerza la confianza del cliente al demostrar un compromiso con la honestidad informativa. Después de todo, solo las organizaciones que logren equilibrar la eficiencia de la automatización con una gobernanza rigurosa y un compromiso firme con la calidad podrán resistir el agotamiento generado por la proliferación de medios sintéticos.







