En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos 2026, se reunieron casi 3.000 líderes de más de 130 países bajo el lema “Un espíritu de diálogo“. Allí, también hubo espacio para las voces líderes de la industria tecnológica y autoridades que destacaron el potencial transformador de la Inteligencia Artificial (IA), pero también sus riesgos en empleo, infraestructura y gobernanza global.
Las discusiones equilibraron oportunidades como avances científicos con preocupaciones sobre desigualdades y regulaciones pendientes. Estas conversaciones ofrecen claves para políticas públicas y decisiones empresariales en mercados emergentes.
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¿Qué promete la IA para la ciencia y la economía?
La IA, además de generar un hype mediático, continúa posicionándose como catalizador de desarrollo cientifico y crecimiento económico. Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, enfatizó su rol en la generación de conocimiento: “Una vez que lleguemos a la IAG, por definición, debería ser capaz de idear nuevas teorías científicas, no solo probar una teoría o conjetura matemática existente, sino realmente idear nuevas ideas sobre cómo funciona el mundo”, señaló durante su intervención.
Yejin Choi, profesora de Stanford, reforzó esta visión en debate sobre el futuro de la IA: “La IA debería descubrir cómo funciona el mundo”, proponiendo paradigmas de aprendizaje con mayor agencia, pese a riesgos de seguridad.
El informe del WEF proyecta inversiones globales en IA de hasta 1,5 billones de dólares anuales en aplicaciones y 400 mil millones en infraestructura para 2030, lo que podría impulsar sectores como salud y educación. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en su discurso del 19 de enero mencionó que: “Lo que necesitamos ahora es movilizar colectivamente estos activos a su máximo potencial”, refiriéndose a fábricas de IA europeas para soberanía tecnológica.
Por su parte, Satya Nadella, CEO de Microsoft, señaló que: “El poder de la IA necesita enfocarse en mejorar los resultados de todo, desde la salud hasta la educación”, pero su despliegue “se distribuirá de manera desigual” sin inversión en infraestructura básica.
¿Cómo afecta la IA al mercado laboral?
El impacto en el empleo genera consenso sobre disrupciones inminentes. Dario Amodei, CEO de Anthropic–que recientemente presentó su The Anthropic Economic Index–, advirtió que la IA “podría eliminar la mitad de todos los trabajos de entrada de nivel blanco”, con efectos iniciales en programación y software. Nadella comparó este cambio con un Tsunami en el mercado laboral, donde la productividad podría multiplicarse, pero con riesgos de despidos masivos si no se gestiona la transición.
Hassabis extendió la preocupación más allá de salarios: “los próximos años serán críticos para cómo regulamos y gobernamos la tecnología”. Guy Parmelin, presidente de Suiza, en el discurso de apertura, resumió: “El rápido ascenso de la IA está destinado a transformar profundamente el tejido de nuestras sociedades […] cambiando la forma en que trabajamos, nos comunicamos y tomamos decisiones”.
¿Cuáles son los riesgos geopolíticos y éticos?
Las tensiones globales emergen como freno a la innovación. Amodei urgió restricciones en exportaciones de chips: “No vender chips a China es una de las cosas más grandes que podemos hacer para asegurar que tengamos tiempo de gestionar esto”. El reporte de riesgos globales del WEF 2026 ubica a las ‘Consecuencias adversas de las tecnologías de IA’ entre las principales amenazas, junto a tarifas comerciales, exacerbando brechas digitales.

Parmelin alertó sobre ciberamenazas y desinformación: “La Transformación Digital traerá peligros de cibercrimen, desinformación, pero también perspectivas emocionantes, particularmente en el campo de la salud”. Tecnologías complementarias como la cuántica, con potencial de 2 billones de dólares para 2035, enfrentan retos similares en propiedad intelectual y acceso equitativo.
Adicionalmente, la agenda incluyó encuentros como el World Woman Davos Agenda y desayunos Women in Tech, en los que se destacó la equidad en la tecnología, y puntualmente: “La IA inclusiva por diseño” para mitigar sesgos de género y brechas laborales, donde mujeres enfrentan mayor riesgo de automatización (hasta 30 % más en roles administrativos). Líderes como Choi y Porat impulsaron diversidad en gobernanza tech.
¿Qué implicaciones tiene para América Latina?
Las discusiones en Davos ponen sobre la mesa la urgencia de fortalecer infraestructura TIC y marcos regulatorios en economías emergentes. Colombia, con su Acuerdo Marco de Nube Pública reciente, podría beneficiarse de inversiones en IA, pero debe priorizar soberanía digital y capacitación para mitigar pérdidas laborales. La adopción desigual proyectada por Nadella resuena en regiones con brechas de conectividad. Y sin gobernanza global coordinada, la “soberanía de IA” se limitará a países con control de infraestructura.
Sin embargo, la ausencia de voces latinoamericanas protagónicas en debates tecnológicos es un hecho que no pasa desapercibido: mientras el Foro presume récord de asistencia con G7 completo y gigantes como NVIDIA y Microsoft, líderes regionales como Claudia Sheinbaum o Lula da Silva brillan por su ausencia, convirtiendo el “espíritu de diálogo” que profesa el Foro, en un monólogo del Norte. En un entorno donde encuestas Edelman revelan que 6 de cada 10 personas desconfían de élites distantes, América Latina debe cuestionar si agendas definidas realmente logran incidir en un desarrollo equitativo, o perpetúan decisiones que impactan sin incluir a la región.
Para decisores públicos y privados, el mensaje es claro: invertir en habilidades humanas y regulaciones éticas definirá si la IA genera inclusión o profundiza desigualdades.







