“No quiero, queridos compatriotas, que nuestros jóvenes sean simples consumidores de tecnología creada en otras latitudes, quiero que sean creadores innovadores y protagonistas del mundo digital”.
La frase de Abelardo de la Espriella en su discurso de posesión da la primera pista sobre el lugar que la tecnología ocupará en la Patria Milagro, el concepto con el que el nuevo presidente sintetizó su visión de país. Colombia no debería limitarse a consumir la tecnología que otros producen y debería crearla.
Esa ambición todavía aparece como una pieza de un rompecabezas por armar. La tecnología no fue uno de los grandes ejes narrativos de un discurso dominado –sin que fuera sorpresa– por la seguridad, la recuperación de la autoridad, la confianza económica, la energía, el campo, la educación, los valores y la justicia social.
De la Espriella sí le asignó funciones concretas a la tecnología en 3 de sus apuestas más ambiciosas: combatir la corrupción con Inteligencia Artificial y Blockchain, llevar conectividad al campo y formar a las nuevas generaciones para la Cuarta Revolución Industrial.
Más que una agenda digital completa, su primera intervención como presidente dejó varias piezas de lo que podría convertirse en ella. Y también algunas ausencias importantes.
La dimensión TIC en su discurso tiene una particularidad: ocupó poco espacio en términos cuantitativos, pero algunas de sus menciones tienen un peso programático muy alto. Según el conteo de Impacto TIC sobre la transcripción completa del discurso, de las 6.855 palabras de la intervención, la expresión ‘Inteligencia Artificial’ aparece apenas 2 veces; ‘tecnología’ o ‘tecnologías’, 7; ‘innovación’, 2; y ‘Blockchain’, ‘programación’, ‘ciencia de datos’, ‘robótica’, ‘conectividad’ y ‘Cuarta Revolución Industrial’ aparecen una vez cada una. Términos clave en todos los gobiernos previos, como Transformación Digital, ciberseguridad, 5G, Internet y banda ancha, no aparecieron.
Pero pocas menciones no significan necesariamente poca importancia.
Índice de temas
Inteligencia Artificial, datos y Blockchain contra la corrupción
La apuesta tecnológica más concreta del discurso no estuvo en el capítulo educativo ni en el económico. Apareció en uno de los asuntos sobre los que De la Espriella fue más vehemente: la lucha contra la corrupción.
El presidente anunció el uso de IA, sistemas de análisis de datos, tecnologías de trazabilidad digital y Blockchain para fortalecer la transparencia, identificar patrones de corrupción y garantizar que “cada peso del Estado pueda ser vigilado desde su origen hasta su destino final”.
No se trata de una referencia genérica de la IA. Hay un problema identificado, un propósito y un conjunto de tecnologías propuestas para enfrentarlo. La intención y las tecnologías que la harían posible están claras, aunque la arquitectura y los mecanismos aún no.
Un sistema de esa naturaleza tendría que responder preguntas técnicas, institucionales y de derechos ciudadanos. Entre ellas:
- ¿Qué fuentes de datos utilizará, y las fuentes actuales del Estado son suficientes y están depuradas?
- ¿Cómo se conectará con los sistemas existentes de contratación y gestión pública?
- ¿Cómo se usará Blockchain en concreto, para que no se quede en pilotos?
- ¿Qué parte de esa información podrá consultar y vigilar directamente cualquier ciudadano?
También habrá que conocer cómo se articularía con las numerosas entidades que ya producen, administran y fiscalizan información pública.
De la Espriella presentó, además, un límite importante a la promesa tecnológica. Después de anunciar esas herramientas reconoció que “ninguna tecnología será suficiente” si no existe una ciudadanía comprometida con la defensa de los recursos públicos.
La IA puede detectar anomalías, cruzar grandes volúmenes de información y encontrar patrones difíciles de identificar manualmente, pero no reemplaza instituciones de control eficaces, Justicia, transparencia ni vigilancia ciudadana.
De consumidores a creadores de tecnología
Si el bloque anticorrupción contiene el anuncio tecnológico más concreto, el segmento educativo ofrece probablemente la visión más ambiciosa.
De la Espriella afirmó que Colombia debe incorporarse plenamente a la Cuarta Revolución Industrial y anunció formación de niños y jóvenes en Inteligencia Artificial, programación, ciencia de datos, robótica y nuevas tecnologías. También habló de fortalecer la educación técnica, tecnológica y universitaria e impulsar la investigación, la ciencia y la innovación.
Pero la frase que puede tener mayores implicaciones va más lejos: quiere jóvenes que no sean simples consumidores de tecnología desarrollada en otros países, sino “creadores innovadores y protagonistas del mundo digital”.
Ese propósito plantea un desafío mucho mayor que enseñar programación o extender el uso de herramientas de IA. Formar personas capaces de utilizar tecnología no equivale a construir un país productor de tecnología.
Para dar ese salto habría que conectar la educación con investigación aplicada, emprendimiento, empresas de base tecnológica, inversión y capital de riesgo, transferencia de conocimiento, propiedad intelectual, infraestructura digital y acceso a mercados internacionales. Colombia ha dado pasos importantes en estos campos en los últimos años, pero aún hay mucho por hacer.
Y si bien el anuncio de ser productores y no solo consumidores de tecnología puede emocionar, implica preguntarse qué tecnologías puede y debe desarrollar Colombia, en cuáles puede construir capacidades propias y en cuáles su mejor oportunidad está en crear aplicaciones y soluciones verticales o especializadas sobre tecnologías globales.
La llegada de Claudia Benavides Salazar al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación será una de las primeras señales para hacerle seguimiento a ese proyecto. Benavides, ingeniera industrial con trayectoria en innovación y empresas tecnológicas, fue escogida después de participar en el Banco de Talentos promovido por el nuevo Gobierno, al que –según reiteró el presidente en su discurso– se postularon más de 300.000 personas.
Su cartera tendrá buena parte de la responsabilidad de conectar ciencia, conocimiento e innovación con esa aspiración presidencial de crear tecnología desde Colombia.
Un campo conectado, pero todavía poco digital
La conectividad también apareció en otro de los grandes proyectos económicos de la Patria Milagro: el campo.
De la Espriella prometió llevar al mundo rural crédito, asistencia técnica, vías, conectividad, seguridad, presencia del Estado y una comercialización justa. Su ambición es convertir a la Orinoquía colombiana en ‘nuestro Mato Grosso’, una despensa agrícola mundial que garantice la soberanía alimentaria y sea, además, uno de los motores del crecimiento económico del país.
La conectividad aparece así como una condición básica para el desarrollo rural, pero el discurso no desarrolló qué ocurrirá después de conectar al campo y se sabe que no bastará con carreteras, crédito, sistemas de producción y tierras.
La magnitud de la apuesta agropecuaria abre un espacio inmenso para las tecnologías y prácticas que suelen agruparse bajo el concepto de AgroTech:
- Agricultura de precisión, sensores conectados e Internet de las Cosas.
- Imágenes satelitales y drones para monitorear cultivos.
- Analítica avanzada y predicción climática.
- Inteligencia Artificial aplicada a cultivos y ganadería.
- Trazabilidad de productos y plataformas digitales de comercialización.
Las grandes ausencias: Transformación Digital y economía digital
Los silencios de un discurso de posesión no deben dar para conclusiones apresuradas. Que De la Espriella no haya mencionado la Transformación Digital del Estado –un concepto tan relevante que tuvo altos consejeros presidenciales durante gobiernos pasados– es llamativo, pero no significa que lo ignore o que dé por superado este propósito nacional. Será un punto pendiente en el que se espera que la ministra TIC, Alexandra Falla Zerrate, revele si ya hay un plan concreto o en construcción.
La ausencia llama la atención porque buena parte del modelo de Estado descrito por el presidente gira alrededor de 4 conceptos –eficiencia, transparencia, austeridad y descentralización– que hoy son difíciles de lograr sin un salto digital, sin avances en automatización y simplificación de trámites, interoperabilidad entre entidades, identidad digital, aprovechamiento de datos públicos, servicios digitales en los territorios e IA transversal en el Estado, entre otros.
Además, temas como ciberseguridad, gobernanza de datos, infraestructura digital y gobernanza de la Inteligencia Artificial tendrán que estar inevitablemente sobre la mesa durante los próximos 4 años, así el presidente no los haya mencionado en su discurso de posesión.
La otra ausencia está relacionada con una de las frases más interesantes del discurso del presidente. Si Colombia quiere dejar de ser únicamente consumidora para convertirse en creadora de tecnología, sus palabras no dieron pistas de la visión presidencial sobre la economía digital dentro del modelo económico planteado.
De la Espriella habló extensamente de confianza, inversión, emprendimiento, empleo, formalización, exportaciones, energía, agro e infraestructura, pero no habló de la creación y el fortalecimiento de las empresas digitales o de base tecnológica, del ecosistema de ‘startups’ ni de la exportación de productos y servicios tecnológicos.
Ahí podría estar uno de los desafíos más interesantes del nuevo Gobierno: cómo convertir su apuesta educativa por crear tecnología en una verdadera capacidad productiva del país. Formar talento colombiano para que desarrolle tecnología para compañías extranjeras no es malo, pero sería ideal complementar esto con mejores condiciones para que desde Colombia también nazcan, crezcan y compitan empresas capaces de producirla, aplicarla y exportarla.
Ahora comienza el aterrizaje
Las respuestas empezarán a llegar con el aterrizaje de Alexandra Falla Zerrate en el Ministerio TIC y de Claudia Benavides Salazar en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, las carteras con mayor responsabilidad directa sobre esta agenda.
También habrá que observar hasta qué punto ministerios como los de Hacienda, Educación, Comercio y Agricultura, junto con la Presidencia y las demás entidades, entienden la tecnología como una agenda sectorial propia o como una herramienta al servicio de sus políticas, y si la Alta Consejería de Transformación Digital sobrevive o desaparece.
Impacto TIC seguirá durante este cuatrienio ese aterrizaje y abrirá espacios para impulsar una conversación nacional alrededor de la agenda digital que Colombia necesita para los próximos 4 años. Ya sabemos que en la Patria Milagro sí habrá tecnología. Veremos qué tan lejos piensa apostar por ella el nuevo Gobierno.






